Crítica de 'Bass Persuades': Miley ya no persigue éxitos, sino la eternidad, y su nuevo álbum es la prueba
Cyrus convierte el amor en arte en el disco más sofisticado de su carrera

Miley Cyrus
No recuerdo un momento de mi vida en el que Miley no estuviera presente. La descubrí con apenas seis años cuando apareció en la pantalla como Hannah Montana y, desde entonces, ha sido una constante entre todas las etapas que han venido después. Mientras otros artistas entraban y salían de mis listas de reproducción, ella permanecía. Estuvo en mis primeros acercamientos al pop, en mis años descubriendo el rock, cuando empecé a interesarme por propuestas más alternativas y también cuando entendí que la buena música no siempre necesita ser deslumbrante a la primera escucha para ser memorable. De alguna forma, parte de mi educación musical está ligada a Miley. Ella ha creado y yo he escuchado y disfrutado prácticamente desde que tengo uso de razón.
Por eso me resulta imposible acercarme a Bass Persuades como si fuera simplemente otro lanzamiento dentro de una industria musical cargada cada semana de novedades. En el caso de Miley, siento cada disco como una nueva conversación con una artista a la que he visto crecer durante casi dos décadas. Y quizá por eso también pude ver la belleza donde otros no la encontraron cuando publicó Something Beautiful. Aquel trabajo no era un disco pensado para gustar a todo el mundo. Era una búsqueda. Una exploración creativa de alguien que comenzaba a dejar atrás la necesidad de agradar a todo el mundo para centrarse en aquello que realmente quería expresar. Después de escuchar Bass Persuades, esa sensación queda completamente confirmada.
Tuve la oportunidad de escuchar el álbum dos días antes de la listening party celebrada en Madrid. No sé si es casualidad o simple suerte, pero con la música de Miley siempre acabo llegando un poco antes de tiempo. Una vez más, sus nuevas canciones se cruzaron en mi camino antes de que lo hicieran con el resto del mundo. En realidad, escucharlas rodeada de cientos de fans en el Say No More at Nomade Temple me ayudó a comprender mejor que las intenciones detrás de este proyecto se habían logrado. El espacio parecía diseñado específicamente para este disco: oscuro, elegante, misterioso, simplemente perfecto par disfrutar de su décimo álbum de estudio. Un lugar donde las luces convivían con las sombras y donde cada canción parecía adquirir una nueva dimensión.
LOS40
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Fue allí donde confirmé algo que ya había intuido al ver los avances de su nueva era. Bass Persuades no pretende generar un fenómeno instantáneo ni alcanzar el número uno en las listas en la primera semana. Lo que propone Miley va mucho más allá. Su intención ha sido construir un trabajo con personalidad, que encuentra espacio tanto para la euforia de la pista de baile como para la emoción de sus baladas, dos territorios en los que Miley se mueve con una soltura cada vez mayor. Ha querido hacer música porque ama crear música.
Resulta difícil no relacionar esa intención con una de las decisiones más simbólicas de esta nueva etapa: abandonar públicamente el apellido Cyrus y presentarse simplemente como Miley. No parece un rechazo a su historia ni a su familia. Al contrario. Da la sensación de que, después de tantos años interpretando distintos papeles dentro de la industria, ha decidido quedarse únicamente con aquello que realmente importa. Miley sabe perfectamente quién es y quiere que el mundo la recuerde como tal. Y eso se escucha en cada rincón de Bass Persuades.
Bass Persuades: el inicio de una nueva identidad
No es casualidad que Miley eligiera Bass Persuades para abrir el disco y presentar esta nueva etapa. La canción establece desde el primer segundo la atmósfera que dominará buena parte del álbum: sintetizadores oscuros, un ritmo insistente y una sensación constante de movimiento que invita a dejarse llevar más que a cantar a pleno pulmón. Lejos de sonar agresiva o excesiva, resulta sofisticada. Hay sensualidad, hay ritmo y hay un control admirable de cada elemento de la producción.
Durante la escucha en Madrid fue imposible no notar cómo la sala conectaba inmediatamente con su pulsación nocturna. Es una canción hecha para espacios con poca luz, para perder la noción del tiempo y dejar que el bajo marque el camino.
Sin embargo, también deja una sensación curiosa. Construye una tensión enorme durante sus estrofas y promete una explosión que nunca termina de llegar completamente. El estribillo apuesta por la contención en lugar del impacto inmediato y eso puede jugar a favor o en contra dependiendo de lo que espere cada oyente. Personalmente, funciona más como una declaración estética que como un himno incontestable. No alcanza las alturas de algunos de sus grandes sencillos, aunque recuerda a diferentes trabajos anteriores. Eso sí, define perfectamente quién es la Miley de 2026: una artista interesada en crear atmósferas.
Different Religion (feat. Model/Actriz): el lado más oscuro de Miley
Si Bass Persuades abre la puerta, Different Religion es el momento en que el álbum revela verdaderamente sus intenciones. La oscuridad aumenta, las guitarras ganan presencia y la colaboración con Model/Actriz aporta una tensión que convierte la canción en una experiencia casi cinematográfica.
