Muere Harald V, rey de Noruega, a los 89 años
El monarca que transformó la casa real noruega deja paso al príncipe Haakon tras más de tres décadas de reinado

Harald V / Handout
Harald V, rey de Noruega desde 1991 y uno de los monarcas más longevos de Europa, ha fallecido este viernes 28 de agosto en Oslo a los 89 años. La Casa Real noruega pierde así a una de sus figuras más relevantes de las últimas décadas, un soberano que se mantuvo en el trono durante 35 años y que se convirtió en un símbolo de estabilidad para el país nórdico.
En los últimos meses, su estado de salud se había deteriorado notablemente a causa de una anemia hemolítica y de varias complicaciones médicas derivadas de ella. Según han informado medios como EL PAÍS, el monarca sufrió finalmente una infección bacteriana en la sangre tras varias hospitalizaciones recientes. Tras su fallecimiento, el heredero al trono, el príncipe Haakon, de 53 años, asumirá la Corona como Haakon VIII.
La muerte de Harald V supone además el final de una etapa histórica para Noruega. Nacido en 1937, fue el primer príncipe noruego en nacer en territorio nacional en varios siglos y vivió algunos de los momentos más importantes de la historia contemporánea del país. Durante su reinado impulsó una imagen más cercana y moderna de la monarquía, manteniendo siempre elevados niveles de popularidad entre los ciudadanos. También será recordado por su sonada historia de amor con Sonia Haraldsen, una ciudadana sin origen aristocrático con la que luchó durante años para poder casarse.
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Un reinado de 35 años marcado por la estabilidad
Harald V accedió al trono el 17 de enero de 1991 tras la muerte de su padre, el rey Olav V. Desde entonces desempeñó un papel fundamental como jefe del Estado en una de las democracias más consolidadas de Europa.
Aunque la monarquía noruega tiene funciones principalmente representativas, Harald consiguió convertirse en una figura de consenso en una sociedad caracterizada por su exigencia hacia las instituciones públicas. Durante décadas encabezó los estudios de popularidad realizados en el país y fue considerado uno de los miembros más respetados de las monarquías europeas.
Su reinado coincidió con importantes transformaciones sociales y tecnológicas, pero también con momentos de especial dificultad para Noruega, como los atentados de 2011 perpetrados por el ultraderechista Anders Breivik. Su discurso llamando a la unidad nacional tras aquella tragedia fue ampliamente reconocido dentro y fuera del país.
El príncipe que desafió las normas por amor
Uno de los episodios más conocidos de su biografía ocurrió mucho antes de convertirse en rey. A finales de los años cincuenta, Harald conoció a Sonia Haraldsen, hija de un empresario textil y alejada del entorno aristocrático. La relación no fue bien recibida inicialmente por la familia real, ya que las normas de la época dificultaban que un heredero al trono contrajera matrimonio con una persona sin sangre noble.
Sin embargo, Harald mantuvo firme su postura durante casi una década. Según relatan numerosas biografías y documentos históricos, llegó a plantear la posibilidad de renunciar a sus derechos sucesorios si no le permitían casarse con ella. Finalmente obtuvo el visto bueno familiar y la boda se celebró el 29 de agosto de 1968.
Con el tiempo, aquella decisión acabó siendo vista como uno de los primeros pasos hacia la modernización de la monarquía noruega.
El legado de Harald V
Más allá de su papel institucional, Harald V deja una huella difícil de igualar en la historia reciente de Noruega. Fue el primer rey noruego nacido en su país desde la Edad Media, compitió en vela a nivel internacional, defendió una monarquía adaptada a los tiempos modernos y protagonizó una de las historias de amor más conocidas de la realeza europea.
Para varias generaciones de noruegos fue mucho más que un jefe de Estado. Representó continuidad, estabilidad y cercanía en una sociedad que suele situarse entre las más avanzadas y democráticas del mundo.
Con su muerte desaparece uno de los últimos grandes monarcas de una generación que marcó la política y la vida pública europea durante décadas. Ahora, Noruega mira hacia el futuro bajo el reinado de Haakon VIII, mientras despide a un rey que logró mantener el respeto y el cariño de buena parte de sus ciudadanos hasta el final de sus días.













