20 años de 'Follow the city lights': el día en que Dover guardaron las guitarras y se fueron a bailar
El giro electrónico que desconcertó a sus seguidores y terminó proporcionando al grupo uno de sus mayores éxitos

Dover, en la inauguración de LOS40 Café, en septiembre de 2011. / Pablo Blazquez Dominguez
Una canción de baile apareció casi como un cuerpo extraño en mitad de la preparación del siguiente disco. Amparo Llanos llevaba años construyendo buena parte del sonido de Dover alrededor de guitarras distorsionadas, volumen y una energía que había convertido al grupo madrileño en una rareza comercial formidable dentro del rock español; sin embargo, hacia finales de 2005 le apeteció probar otra cosa. Compuso “Let me out”, se la enseñó al resto y lo que inicialmente podía haber sido una excursión electrónica terminó provocando una decisión bastante más temeraria: si aquella canción abría una puerta nueva, ¿por qué limitarse a cruzarla durante cuatro minutos? El 2 de octubre de 2006 apareció Follow the city lights y Dover cambiaron de sonido prácticamente de un plumazo.
La maniobra tenía mérito porque no necesitaban reinventarse para sobrevivir. Desde que Devil came to me los había lanzado en 1997, Dover se habían convertido en uno de los grupos españoles más importantes de su generación, con un repertorio inequívocamente guitarrero y una personalidad reconocible en pocos segundos. Discos como Late at night o I was dead for 7 weeks in the City of Angels habían prolongado aquella historia; The flame, publicado en 2003, había obtenido una respuesta más discreta, pero nadie esperaba que el siguiente movimiento consistiera en acercarse a sintetizadores, programaciones y música de baile.
También había cambiado la formación. Álvaro Díez había dejado el grupo y su puesto al bajo lo ocupaba Samuel Titos, que se unió a Cristina y Amparo Llanos y al batería Jesús Antúnez. Para producir el álbum recurrieron nuevamente a Daniel Alcover, viejo conocido desde Devil came to me, y grabaron en los estudios PKO de Madrid durante mayo y junio de 2006.
LOS40 Classic
LOS40 Classic
La transformación no consistió simplemente en colocar unos teclados encima del Dover de siempre. Las guitarras retrocedieron, aparecieron secuencias, sintetizadores y ritmos bailables y Cristina Llanos modificó incluso su manera de cantar. Amparo explicó entonces que habían querido hacer su propia versión del sonido disco; también reconocía influencias que iban de Madonna a New Order. Lo interesante es que la banda no presentó aquello como una ruptura traumática, sino como la consecuencia bastante natural de empezar a interesarse por músicas que años antes no les decían demasiado. Naturalmente, una parte de sus seguidores recibió la noticia como si les hubieran cambiado el grupo mientras estaban mirando hacia otro lado.

“Let me out” había advertido ya de que aquello iba en serio. Publicada como adelanto, entró con fuerza en las plataformas digitales —un territorio todavía relativamente nuevo en 2006— y su videoclip comenzó a circular masivamente por YouTube. Dover, uno de los grupos emblemáticos de la explosión guitarrera de los noventa, estaba utilizando precisamente las nuevas formas de consumo musical para presentar su mutación.
El álbum mantuvo el rumbo durante diez canciones. “Do ya” reforzaba la vertiente pop; “Keep on moving” continuaba jugando abiertamente con la pista de baile; “Tonight” profundizaba en la electrónica, mientras que “Dear McCartney”, “Madrid”, “Denial” o “Shine on me” demostraban que detrás del cambio de vestuario continuaba existiendo el gusto melódico de las hermanas Llanos. Las diez composiciones estaban firmadas por Amparo y Cristina; es decir, Dover no habían dejado su música en manos de un productor encargado de modernizarlos, sino que habían decidido modernizarse ellos mismos.
Las discusiones fueron inevitables. En un encuentro digital con los lectores de LOS40, Cristina respondió directamente a quienes consideraban que habían traicionado su identidad: “Dover será siempre Dover hagamos lo que hagamos”. Para ella, de hecho, aquel era uno de los discos “más Dover” que habían hecho. La frase encerraba una idea interesante: quizá la identidad de un grupo no esté en repetir siempre el mismo sonido, sino en conservar la libertad para hacer lo que le apetezca aunque una parte de su público se enfade.
Y entonces ocurrió algo que facilitó bastante la discusión: funcionó. Follow the city lights consiguió el Disco de Oro durante su primera semana y posteriormente alcanzó el Platino. “Let me out” recibió además el Premio Ondas a la Mejor Canción de 2006 y llegó al número uno de LOS40, el cuarto de Dover después de “Serenade”, “Cherry Lee” y “King George”. Al año siguiente, Follow the city lights obtuvo el Premio de la Música al mejor álbum de pop alternativo y Daniel Alcover fue reconocido por su trabajo de sonido.
El éxito tuvo algo de pequeña revancha. En un momento en el que el mercado discográfico español comenzaba a sufrir seriamente la crisis de ventas, Dover habían conseguido recuperar una enorme visibilidad haciendo precisamente aquello que se suponía que podía espantar a su público. Algunos seguidores del periodo guitarrero jamás aceptaron la transformación; otros llegaron gracias a ella.
Lo más interesante de Follow the city lights quizá esté precisamente ahí. Dover podían haber pasado los años intentando fabricar nuevos “Serenade” o “Devil came to me”, conservando cuidadosamente el sonido que les había dado el éxito; prefirieron correr el riesgo de que les preguntaran qué demonios estaban haciendo. Y durante una temporada, además, consiguieron que quienes antes saltaban con sus guitarras terminaran bailando con sus sintetizadores.













