Deforestación y aceite de palma: la tragedia de Borneo de la que casi nadie habla

Los incendios que están arrasando la isla vuelven a poner en peligro a los orangutanes y dejan al descubierto un problema que lleva décadas transformando uno de los grandes bosques tropicales del planeta.

Un orangután de Borneo. / fluffandshutter

La imagen ha circulado estos días por las redes sociales: un orangután de unos 20 años deambula, visiblemente debilitado, en una plantación de aceite de palma cerca de Ketapang, en la provincia indonesia de Kalimantan Occidental. Lo bautizaron como Sampurna y presentaba graves problemas respiratorios provocados por el humo. Sampurna necesitó oxígeno y líquidos intravenosos para recuperarse. Su caso no es aislado: al menos siete orangutanes han tenido que ser atendidos este año por los equipos de rescate.

Los incendios vuelven cada año a Borneo, pero detrás de las llamas hay un problema mucho más antiguo. Entre 1973 y 2015, la isla perdió unos 18,7 millones de hectáreas de bosque primario, según una investigación publicada en Scientific Reports. Durante ese mismo periodo, las plantaciones industriales se expandieron en 9,1 millones de hectáreas, de las que 7,8 millones correspondían a un ingrediente presente en muchos de los productos que encontramos en el supermercado a este lado del planeta: el aceite de palma.

El bosque convertido en plantación

El aceite de palma se obtiene del fruto de la palma aceitera, una especie tropical que hoy se cultiva a gran escala sobre todo en Indonesia y Malasia. Está presente en una enorme cantidad de productos: alimentos procesados, bollería, chocolates, cosméticos, detergentes o biocombustibles. Una de las razones de su éxito es que la palma produce mucho más aceite por hectárea que otros cultivos, lo que permite obtener grandes cantidades en superficies relativamente pequeñas.

Plantaciones de Palma en Indonesia. / Nora Carol Photography

Borneo reúne además unas condiciones especialmente favorables para este cultivo: calor, humedad y grandes extensiones de terreno. Indonesia se ha convertido en el principal productor mundial de aceite de palma y las plantaciones se han extendido especialmente por las islas de Sumatra y Borneo. El problema llega cuando esa expansión implica eliminar bosque natural para convertirlo en terreno agrícola.

No todas las plantaciones tienen el mismo impacto ni el aceite de palma es necesariamente el origen de todos los incendios. Pero cuando el bosque natural es sustituido por grandes superficies de cultivo homogéneas, el paisaje cambia por completo. Aunque desde lejos siga pareciendo una zona verde, una plantación de palma aceitera no ofrece la misma variedad de árboles, alimentos y refugios que un bosque tropical intacto.

Para los orangutanes de Borneo, la diferencia es especialmente importante. La especie está catalogada como en peligro crítico de extinción y su supervivencia está estrechamente ligada a la conservación del bosque natural. La pérdida y fragmentación del hábitat, junto con la expansión de la agricultura industrial y los conflictos con los humanos, han provocado un fuerte declive de sus poblaciones.

Un suelo cada vez más vulnerable

Pero hay otro elemento que convierte a Borneo en un territorio especialmente vulnerable al fuego: las turberas. Grandes extensiones de la isla están formadas por suelos ricos en materia orgánica que almacenan enormes cantidades de carbono. Cuando estos terrenos se drenan para desarrollar actividades agrícolas, se secan y pueden arder con mucha más facilidad.

Además, los incendios de turba no se comportan como un fuego convencional. Pueden arder bajo tierra durante meses, incluso cuando aparentemente las llamas han desaparecido de la superficie. Esto dificulta enormemente su extinción y provoca que vuelvan a aparecer nuevos focos. La quema libera además grandes cantidades de dióxido de carbono y partículas contaminantes.

Sólo en julio ardieron cerca de 95.000 hectáreas en Indonesia

Los incendios de 2026 están mostrando de nuevo la magnitud del problema. Indonesia ha registrado más de 202.000 hectáreas quemadas entre enero y julio, mientras que en julio se alcanzaron cerca de 95.000 hectáreas, prácticamente el doble de la superficie afectada durante los seis meses anteriores juntos. Las autoridades atribuyen parte de los incendios a la apertura deliberada de terrenos para actividades agrícolas y económicas.

El impacto tampoco termina cuando se apaga el fuego. La destrucción del bosque deja a los orangutanes sin alimento ni refugio, y puede obligarlos a acercarse a zonas habitadas o plantaciones en busca de recursos. Es entonces cuando aumentan los conflictos con las personas y el riesgo de que los animales sean heridos, capturados o mueran.

El problema tampoco afecta únicamente a la fauna. El humo de los incendios ha provocado problemas de calidad del aire en diferentes zonas de Indonesia y Malasia, hasta el punto de que algunos centros educativos han tenido que trasladar su actividad a internet. Solo entre julio y agosto se registraron más de 50.000 casos de infecciones respiratorias agudas en siete provincias indonesias.

Borneo conserva todavía algunos de los bosques tropicales más importantes del planeta, pero cada hectárea perdida hace más difícil mantenerlos conectados y funcionales. Los rescates de orangutanes como Sampurna permiten salvar individuos concretos, pero la solución está en el bosque: evitar su destrucción, restaurar las zonas degradadas y conseguir que la producción de aceite de palma no dependa de seguir eliminando hábitats naturales.