Cuando Queen reunió a 150.000 personas gratis en Hyde Park y la policía amenazó con detener a Freddie Mercury
Hace 50 años, el grupo celebró su conquista del público británico con un concierto monumental que terminó sin bis por orden policial

Freddie Mercury, en concierto con Queen en 1976.
Freddie Mercury había preparado un final bastante más apropiado para una noche semejante. Queen debía regresar al escenario de Hyde Park, atacar sus habituales bises de rock and roll y despedirse de una multitud que llevaba horas esperando aquel momento. Pero alguien tenía otros planes: la policía. El concierto se había prolongado más allá del horario permitido y las autoridades comunicaron al grupo que, si volvía a salir, habría detenciones. Freddie, enfundado todavía en sus características mallas blancas, acabó aceptando que pasar la noche en una celda vestido de aquella manera quizá no fuese el desenlace más digno. El 18 de septiembre de 1976, hace ahora 50 años, unas 150.000 personas —algunas estimaciones elevan la cifra hasta 200.000— habían convertido el centro de Londres en territorio de Queen. Y el único capaz de detenerlos aquella noche terminó siendo el reloj.
El grupo llegaba a Hyde Park en un momento decisivo. A night at the opera, publicado en noviembre de 1975, había transformado definitivamente su posición. "Bohemian rhapsody" pasó nueve semanas consecutivas en el número uno británico y demostró que aquella mezcla de rock duro, ópera, teatralidad y una saludable indiferencia hacia la moderación podía conquistar también al gran público. Después de años de crecimiento, Queen ya no aspiraban a convertirse en una banda enorme. Lo estaban consiguiendo.
Había, sin embargo, una pequeña inseguridad. Habían encontrado públicos fervorosos en Japón, Estados Unidos y otros países, pero seguían preguntándose hasta qué punto Gran Bretaña los consideraba realmente suyos. Brian May recordaría años después que aquella incertidumbre hizo especialmente emocionante mirar desde el escenario y descubrir Hyde Park completamente abarrotado. Para Queen fue, según el guitarrista, una especie de regreso a casa.
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La idea del concierto había surgido precisamente como agradecimiento a los seguidores británicos. Durante una estancia en Japón aquel año comenzaron a hablar de ofrecer una actuación gratuita y el proyecto terminó tomando forma con la participación de Richard Branson, entonces joven empresario de Virgin Records y las tiendas Virgin. Hyde Park poseía además una tradición reciente de grandes conciertos gratuitos: Pink Floyd, The Rolling Stones o Blind Faith habían pasado por allí. Queen querían inscribirse en aquella historia, aunque naturalmente pretendían hacerlo a su manera.
Y eso costaba dinero. Una información de la BBC de aquellos días cifró en 50.000 libras la cantidad aportada por Queen para promover el espectáculo. El cartel incluía también a Supercharge, Steve Hillage y Kiki Dee, que atravesaba entonces el enorme éxito de "Don't go breaking my heart" junto a Elton John. La prensa musical británica llevaba días siguiendo los cambios y negociaciones de un programa cuya organización no fue precisamente sencilla.

Queen salieron finalmente cuando la tarde ya comenzaba a convertirse en noche. Mercury saludó a la multitud invitándola a aquel particular "picnic junto al Serpentine" y comenzó un concierto de unos 80 minutos que funcionaba prácticamente como un resumen de todo lo que habían construido hasta entonces.
"Bohemian rhapsody" apareció fragmentada en distintos momentos; tocaron "Ogre battle", "Sweet lady", "White queen", "You're my best friend", "Killer queen", "'39", "The prophet's song", "Stone cold crazy", "Keep yourself alive" y "Liar". Brian May dispuso de su largo territorio guitarrístico en "Brighton rock" y Freddie estrenó al piano "You take my breath away", una canción de A day at the races, el álbum que Queen estaban grabando y que aparecería tres meses después.
La actuación tampoco estuvo libre de problemas. Durante "The prophet's song" falló el sistema de sonido y Mercury tuvo que continuar parte de su improvisación vocal sin la ayuda prevista de los equipos. Pero el verdadero conflicto llegó al final.
"In the lap of the gods... revisited" cerró el repertorio principal. Faltaban los bises. Queen solían regresar entonces con "Now I'm here" y terminar con versiones como "Big spender" y "Jailhouse rock". El problema era que habían comenzado tarde y sobrepasado ampliamente el tiempo asignado. Con semejante cantidad de personas concentradas en Hyde Park, las autoridades estaban especialmente preocupadas por desalojar el recinto antes de que la oscuridad complicara la situación.
La policía fue terminante: no habría bis. Brian May recordaría que el grupo estaba furioso después de haber preparado durante meses aquella actuación. Cuando intentaron discutirlo, llegó la advertencia de que serían detenidos si regresaban al escenario. El presentador Bob Harris recibió entonces una misión poco envidiable: explicar a 150.000 personas que Queen no volverían. El público respondió reclamando al grupo y entonando un irónico "Why are we waiting?". Poco después se cortó la alimentación eléctrica del parque.
Lo curioso es que, salvo aquel encontronazo final, una concentración gigantesca había transcurrido con una tranquilidad notable. La BBC informó de únicamente cuatro detenciones durante nueve horas, con una presencia policial sorprendentemente reducida para semejante multitud.
Hyde Park terminó siendo mucho más importante que un concierto gratuito. Queen comprobaron que podían reunir por sí solos a una masa comparable a la de los grandes acontecimientos del rock británicoy hacerlo justo cuando todavía estaban ascendiendo. A day at the races llegaría en diciembre, "Somebody to love" estaba a punto de aparecer y la siguiente etapa los llevaría definitivamente al territorio de las bandas capaces de llenar grandes recintos por todo el mundo.
Brian May siempre conservó aquella tarde entre los momentos decisivos de Queen. Había asistido como espectador a algunos de los antiguos conciertos gratuitos de Hyde Park; ahora estaba encima del escenario contemplando una extensión humana difícil de abarcar con la mirada. Freddie Mercury no consiguió cantar el último bis. Tampoco hacía demasiada falta. Aquellas 150.000 personas ya habían proporcionado a Queen una respuesta mucho más importante: Londres también se había rendido ante ellos.