La energía recuerda por momentos al espíritu de Plastic Hearts, aunque filtrado por una sensibilidad mucho más madura. Hay sonidos agresivos, atmósferas tensas y una sensación constante de movimiento, como si la canción estuviera avanzando por una autopista iluminada únicamente por neones.
La participación de Model/Actriz resulta fundamental para construir esa atmósfera oscura e hipnótica. La combinación de ambas voces aporta un contraste fascinante y convierte la canción en uno de los ejercicios más arriesgados del disco. Miley suena cómoda en un terreno donde el rock alternativo, la electrónica y la música de club terminan mezclándose de forma sorprendentemente natural.
Let's Get Married: el corazón del disco
Si tuviera que señalar una canción que resume el estado emocional en el que parece encontrarse Miley actualmente, probablemente sería Let's Get Married.
La primera sensación que produce es de calidez. Después de la oscuridad de los cortes anteriores aparece una composición luminosa, elegante y profundamente romántica que parece sacada de otra época. Seguramente es la canción con la que se va a quedar el gran público, el legado de este disco. Por lo que no va a ser ninguna sorpresa que este sea el track que coseche más números del disco.
Tras la oscuridad de las canciones anteriores, este es el primer tema del disco que rompe por completo con la idea que muchos podían haberse hecho de Bass Persuades. Seguramente el tema con las letras más personales, ya que se trata de su historia de amor actual con Maxx Morando.
Lo que más me interesa de la canción es que no transmite una visión idealizada del amor adolescente. Habla desde la tranquilidad de alguien que parece haber encontrado una estabilidad emocional. Algo que ya se merecía la cantante tras su fugaz matrimonio con Liam Hemsworth. Por momentos incluso da la sensación de estar escuchando a una artista que ya no canta para buscar algo, sino para celebrar lo que ha encontrado.
Escuchándola resulta inevitable pensar que estamos ante una artista profundamente enamorada y que daría todo por un día más en su vida actual.
Orbit: una balada suspendida en el tiempo
En un disco donde abundan las influencias dance y los bajos potentes, Orbit aparece como una pausa necesaria y sigue la calma con la que te deja el tema anterior. El piano ocupa el centro de la escena y Miley se permite algo cada vez más difícil en el pop actual: bajar el ritmo sin perder la atención del oyente. Su voz es la gran protagonista en una letra que habla de esas personas que se convierten en un punto de apoyo cuando todo alrededor parece moverse demasiado deprisa.
La canción transmite la sensación de haber encontrado a alguien capaz de devolverte la calma y ayudarte a mantener los pies en la tierra incluso en los momentos más inciertos. Es una reflexión delicada sobre el amor entendido como refugio, como ese lugar seguro al que siempre se puede volver.
La canción es uno de los momentos más delicados del disco y recuerda a esas grandes baladas cinematográficas que parecen escritas para acompañar un momento decisivo. Su interpretación vocal es especialmente delicada y logra transmitir fragilidad sin caer en el dramatismo. Hay algo en ella que conecta directamente con la emocionalidad de canciones como Stay, aunque desde una madurez completamente distinta.
Aftermath: cuando la pista de baile vuelve a encenderse
Tras la calma llega la explosión. La canción juega inteligentemente con las expectativas. Al inicio comienza siendo un tema muy delicado y poco a poco va incorporando capas hasta desembocar en una explosión dance construida sobre una producción impecable. Es probablemente una de las canciones que mejor funcionarán en directo. Durante la listening party se desmostró que tenía algo especial, te llevaba de la calma a la fiesta en cuestión de segundos.
Desde la primera escucha se convirtió en una de mis favoritas y tiene todos los ingredientes para transformarse en un momento icónico si Miley decide volver a realizar una gira mundial.
REDLIGHTS: nostalgia sin caer en la nostalgia
REDLIGHTS posee una de las melodías más adictivas del disco. Hay ecos del pop disco clásico, pero la canción nunca suena a homenaje al uso. Miley consigue apropiarse de las referencias de los 70 para construir algo contemporáneo y personal. Es una de esas canciones que parecen haber existido siempre y vuelve a hacerte bailar por unos minutos.
Bajo su envoltorio luminoso y disco, REDLIGHTS es una canción sobre atreverse a seguir adelante. Miley utiliza la imagen de las luces rojas para hablar de todos esos momentos en los que la vida parece pedirte que te detengas, pero el corazón te empuja a continuar. Es una celebración de la intuición, de la confianza en uno mismo y de la felicidad que llega cuando dejas de vivir según las expectativas de los demás.
Neon Signs (feat. Andrew Wyatt of Miike Snow)
Neon Signs es seguramente una de las canciones que más dividida me deja. La colaboración con Andrew Wyatt funciona bien y la atmósfera inicial resulta muy atractiva, aporta un nuevo color al álbum. La canción se mueve entre el indie pop y el rock alternativo, construyendo una atmósfera nocturna que encaja perfectamente en el universo sonoro del proyecto. Las voces se complementan con naturalidad y convierten a Neon Signs en uno de los momentos más interesantes y sutiles del disco.
