30 años de 'Antichrist superstar': cuando Marilyn Manson se convirtió en la pesadilla de Estados Unidos
En plena era del pop amable, un disco abrasivo y 'The beautiful people' convirtieron a Manson en la estrella que padres, políticos y predicadores aprendieron a temer

Marilyn Manson: si verlo daba miedo, su música ya ni te cuento. / Mick Hutson
Un hombre extremadamente delgado, cubierto de maquillaje, con un ojo de cada color y aspecto de haber salido de alguna pesadilla que MTV había emitido por error, empezó a colarse en los televisores de millones de hogares estadounidenses. A su alrededor sonaba una marcha industrial de guitarras, percusión metálica y una voz que parecía escupir cada palabra: “The beautiful people”. El 8 de octubre de 1996, hace ahora 30 años, apareció Antichrist superstar y Marilyn Mansondejó de ser la provocación favorita del circuito alternativo para convertirse en algo bastante más grande y perturbador: el nuevo enemigo público del rock estadounidense.
El momento era perfecto para semejante irrupción. El grunge había perdido su centro después de la muerte de Kurt Cobain, el rock alternativo comenzaba a ser absorbido por la industria y el pop avanzaba hacia una nueva etapa de ídolos cuidadosamente presentados para el consumo adolescente. Spice Girls acababan de iniciar su conquista internacional; Backstreet Boys ya triunfaban en Europa y pronto llegaría una oleada de pop juvenil que dominaría el final de la década. En aquel paisaje, Marilyn Manson parecía pertenecer a otra especie.

Pero llevaba años preparándose para aquel momento. Brian Warner había creado Marilyn Manson & the Spooky Kids en Florida a finales de los ochenta y construyó su nombre artístico uniendo a Marilyn Monroe y Charles Manson, dos caras extremas de la fascinación estadounidense por la celebridad. Trent Reznor, líder de Nine Inch Nails, detectó pronto su potencial, publicó Portrait of an American family en 1994 a través de Nothing Records y llevó al grupo como telonero. El EP Smells like children y su inquietante versión de “Sweet dreams (are made of this)”, de Eurythmics, ampliaron considerablemente su público.
LOS40 Classic
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Antichrist superstar debía llevar todo aquello mucho más lejos. La grabación fue cualquier cosa menos tranquila. Manson, Reznor, Dave Ogilvie y Sean Beavan participaron en la producción de un álbum registrado principalmente en Nothing Studios, en Nueva Orleans, durante unas sesiones que posteriormente serían descritas como tensas, caóticas y atravesadas por drogas, enfrentamientos y métodos deliberadamente extremos. Manson quería construir un disco conceptual sobretransformación, poder, fama y destrucción; una criatura insignificante acababa convirtiéndose en una figura totalitaria y terminaba consumida por aquello mismo que había creado.
La idea se organizaba en tres ciclos y alcanzaba su expresión más inmediata en “The beautiful people”. La canción había nacido antes de las sesiones, a partir de un ritmo que el batería Ginger Fish golpeó sobre el suelo con sus baquetas mientras Manson improvisaba alrededor. Su título procedía del libro The Beautiful People, publicado en los sesenta por Marilyn Bender, pero Manson utilizaba la expresión para atacar la cultura del poder, la belleza, el dinero y las jerarquías sociales. El riff hizo el resto.
“The beautiful people” tenía algo de marcha militar averiada, una combinación de metal e industrial que parecía avanzar a golpes. El vídeo dirigido por Floria Sigismondi multiplicó su impacto: prótesis, ortodoncia grotesca, zancos, espacios que parecían hospitales abandonados y un Manson deformado hasta resultar difícil apartar la vista de él. MTV encontró una de esas imágenes que producían simultáneamente fascinación y rechazo.
El álbum no dependía únicamente de aquella canción. “Tourniquet”, “Angel with the scabbed wings”, “Dried up, tied and dead to the world”, “The reflecting god”, “Man that you fear” o la propia “Antichrist superstar” construían un recorrido mucho más opresivo que el de su debut. Las guitarras de Daisy Berkowitz —que abandonó el grupo durante las conflictivas sesiones— y Twiggy Ramirez, las programaciones y la producción asociada a Reznor situaban a Manson en un territorio donde el metal, el rock industrial y el espectáculo de shock se confundían.
La respuesta comercial demostró que el monstruo había escapado del laboratorio. Antichrist superstar debutó en el número 3 del Billboard 200, con unas 132.000 copias vendidas durante su primera semana en Estados Unidos, y acabaría alcanzando el Platino en aquel país. Para un disco deliberadamente desagradable, protagonizado por un cantante que parecía diseñado para espantar a los padres, era un resultado extraordinario.

Y entonces comenzó la verdadera función. La gira Dead to the World convirtió los conciertos en objeto de protestas religiosas y campañas políticas. Circularon historias cada vez más disparatadas sobre sacrificios de animales, violencia y comportamientos sexuales sobre el escenario; algunas eran directamente falsas, pero contribuían a construir una reputación que Manson tampoco parecía demasiado interesado en desmentir. Organizaciones cristianas se manifestaban frente a los recintos y distintos políticos intentaron impedir actuaciones o presionaron para que se cancelaran. En varias ciudades hubo debates públicos sobre si aquel espectáculo debía permitirse.
El miedo resultaba especialmente eficaz porque Manson sabía utilizarlo. Alice Cooper había horrorizado a los padres de los setenta; Ozzy Osbourne y el heavy metal habían alimentado el pánico moral de los ochenta. En los noventa, cuando parecía que el rock había perdido parte de su capacidad para escandalizar, apareció alguien que comprendía perfectamente el mecanismo y decidió llevarlo hasta la caricatura.
Había también una inteligencia detrás del maquillaje que desconcertaba a sus adversarios. En las entrevistas, Manson podía pasar de la provocación adolescente a hablar sobre religión, fascismo, censura, hipocresía y cultura de masas; cuanto más intentaban presentarlo simplemente como un monstruo, más útil resultaba esa imagen para su propio discurso.
Antichrist superstar terminó vendiendo millones de copias en todo el mundo y transformó a Marilyn Manson en una celebridad internacional. Su impacto no consistió únicamente en canciones o cifras: durante unos años volvió a existir una estrella del rock cuya mera fotografía podía alarmar a los adultos. En una década que avanzaba hacia un pop cada vez más luminoso y cuidadosamente empaquetado, Marilyn Manson consiguió que una parte de Estados Unidos volviera a tener miedo de la música que escuchaban sus hijos.













