13 años de 'Viento de cara' de Supersubmarina, el disco al que toda España quiere llamar el penúltimo
Su último álbum de estudio hasta la fecha vio la luz un 23 de septiembre de 2014
Supersubmarina, en 2024 / Europa Press News
Hay discos que no envejecen: maduran. Se llenan de capas, de recuerdos, de silencios que antes no estaban. Hay álbumes que, con el paso del tiempo, dejan de ser solo canciones para convertirse en una especie de hogar emocional. 'Viento de cara', el tercer disco de Supersubmarina, pertenece a esa categoría.
Hoy, trece años después de su lanzamiento (23 de septiembre de 2014), sigue siendo un refugio para miles de personas que crecieron con él, que se enamoraron con él, que lloraron con él y que, sin saberlo, empezaron a anhelar de manera íntima poder colgarle el calificativo de 'penúltimo' después del giro del destino que la vida tenía reservado para la banda de Baeza.
Trece años se dice muy rápido pero es toda una carrera. Parece, sobre todo, un tiempo suficiente para entender que aquel disco no fue solo un paso más en la carrera del grupo: fue un punto de inflexión. Una obra luminosa que llegó en un momento en el que el indie español vivía su edad dorada, cuando los festivales crecían como mares en expansión y las salas se llenaban de una generación que buscaba en las guitarras un lugar donde reconocerse. Supersubmarina ya había demostrado que tenía algo especial. Pero 'Viento de cara' fue el álbum que confirmó que su música no solo acompañaba: también transformaba.
El nacimiento de Viento de cara de SuperSubmarina
La banda formada por José Chino (guitarra y voz), Jaime (guitarra y coros), Pope (bajo) y Carlos (batería) había estado durante casi un año y medio presentando por toda España Santacruz, el álbum que publicaron en 2012 pero a comienzos de 2014 anunciaron de manera oficial que entraban al estudio para grabar las canciones de un nuevo proyecto que también había nacido en ese tiempo.
Ese proceso tuvo lugar en los estudios Laviña, en la propia ciudad natal del grupo, hasta donde se desplazó el productor escocés Tony Doogan (Mogwai, Belle and Sebastian...) y que aportó al disco una mezcla de pulso eléctrico y sensibilidad melódica.
11 canciones formaron parte de ese nuevo disco que abría Viento de cara y cerraba El mañana (toda una premonición) y cuya primera tarjeta de presentación para el público en aquel verano de 2014 fue Arena y sal. El impacto comercial del álbum fue inmediato. El álbum debutó en el número 2 de la lista oficial de ventas en España y logró mantenerse en ella durante 16 semanas, consolidando a Supersubmarina como una de las bandas más influyentes del indie nacional en aquel momento.
Supersubmarina - Arena y Sal
Un disco que respiraba literatura
Desde el primer acorde, 'Viento de cara' se siente como un libro abierto. No solo por sus letras, sino por la forma en la que cada canción parece dialogar con imágenes, metáforas y paisajes que podrían pertenecer a una novela. Supersubmarina siempre tuvo esa habilidad: convertir emociones complejas en versos sencillos, casi cinematográficos.
En 'Arena y sal', quizá una de las canciones más queridas del disco, la banda construyó una playa que no existe en ningún mapa, pero que todos hemos pisado alguna vez. Una playa donde se despide, donde se recuerda, donde la sal se queda en la piel como un recordatorio de lo que ya no volverá. La canción crece como una ola lenta, se abre como una ventana y se convierte en un himno íntimo.
Donde recordamos que nuestras vidas siguen siendo los ríos que van a dar a la mar como escribió Jorge Manrique en las Coplas por la muerte de su padre. O cuando en Extrema debilidad nos recordaba que nadie está exento de sufrir Cien años de soledad. Los de Baeza incluyeron el Macondo de Gabriel García Marquez en uno de sus versos como si intuyeran que la maldición de los Buendía pudiera cruzarse en su ascenso al olimpo de la música.
Supersubmarina - Viento de cara (en directo en la Cadena SER) | La Ventana
El disco entero respira literatura: huidas, renaceres, dudas, certezas, caminos que se abren y otros que se cierran. Supersubmarina escribió un álbum que parecía hablar de ellos, pero que terminó hablando de todos. Donde siempre hay alguien con el Viento de cara, canción en la que SuperSubmarina nos devolvió a la vida a un extraordinario poeta y dramaturgo como fue Miguel Hernández. "Rayo que no cesa, mar en calma. Faro entre la niebla, viento de cara" está escrito con letras de oro en la historia de la música de nuestro país.
Viento de cara se convirtió en símbolo, en frase tatuada, en bandera emocional para miles de personas que encontraron en ella una manera de seguir adelante. Con la canción y el disco al que daba título ‘Viento de cara’, Supersubmarina vivió su momento de mayor expansión. El disco los llevó a giras interminables, a festivales donde miles de personas coreaban sus letras, a un lugar donde la música se convertía en una especie de hogar compartido.
Viento de cara, el último disco de estudio de SuperSubmarina
Pero la vida, a veces, escribe giros que nadie espera. En agosto de 2016, después de uno de los festivales donde presentaban las canciones de ‘Viento de cara’, el destino golpeó con una violencia que aún hoy cuesta recordar sin un nudo en la garganta. El accidente que sufrió la banda truncó una trayectoria que parecía destinada a seguir creciendo sin freno. La música se detuvo. El tiempo se congeló. Y el país entero, de alguna manera, se quedó en silencio.
Entrevista a Supersubmarina
Ese silencio, sin embargo, no borró nada. No apagó las canciones. No destruyó el vínculo emocional que miles de personas habían construido con la banda. Supersubmarina quedó suspendido en una especie de espacio intermedio: un lugar donde la música seguía viva, pero la historia necesitaba pausa, cuidado, recuperación.
Hoy, trece años después, ya no es solo un disco luminoso: es también un testimonio. Una fotografía de un momento irrepetible. Un recuerdo de lo que fue y de lo que todo el mundo está deseando que vuelva a ser. Las letras han adquirido nuevos significados en su nueva situación. Las canciones, que antes hablaban de juventud y de futuro, ahora hablan también de resiliencia, de memoria, de la capacidad de seguir adelante incluso cuando la vida se rompe.
Quizá por eso, trece años después, ‘Viento de cara’ es el disco al que toda España quiere llamar el penúltimo. Porque nadie quiere que sea el último. Porque todos desean que haya un después. Porque la historia de Supersubmarina, aunque marcada por la tragedia, sigue siendo una historia de luz.
Supersubmarina, en concierto en 2015 / Xavi Torrent
Trece años después, el viento sigue soplando. Y, de alguna manera, sigue soplando de cara.
