Crónica: La Oreja de Van Gogh recuerda a Madrid por qué son historia viva del pop en un concierto que celebra su legado
Amaia Montero brilló con luz propia en su show del 22 de septiembre en la capital

Amaia Montero en su concierto en Madrid con La Oreja de Van Gogh el 22 de septiembre. / Ricardo Rubio/Europa Press via Getty / Europa Press News
La vuelta de La Oreja de Van Gogh ya no es noticia. Casi un año después de un anuncio que sacudió los cimientos de la industria española, que la banda donostiarra ha vuelto a como siempre fue v ya se ha asumido, y ahora puede continuar su nueva etapa en su lugar preferido: los escenarios. Y, tras tachar varios shows de un cartel que pronto se llenó de sold-outs, han vuelto a Madrid.
No era su primera vez en este tour, sino un regreso de dos noches en la capital que venía de un verano girando por España. El concepto del espectáculo era el mismo que el recinto ya se disfrutó en mayo, y aun así, el público fue llenando el Movistar Arena muy conscientes de que no estaban ante un concierto normal.

Amaia Montero en su concierto en Madrid con La Oreja de Van Gogh el 22 de septiembre. / Ricardo Rubio/Europa Press via Getty / Europa Press News

Amaia Montero en su concierto en Madrid con La Oreja de Van Gogh el 22 de septiembre. / Ricardo Rubio/Europa Press via Getty / Europa Press News
Pero si quedaba algún rezagado que no lo pensara, solo fueron suficientes los primeros acordes de 20 de enero y una Amaia resurgiendo desde el suelo del escenario por arte de magia para que todo se olvidase. Costó encontrar su voz de entre todos los que la corearon, aunque la solista y su particular color se hicieron enseguida un hueco entre los gritos.
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Con Deseos de cosas imposibles, el recital ya había alcanzado el furor suficiente como para que muchos ya estuvieran ante uno de los conciertos más disfrutables de su año. Y Montero ya demostraba estar cómoda moldeando al gusto sus canciones.
Su dominio sobre el escenario era tal que, más allá de alargar ciertas notas presumiendo de vozarrón, también se permitió lanzar un críptico mensaje en medio de una canción. Fue en El Último Vals, que cerraba los primeros tres temazos de la noche, en la que Amaia cambió su letra: "Cuando todo acabe... Y que acabe ya, por favor...", entonó, sin mayor explicación y continuando con la letra conocida después.
"Ya hemos pasado por aquí, ¡pero queremos más!", anunció.
El regalo de Amaia Montero a Madrid
En vista de la euforia de la pista, la artista siguió con sus canciones... hasta que llegó la sorpresa. Tras terminar Nadie como tú, muchos se dieron cuenta de que la siguiente canción era una vieja conocida.
Soñaré volvió al directo después de casi veinticinco años sin cantarse, y Amaia, que lo dio todo en su interpretación, no dudó en decirle al público madrileño que era un regalo que les hacía.
De alguna manera, su fecha en la capital parecía dejar claro que ya está en una nueva etapa. Con un vestido con una gran rosa blanca ―muy similar al que llevó a los Premios Juventud, aunque de otro color―, la cantante pisó el escenario con determinación y seguridad, llegando incluso a bromear con el público: en el turno de La chica del gorro azul, hizo repetir a toda la pista un buen "tururú-tururú" que empastase bien con su interpretación de la misma. No quedó satisfecha hasta que todos pillaron el tono.
Un regreso que sigue mirando al presente
Pero pese a que el público celebrara los hits atemporales que se tocaban desde la banda, de ninguna manera eso era un festival que añoraba el pasado. No renunciaron a cantar una mayoría de temas vintage, pero sí que defendieron orgullosos el que fue la razón de su esperado regreso, Todos estamos bailando la misma canción.
La Mariposa de El Viaje de Copperpot trajo consigo un momento tenso, pues la plataforma sobre la que cantaba Amaia se elevó tanto que muchos fans llegaron a sufrir vértigo por ella. Hubo quien prometió que ella misma miró un segundo al suelo con miedo, pero eso no le impidió dejar una interpretación para el recuerdo.
Peripecias aparte, no faltó sacar pecho por los demás integrantes de la banda. Sobre todo por Xabi San Martín, que además de su original solo de theremin, también se arrancó a cantar a dúo con Amaia el Tan guapa, aquel tema furtivo que celebraba a su colega incluso después de su partida del grupo.

El teclista Xabi San Martin, de La Oreja de Van Gogh, en el concierto del grupo el 22 de septiembre en Madrid. / Ricardo Rubio/Europa Press via Getty / Europa Press News

El teclista Xabi San Martin, de La Oreja de Van Gogh, en el concierto del grupo el 22 de septiembre en Madrid. / Ricardo Rubio/Europa Press via Getty / Europa Press News
En el recinto madrileño suena mucho más emocionante que nunca, sobre todo porque al final ambos se fundieron en un abrazo que recordó al final de cualquier película romántica. Siempre quedará la duda de, al más puro estilo de Bill Murray y Scarlett Johansson en Lost In Translation, qué le dijo el teclista al oído mientras todo el mundo aplaudía; momento que captaron las cámaras, pero no los micrófonos.
Un broche de oro para el que fue el día menos pensado
El Movistar Arena siguió celebrando a una Oreja que le cedió todo el protagonismo a Amaia. Ésta, a su vez, fue quien recibió un grito al unísono de "¡Eres la reina del pop!" que parecía alejarse de la letra de su canción y acercarse más al piropo.
Esa misma Pop, París, Cuéntame al oído... el público no dejaba de cantar, pero tampoco se cansaba. Quería más, incluso después de gritar la canción más bonita del mundo ―La playa, claro― y otras como El 28 o Soledad. Pero ante la explosión de Rosas, todo cambió.
Montero se recreó en uno de los mayores éxitos de la banda, muy conscientes de que ya es un hit inmortal de la música pop en español; o de la música en español, en general. Y como excusa para despedirse, la cantante invitó a todos a repetir su estribillo a capella.
No se fueron del todo, claro, porque aún quedaban unos bises apoteósicos. Pocos grupos pueden presumir de despedirse a lo grande con un cuarteto como son Perdida, Cuídate, Muñeca de trapo y Puedes contar conmigo; y la gente de la Oreja parecía saberlo.

Amaia Montero en su concierto en Madrid con La Oreja de Van Gogh el 22 de septiembre. / Ricardo Rubio/Europa Press via Getty / Europa Press News

Amaia Montero en su concierto en Madrid con La Oreja de Van Gogh el 22 de septiembre. / Ricardo Rubio/Europa Press via Getty / Europa Press News
Un día después aún quedaba una fecha en Madrid, ciudad a la que volverán para cerrar el año. Pero lo poco que quedaba por demostrar ya está sobre la mesa.
La Oreja de Van Gogh ha vuelto consagrada. Es como ese pelo que vuelve a salir después de una mala depilación, al que no le vale ni la luz pulsada; o, más poético, como ese clavel que resiste al invierno porque quiere vivir en una primavera continua. Qué decir que no se haya cantado ya sobre ellos: siempre estarán en nuestra de obsesiones.













