Cuando David Bowie inventó el single digital y nadie fue capaz de reconocerlo
Hace 30 años, 'Telling lies' anticipó la manera en que terminaríamos escuchando música
David Bowie, en concierto en el Madison Square Garden de New York, en enero de 1996. (Photo by David Corio/Michael Ochs Archives/Getty Images) / David Corio
Tres David Bowie estaban conectados a internet y únicamente uno era David Bowie. Los otros dos mentían. El verdadero contestaba sinceramente las preguntas de los aficionados, que después debían decidir quién se escondía detrás de cada identidad. Preguntaron qué llevaba en la cartera, qué música escuchaba o por qué había organizado unos conciertos recientes; cuando llegó el momento de votar, ocurrió algo deliciosamente apropiado para un artista que había pasado su carrera cambiando de personaje: el auténtico David Bowie quedó último. Aquella extraña conferencia digital precedió el 11 de septiembre de 1996 al lanzamiento de “Telling lies”, considerado el primer single de un gran artista y una multinacional discográfica distribuido inicialmente a través de internet. Treinta años después, lo extraordinario no es solamente que Bowie se adelantara al futuro; es que convirtió el futuro en una broma sobre su propia identidad.
Internet todavía era entonces un lugar bastante incómodo para escuchar música. Spotify no aparecería hasta doce años después; Napster tardaría casi tres y YouTube, nueve. La mayoría de los usuarios domésticos entraban en la red mediante módems telefónicos de 28,8 o 33,6 kbps, con aquella inolvidable sinfonía de chirridos electrónicos que precedía a una navegación desesperadamente lenta. Descargar una canción completa podía exigir una paciencia considerable.
Bowie, sin embargo, llevaba tiempo observando las posibilidades de la tecnología. Le interesaba internet no únicamente como escaparate promocional, sino como un espacio en el que artista y público podían relacionarse de otra manera. Había experimentado con encuentros digitales durante la gira de Outside y decidió llevar la idea bastante más lejos cuando preparaba el material que terminaría formando parte de Earthling. “Telling lies”, grabada en Nueva York, mezclaba rock con los ritmos electrónicos, jungle y drum and bass que lo fascinaban en aquellos años. Antes incluso de que el álbum estuviera terminado, Bowie y Virgin Records decidieron que la canción viviría primero en la red.
No habría que imaginar, sin embargo, una descarga como las que llegaron después. El usuario podía escuchar “Telling lies” mediante RealAudio o Shockwave y también descargar un archivo estéreo anunciado como de calidad CD. El 11 de septiembre apareció la primera versión; otras dos mezclas se publicarían en las semanas siguientes, entre ellas trabajos relacionados con A Guy Called Gerald y Adam F. La canción no estaba inicialmente disponible en las tiendas ni había sido distribuida a las emisoras de radio norteamericanas. Había que ir a buscarla a internet.
Para anunciar semejante experimento, Bowie preparó aquella conferencia en CompuServe desde una localización secreta de Nueva York. A su lado estaban Reeves Gabrels, guitarrista y colaborador habitual, y Patrick Briggs, cantante de Psychotica. Los tres aparecían disfrazados o silueteados como David Bowie número 1, número 2 y número 3. Los aficionados lanzaban preguntas; Bowie debía decir la verdad y sus dos cómplices podían inventarse las respuestas.
Cuando alguien preguntó qué llevaban en la cartera, el Bowie verdadero respondió que, por ser inglés, ni siquiera llevaba cartera, únicamente la llave de la habitación. Otro aseguró llevar una American Express Platinum, tres preservativos y 200 dólares; el tercero, pasaporte, permiso de conducir y nada de dinero. Había que escoger.
Telling Lies (2021 Remaster)
Los seguidores escogieron mal. Patrick Briggs terminó primero, Gabrels segundo y David Bowie, tercero en un concurso para averiguar quién era David Bowie. El propio juego parecía diseñado por alguien que había sido Ziggy Stardust, Aladdin Sane y el Thin White Duke. Cuando finalmente encendieron las luces y revelaron las identidades, Bowie continuó respondiendo preguntas. Un aficionado quiso conocer el secreto de su longevidad en un negocio que consumía rápidamente a sus artistas. Su receta fue magníficamente poco científica: voluntad fuerte y unos buenos calcetines.
Mientras todos se divertían, estaba ocurriendo algo bastante más serio. En las primeras horas hubo unas 5.000 descargas y la web empezó a recibir un tráfico extraordinario para 1996. La comunicación oficial de Bowie contabilizó más de 46.000 descargas durante los primeros cuatro días. Su biografía oficial cifra posteriormente en más de 300.000 las realizadas antes de que la canción llegara al mercado convencional. “Telling lies” acabaría publicándose físicamente y aparecería en Earthling en febrero de 1997, pero para entonces el experimento ya había demostrado que una canción podía llegar directamente del artista al ordenador del oyente sin pasar primero por una tienda.
Conviene matizar la condición de “primera”, porque la historia digital siempre encuentra algún precursor. Otros músicos habían distribuido canciones por redes informáticas y artistas independientes habían explorado esas posibilidades anteriormente. La particularidad histórica de “Telling lies” fue convertirse en el primer single de un artista de primera línea respaldado por una gran compañía discográfica que se lanzó de esta manera, una operación que Virgin presentó entonces como inédita.
Y Bowie no abandonaría el asunto. En 1998 puso en marcha BowieNet, su propio proveedor y comunidad de internet, ofreciendo a sus seguidores correo electrónico, contenidos exclusivos y acceso directo a un universo digital construido alrededor del artista. Mucho antes de que las redes sociales convirtieran la relación permanente entre músicos y seguidores en rutina, él ya intuía hacia dónde podía dirigirse todo aquello.
Lo interesante es que Bowie tampoco contemplaba la tecnología con la ingenuidad de quien cree haber encontrado una máquina maravillosa. Le interesaban sus posibilidades, pero también la transformación cultural que estaba provocando. Internet alteraría la propiedad, la distribución y el valor de la música de una manera que la industria tardaría años en comprender.
El 11 de septiembre de 1996 todavía faltaban Napster, iTunes, Spotify, YouTube y el teléfono en el que hoy podemos llevar millones de canciones. Para escuchar “Telling lies” había que conectarse lentamente, encontrar la página, probablemente esperar y confiar en que el módem no decidiera arruinarlo todo. David Bowie estaba allí, al otro lado. Aunque, como descubrieron sus propios seguidores aquella noche, reconocerlo seguía siendo bastante más difícil que encontrarlo.
