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Tragedia en Nepal: cómo un glaciar provocó una devastadora riada

Lo que inicialmente parecía un terremotofue en realidad la señal sísmica provocada por el colapso de una enorme masa de hielo y roca.

Nepal vive estos días una situación dramática. / Boy_Anupong

Lo ocurrido en Nepal en las últimas horas parece, a primera vista, el tipo de catástrofe que asociamos a un terremoto: una sacudida registrada por los sismógrafos, una avalancha de tierra y rocas y, después, pueblos enteros arrasados. Pero la ciencia ha reconstruido una historia bastante más compleja. Y también más inquietante.

La tragedia comenzó el miércoles 26 de agosto en la región del Himalaya situada entre Nepal y el Tíbet, cuando una enorme masa de hielo se desprendió de un glaciar situado a unos 5.200 metros de altitud, en las proximidades del monte Langtang Lirung. El bloque cayó unos 1.200 metros hasta el fondo del valle, arrastrando hielo, roca, nieve, sedimentos y agua. Al llegar al río Lhende, toda esa masa se transformó en una gigantesca corriente de barro y escombros que avanzó valle abajo.

La dimensión de la tragedia sigue aumentando a medida que los equipos de rescate consiguen acceder a las zonas afectadas. Este jueves las autoridades contabilizaban ya más de 350 muertos entre Nepal y Tíbet y alrededor de 1.400 desaparecidos. La cifra puede seguir creciendo porque muchas carreteras y puentes han quedado destruidos y hay comunidades que continúan aisladas. Pero hay un detalle especialmente llamativo: no fue un terremoto.

Nepal se encuentra sobre una de las zonas tectónicas más activas del planeta y los terremotos son habituales

Durante las primeras horas, los instrumentos sísmicos detectaron una señal que fue interpretada como un terremoto de magnitud 4,4. Era una explicación razonable: Nepal se encuentra sobre una de las zonas tectónicas más activas del planeta y los terremotos son habituales en el Himalaya.

Sin embargo, el análisis posterior de las ondas sísmicas y de las imágenes tomadas por satélite permitió reconstruir otra secuencia. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) determinó que no había existido un terremoto tectónico. La señal correspondía al propio colapso del glaciar y al gigantesco flujo de hielo, rocas y sedimentos que se produjo después. La magnitud de ese evento sísmico fue recalculada en 5,2. Es decir, la montaña tembló porque una enorme cantidad de material se desprendió y cayó, no porque las placas tectónicas se hubieran movido.

Esto puede parecer una diferencia menor, pero es fundamental para entender lo ocurrido. Un terremoto habría sido la causa inicial de la avalancha. En Nepal sucedió exactamente al revés: el desprendimiento fue el fenómeno inicial y el temblor fue una consecuencia.

En el descenso se incorporaron roca, nieve, agua y sedimentos

El mecanismo se entiende mejor imaginando una gigantesca bola de nieve cayendo por una pendiente, aunque a una escala monstruosamente superior. Al desprenderse la parte inferior del glaciar, toneladas de hielo comenzaron a caer por una ladera casi vertical. En su descenso incorporaron roca, nieve, agua y sedimentos. Cuando ese material alcanzó el cauce del río, el agua dejó de comportarse como una corriente normal y pasó a formar parte de un flujo de escombros extremadamente denso y destructivo.

Las características de los valles tibetanos han agravado la catástrofe. / Haitong Yu

Y aquí aparece una de las claves de la tragedia: no hacía falta que estuviera lloviendo para que se produjera una inundación de semejante magnitud. El agua procedía en buena medida del propio sistema glaciar y de la masa de hielo y sedimentos movilizada durante el colapso. El resultado fue una riada súbita que avanzó por el sistema fluvial del Lhende, el Bhote Koshi y posteriormente el Trishuli. En algunos puntos, el nivel del agua llegó a aumentar hasta unos nueve metros en apenas media hora.

El papel del cambio climático

Lo ocurrido no puede atribuirse automáticamente al cambio climático. Sería científicamente incorrecto decir que el calentamiento global "provocó" directamente el desprendimiento de este glaciar. Todavía hay preguntas abiertas sobre el mecanismo exacto que hizo que esa masa de hielo se desprendiera en ese momento concreto.

Pero eso no significa que el clima no tenga nada que ver. Los glaciares del Himalaya están retrocediendo rápidamente como consecuencia del calentamiento global. Nepal ha perdido aproximadamente un tercio de su hielo glaciar en las últimas tres décadas y el ritmo de pérdida se ha acelerado. Al mismo tiempo, el calentamiento afecta al permafrost, el suelo y la roca que permanecen congelados durante largos periodos en las zonas de alta montaña. Cuando ese hielo desaparece, las pendientes pueden volverse más inestables.

Un sistema complejo

Hay, por tanto, una paradoja. El hielo puede parecer un elemento que estabiliza una montaña, pero también forma parte de un complejo sistema que mantiene unidos determinados terrenos. Cuando el clima se calienta, los glaciares adelgazan y retroceden, cambia la distribución del agua y pueden descongelarse zonas que durante siglos habían permanecido congeladas.

El resultado es que aumenta el riesgo de que coincidan varios fenómenos: desprendimientos de roca, avalanchas de hielo, deslizamientos de tierra, lagos glaciares e inundaciones repentinas. Eso es precisamente lo que los científicos denominan un evento en cascada: un fenómeno desencadena otro y este, a su vez, desencadena un tercero.

En Nepal, el primer eslabón habría sido el colapso glaciar. Después llegó la avalancha de hielo y roca. A continuación, el flujo de agua y sedimentos. Finalmente, la inundación arrasó carreteras, puentes, viviendas e instalaciones hidroeléctricas a decenas de kilómetros del punto de origen.

Hay otra consecuencia especialmente peligrosa. Los materiales desplazados han bloqueado parcialmente algunos cursos de agua y han creado una especie de embalse natural. Si esa barrera se rompe de manera repentina, podría producirse una segunda inundación aguas abajo. Por eso las autoridades siguen vigilando la zona y han advertido del riesgo de nuevas riadas.

La tragedia de Nepal muestra así una de las características más preocupantes del calentamiento global en las grandes cordilleras. No se trata simplemente de que haya «menos hielo». El problema es que el hielo que desaparece puede modificar físicamente las montañas. Y cuanto más se calienta el planeta, más rápido cambian estos paisajes.

La zona del Himalaya es especialmente vulnerable porque combina enormes masas de hielo, pendientes extremadamente pronunciadas, valles estrechos y una población que vive y se desplaza siguiendo los mismos corredores por los que discurren los ríos. Una avalancha que en una zona remota podría tener consecuencias limitadas puede convertirse allí, en cuestión de minutos, en una catástrofe a gran escala.