Sin embargo, la canción parece quedarse siempre a medio camino. Las ideas son interesantes, pero nunca terminan de desarrollarse completamente.
En Neon Signs, Miley y Andrew Wyatt reflexionan sobre esas relaciones que parecen destinadas a encontrarse una y otra vez, incluso cuando la vida insiste en separarlas. La canción habla de las dudas, los caminos que se cruzan y la sensación de que algunas personas dejan señales imposibles de ignorar, como luces de neón brillando en mitad de la noche. Es una historia sobre la conexión, el destino y la dificultad de alejarse de alguien que sigue ocupando un lugar importante en tu vida.
Innocent Ways: el rugido de una artista plenamente dueña de sí misma
La reacción del público durante la escucha fue inmediata. En cuanto sonó Innocent Ways la energía de la sala cambió por completo. Y tiene sentido. De todas las anteriores, es que la canción que más te pone a bailar tras Bass Persuades.
El tema está construido como una reflexión sobre la relación con su hermana. Miley la observa con la mezcla de admiración, preocupación y ternura que solo existe entre dos personas que han crecido juntas y se conocen incluso en sus momentos más vulnerables.
A lo largo de la letra aparecen llamadas de madrugada, crisis personales, errores cometidos con el paso del tiempo y la sensación de querer proteger a alguien a quien ya no se puede proteger del todo, pero que no le quieres quitar el ojo.
Miley se ve reflejada en Noah, en su rebeldía, en sus decisiones, y, aunque quiere avisarla de que "la elegancia llega con la edad", sabe que tiene que vivirlo ella sola.
Lo interesante es que la artista estadounidense no escribe desde una posición de superioridad. No habla de una hermana a la que deba rescatar, sino de alguien en quien también se reconoce. Cuando canta que se parecen incluso al llorar o cuando recuerda discusiones, la canción adquiere una dimensión mucho más humana.
En realidad, no habla solo de la relación entre hermanas, sino del vértigo de hacerse adulta y aceptar que nadie puede permanecer para siempre en esa etapa de inocencia que idealizamos con los años.
Snow: la despedida perfecta
Después de un disco que oscila constantemente entre la euforia de la pista de baile, la intensidad emocional y la experimentación sonora, Snow llega como un refugio. Es la canción que baja las pulsaciones sin perder profundidad y la encargada de ir cerrando el viaje sonoro desde la intimidad más absoluta.
Snow es una balada delicada y profundamente emocional en la que la artista deja a un lado cualquier artificio para compartir uno de los momentos más importantes de su vida: la petición de matrimonio que vivió en Kioto.
Lejos de presentarlo como un gran cuento de hadas, la canción transmite algo mucho más reconocible y humano. Desde el principio deja entrever que sabía lo que estaba a punto de ocurrir. Esa intuición que aparece cuando conoces tan bien a una persona que ciertas sorpresas dejan de ser completamente inesperadas es uno de los aspectos más bonitos de la letra.
Y precisamente ahí reside gran parte de su fuerza. Miley no canta desde el asombro, sino desde la certeza. A lo largo de la canción da la sensación de que llevaba tiempo imaginando ese momento y, en el fondo, deseándolo. Es una sensación con la que muchas personas pueden sentirse identificadas: saber que algo importante está a punto de cambiar tu vida y esperar con ilusión a que finalmente suceda.
No hay nerviosismo ni dudas, sino la tranquilidad de quien reconoce que está exactamente donde quiere estar. Por eso, más que una canción sobre una pedida de mano, Snow termina convirtiéndose en una reflexión sobre la seguridad emocional y sobre la felicidad de encontrar a alguien con quien construir el futuro.
Bass Persuades Remix
Después de recorrer todas las emociones del álbum, Miley decide cerrar el viaje regresando al mismo lugar donde comenzó. Bass Persuades Remix recupera la energía oscura y bailable de la canción que abre el disco, pero desde una perspectiva más orientada a la pista de baile. La presencia de Model/Actriz vuelve a reforzar ese universo de neones, bajos contundentes y atmósferas nocturnas que ha servido de hilo conductor durante todo el proyecto.
Más que una simple versión alternativa, el remix funciona como un epílogo. Cuando Snow deja al oyente en un estado de calma y vulnerabilidad, Bass Persuades Remix aparece para recordar que este álbum también ha sido una celebración del movimiento, la libertad y el placer de perderse en la música. Es una forma inteligente de cerrar el disco por todo lo alto: donde otros habrían optado por terminar en silencio, Miley prefiere despedirse invitándonos a una última ronda de baile.
Al terminar Bass Persuades queda una sensación muy concreta. Miley ya no parece interesada en perseguir el éxito inmediato. Después de haber sido estrella Disney, superestrella pop, icono generacional y una de las artistas más imprevisibles de la música contemporánea, ha alcanzado un punto de su carrera en el que la única prioridad parece ser crear aquello que realmente quiere crear. Por eso este álbum no suena como una reinvención. Suena como una llegada. Como el disco de una artista que ha dejado de mirar las listas para empezar a mirar hacia algo mucho más ambicioso: el legado.













