10 años de 'A Seat at the Table': el disco con el que Solange ganó su primer Grammy y dejó de ser "la hermana de Beyoncé"
La artista probó suerte en Destiny's Child, pero triunfó por su cuenta
Solange Knowles y su hermana Beyoncé Knowles el 28 de junio de 2001 en Atlanta, Georgia. / Myrna Suarez
Solo hay una persona que sabe lo que se siente al ser la hermana de Beyoncé. Solange. Lo demás son conjeturas, fotografías familiares y una vida entera creciendo al lado de un eclipse. Durante años, Solange Knowles tuvo que aprender a vivir en una de esas habitaciones en las que cualquier cosa que hiciera podía ser leída en relación con su hermana. En septiembre de 2016, sin embargo, Solange publicó A Seat at the Table, un disco que no parecía interesado en responder a esa pregunta y que, precisamente por eso, terminó siendo la respuesta más contundente de todas.
El álbum 'A Seat at the Table' de Solagne cumple 10 años.
Para entonces Solange llevaba casi quince años haciendo música. Había publicado Solo Star cuando tenía apenas 16 años, había regresado en 2008 con Sol-Angel and the Hadley St. Dreams y en 2012 había colaborado con Dev Hynes en True, un EP que empezó a dibujar con mucha más claridad a la artista que terminaríamos conociendo, sofisticada e inquieta, deliberadamente alejada de las convenciones del pop y con una relación con la moda, la fotografía, el diseño y el arte que parecía tan importante como su relación con las canciones. Incluso había creado su propio sello, Saint Records, y en 2013 había publicado Saint Heron, una recopilación que reunía a artistas como Kelela, Sampha o Jhené Aiko. Solange no llevaba años intentando convertirse en alguien; llevaba años intentando que el mundo entendiera quién era. Y entonces ocurrió lo del ascensor.
El vídeo que lo cambió todo
El 5 de mayo de 2014, después de la gala del Met, Solange, Beyoncé y Jay-Z estaban en el Standard Hotel de Nueva York cuando una cámara de seguridad captó una escena que acabaría convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de aquella década. Solange golpeando y dando patadas a Jay-Z dentro de un ascensor mientras un guarda de seguridad trataba de contenerla y Beyoncé permanecía allí. Una semana después, TMZ publicó las imágenes y el vídeo se convirtió inmediatamente en un fenómeno global.
Durante días se especuló sobre el motivo de la pelea, sobre lo que Jay-Z había podido decir, sobre lo que Solange había podido escuchar y sobre todo aquello que, evidentemente, no podía saberse mirando una grabación sin sonido. También aparecieron informaciones que cuestionaban el estado de Solange aquella noche, algo que la familia negó explícitamente en el comunicado que Beyoncé, Jay-Z y Solange enviaron a Associated Press. En él explicaban que ambos habían asumido su responsabilidad y que habían resuelto el asunto como familia.
La explicación nunca llegó. Solange no convirtió el incidente en una gira de entrevistas ni aprovechó aquella explosión de atención para explicar qué había pasado; siguió adelante.
No sería justo decir que A Seat at the Table nació de aquel ascensor, porque el proceso del álbum había comenzado mucho antes y Solange llevaba años trabajando en las ideas que terminarían formando parte del disco.
Ocho años para encontrar una canción
A Seat at the Table apareció el 30 de septiembre de 2016, ocho años después de que Solange hubiera comenzado a escribir una de las canciones que acabarían definiéndolo. Cranes in the Sky nació a partir de una idea musical de Raphael Saadiq, con quien Solange ya había trabajado y que terminaría teniendo un papel fundamental en la producción del álbum. Saadiq ha contado que Solange escuchó aquella música y simplemente entendió qué podía hacer con ella; la cantante escribió la melodía y la letra, pero la canción quedó apartada durante años hasta que finalmente encontró su lugar en el nuevo proyecto.
Solange - Cranes in the Sky (Official Video)
Es una canción sobre todas las cosas que hacemos para no enfrentarnos a aquello que realmente nos ocurre. Solange canta sobre beberlo, bailarlo, cambiarlo, escapar, distraerse, probar otra versión de una misma, como si fuera posible modificar el paisaje exterior y conseguir así que desaparezca algo que está ocurriendo en el interior.
El disco tiene 21 pistas, ocho de ellas interludios, y entre las voces que aparecen están las de sus padres, Tina Knowles-Lawson y Mathew Knowles, además de Master P. Esa decisión resulta fundamental para entender el proyecto, porque Solange no quiso construir simplemente un álbum de canciones, sino un espacio en el que pudieran convivir música, memoria, conversación y experiencia. En una época en la que un álbum pop podía medirse casi exclusivamente por sus singles, sus reproducciones y su capacidad de producir titulares, ella decidió dejar sitio para que hablaran sus padres.
La composición del álbum
La propia Solange explicó que, durante su infancia, había crecido en un hogar donde se hablaba de raza y orgullo negro con mucha naturalidad, y que aquellas conversaciones habían formado su manera de entender el mundo. Cuando comenzó a trabajar en A Seat at the Table, estaba regresando a algunas de las conversaciones que había escuchado desde niña para descubrir qué significaban ahora que era adulta.
A Seat at the Table habla de la experiencia negra estadounidense, pero no reduce esa experiencia al trauma; también habla de cómo se vive, cómo se ama, cómo se cuida una misma y cómo se encuentra algo parecido a la paz cuando el mundo exterior insiste en recordarte que no siempre está dispuesto a concedértela.
Para escribir buena parte del disco, Solange se marchó a New Iberia, Louisiana, el lugar de donde procedía su familia materna. Vivió durante tres meses en una casa situada en una plantación de caña de azúcar y pasó allí buena parte del proceso de escritura, aislada de la vida que llevaba en una gran ciudad y tratando de reconectar con su propia genealogía. Ella misma explicó que quería volver a la tierra de sus abuelos y entender mejor de dónde venía.
Don’t Touch My Hair no habla solamente del pelo
Don’t Touch My Hair, junto a Sampha, no necesita mucha explicación. El cabello afro ha sido históricamente objeto de control y exotización, y Solange convierte esa experiencia en una canción que suena como una conversación íntima entre dos personas. No tocar el pelo se convierte en una manera de hablar de los límites, de quién puede acercarse, quién puede opinar y quién cree tener derecho a convertir el cuerpo de otra persona en territorio público.
La canción encaja perfectamente con el resto del álbum porque Solange está haciendo algo parecido con su propia identidad.
Y sí, ahí está Master P
Hay algo deliciosamente extraño en la lista de colaboradores de A Seat at the Table. Sampha tiene todo el sentido, al igual que Q-Tip, Kelela, Lil Wayne, The-Dream, Kelly Rowland, Dev Hynes o Moses Sumney, pero Master P aparece como uno de esos pequeños giros que recuerdan que Solange no estaba haciendo un álbum para demostrar que conocía a las personas correctas.
Quería reunir distintas experiencias y dejar que convivieran dentro del mismo espacio. En lugar de construir un disco que dijera "esto es lo que pienso", construyó uno que preguntaba "qué hemos vivido y qué podemos hacer con ello". A Seat at the Table quería que te quedaras.
El número uno que complicó la comparación
El 9 de octubre de 2016 llegó el dato que terminó de cambiar la conversación. A Seat at the Table debutó en el número uno del Billboard 200, con 72.000 unidades equivalentes de álbum en su primera semana, de las cuales 46.000 correspondieron a ventas tradicionales. Era el primer número uno de Solange y llegaba apenas unos meses después de que Lemonade de Beyoncé también hubiera alcanzado la primera posición.
La ironía era demasiado perfecta. Durante años, Solange había sido "la hermana de Beyoncé" y ahora las dos tenían álbumes número uno en solitario durante el mismo año. Pero, por una vez, el dato no servía para comparar a las hermanas, sino para demostrar hasta qué punto podían existir dos artistas completamente distintas dentro de la misma familia.
Lemonade y A Seat at the Table compartían algunas preocupaciones —la familia, el orgullo, el dolor, la memoria—, pero las abordaban desde lugares completamente diferentes. No hacía falta elegir entre una y otra, ni convertirlas en dos versiones de la misma historia.
Solange lo resumió de una manera bastante sencilla en una entrevista : "Tenemos la misma madre y el mismo padre", recordando que habían crecido en el mismo hogar y que, por tanto, no debería resultar extraño que sus obras compartieran algunas preocupaciones. Lo verdaderamente extraordinario era sonaran tan distintas.
El Grammy que llevaba ocho años esperando
En febrero de 2017, Cranes in the Sky ganó el Grammy a Best R&B Performance, convirtiéndose en el primer y, hasta ahora, único Grammy de Solange.
Había debutado siendo adolescente, había formado parte del universo de Destiny’s Child cuando era muy joven —incluso sustituyó a una bailarina durante una gira del grupo—, había lanzado discos que nunca tuvieron el alcance comercial de los de su hermana y había pasado años construyendo una identidad cada vez más alejada de las expectativas de la industria. Y entonces una canción que había permanecido guardada durante ocho años le dio su primer Grammy.
La canción que hablaba de todas las maneras posibles de escapar de uno mismo terminó siendo la que obligó al mundo a mirar directamente a Solange.
Después del disco, la música dejó de ser suficiente
Quizá uno de los mejores indicadores de lo que había conseguido A Seat at the Table es que Solange no se quedó celebrando el éxito como si hubiera alcanzado finalmente una meta comercial. Su relación con el álbum se extendió hacia el arte, la performance y los museos, hasta el punto de que en 2017 presentó Seventy States, una instalación relacionada con el proyecto en la Tate Modern de Londres, dentro de la exposición Soul of a Nation. La obra reunía piezas visuales, material de las actuaciones, imágenes relacionadas con Cranes in the Sky y Don’t Touch My Hair y poesía escrita por la propia Solange.
El disco terminó de demostrar que Solange no tenía por qué elegir entre ser música, artista, directora creativa, performer o mujer obsesionada con la arquitectura de una imagen. Podía ser todas esas cosas a la vez, incluso aunque la industria prefiriera colocarla dentro de una sola casilla.
