Así se diseñan unos auriculares cuando cada milímetro cuenta: el nacimiento de los Nothing Headphone (1) Pro
Visitamos el laboratorio de Nothing en Londres para descubrir cómo una obsesión por el peso, el confort y el sonido terminó dando forma a sus mejores auriculares.
Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
Para entender cómo funciona Nothing no basta con mirar sus carcasas transparentes ni sus esquemas geométricos; hay que pisar el taller donde sus diseñadores e ingenieros se encierran a trabajar. Cruzar las puertas de ese espacio en Londres es adentrarse en lo que bien podría describirse como el Disneylandia de la profesión.
Visitamos Londres para hablar con cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
Visitamos Londres para hablar con cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
Allí, el orden y la limpieza no son una pose estética, sino los pilares invisibles que sustentan absolutamente todo lo que hacen. Más espectacular aún que contemplar las cortadoras y moldeadoras de todo tipo de materiales, capaces de dar vida a modelos verosímiles en cuestión de minutos para acelerar la búsqueda del nuevo producto, puede ser perderse admirando la meticulosidad de la instalación del cableado eléctrico que recorre el techo. Cada cable encuentra su sitio exacto de una forma que hace disfrutar; un rigor visual tan depurado que invita a operar a corazón abierto sobre cualquiera de sus mesas.
Visitamos Londres para hablar con cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
Los pequeños cajones repletos de herramientas diminutas, conectores clasificados y piezas de montaje convierten el entorno en un regalo para la vista y en un engranaje donde el trabajo fluye con naturalidad.
A cuatro minutos a pie de ese lugar están las oficinas centrales de la marca. Un espacio diáfano, de espíritu joven, en el que parece que todo el mundo vive y respira diseño.
Visitamos Londres para hablar con cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
En ese ecosistema nos esperaban cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro, dispuestos a revelar cómo ha sido ese "baile" entre diseñadores e ingenieros que ha llevado a la compañía a crear su producto de audio más ambicioso. Un baile milimétrico cuya coreografía casi descarrila al inicio por una cifra desalentadora: casi medio kilo sobre la cabeza.
Visitamos Londres para hablar con cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
La paradoja del cristal y la auditoría de los 191 componentes
«Cuando le dices al equipo de ingeniería que quieres usar cristal en unos auriculares de diadema, su primera reacción es decirte: por favor, márchate y no vuelvas a llamarme», recuerda Lucy Birley durante nuestra charla.
La compañía quería trasladar el lenguaje visual que tanto hemos visto en telefonía al terreno del audio circumaural, un ecosistema donde el policarbonato y el aluminio mandan sin apenas contestación. Pero el cristal suele aportar un punto de riesgo extra que no muchos querrían asumir en el diseño de unos auriculares. Y a esa decisión se sumó un despliegue acústico ambicioso: "triplicar" la arquitectura interna hasta alcanzar seis transductores en total, tres por cápsula.
El resultado de los primeros prototipos funcionales fue un choque de realidad. «Hicimos unos auriculares de casi 500 gramos. Era una locura. ¿Qué clase de cuello iba a sostener semejante peso?».
Visitamos Londres para hablar con cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
En el taller, Ben Sammut y Philipp Von Lintel muestran la respuesta física a ese dilema. El equipo descartó lanzar un dispositivo pesado que sacrificara la ergonomía diaria en favor de la pose de diseño. La meta autoimpuesta era igualar los 329 gramos de los Headphone (1) estándar. Para lograrlo no recurrieron a atajos: desmontaron el auricular y emprendieron una auditoría quirúrgica de 191 componentes, uno por uno.
Piezas prototipo de Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
El cambio más elocuente fue estructural. Donde el modelo original empleaba acero inoxidable para el brazo de la diadema, en los Pro se sustituyó por titanio. A priori, una pieza de ese tamaño podía parecer un detalle menor, pero, sumado a algún otro ajuste interno imperceptible a simple vista, el milagro ocurrió: los Headphone (1) Pro detienen la báscula en 327 gramos. Dos gramos menos que sus predecesores, pese a albergar una carga técnica infinitamente mayor.
Visitamos Londres para hablar con cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
Ergonomía de taller: microajustes antes que gigantismo
Pero el confort no dependía únicamente de rebajar masa. En las mesas del taller, Sammut y Von Lintel detallan cómo fabricaron moldes caseros en impresión 3D para colar silicona e inyectar diferentes densidades de espuma, construyendo cinco unidades completas que ellos mismos rotaban y probaban sobre sus cabezas.
«La pregunta no era cómo lograr el máximo confort haciendo la diadema más descomunal y la almohadilla más gigante», explica Philipp. «La verdadera pregunta era: ¿cuál es el cambio mínimo necesario que cambia drásticamente la aguja del confort?».
Visitamos Londres para hablar con cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
La solución se resolvió en fracciones de milímetro: redujeron el grosor del chasis de la diadema en 0,5 milímetros, añadieron 1 milímetro extra de anchura a la estructura e incrementaron el acolchado en tan solo 1 milímetro. Cualquier intervención más agresiva apenas sumaba un par de puntos porcentuales de comodidad a costa de destruir las proporciones del producto.
Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
En paralelo, limpiaron el ruido visual: suavizaron alguna curva y fusionaron las líneas de unión de piezas del modelo original con los cortes del marco de la ventana transparente, dejando una única línea limpia en el contorno.
El resultado ya es una realidad y es, en cierto modo, la forma "perfecta" de su Headphone (1) original. Si el modelo anterior inspiraba el exterior de sus auriculares en el mítico ‘cassette’, este toma el Mini-Disc de Sony como una de sus referencias visuales y, pese a no ser especialmente ligero, sí que han elevado la comodidad a un nuevo nivel.
Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
Romper el molde de la funda: del cajón a la maleta rígida
Uno de los puntos más singulares del taller londinense giró en torno a lo que ellos mismos bautizaron entre risas como su «funda controvertida».
La inmensa mayoría de fabricantes optan por estuches textiles o de espuma prensada EVA que el usuario suele abandonar en un cajón tras las primeras semanas de uso. Nothing se fijó en otra industria: las maletas rígidas ‘Pelican’ que ellos mismos utilizan para transportar prototipos y material sensible.
Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
La carcasa del estuche no está concebida como un envoltorio impoluto, sino como un escudo de batalla diseñado para absorber arañazos y golpes protegiendo las partes nobles del auricular. Bajo ese concepto integraron un mecanismo de doble bisagra desplegable que permite abrir la funda por completo sobre la mesa, dejándola plana, e incluyeron enganches para cordones.
La idea era tratar la funda como un objeto utilitario que el usuario pueda personalizar con pegatinas o colgarse al hombro sin miedo al trote diario. Hasta qué punto han acertado es algo que decidirá cada usuario. Que se está hablando de ello es una realidad y eso siempre es bueno.
La búsqueda de la «piel de gallina» y el sello de Metropolis
En las oficinas centrales de Nothing hablamos con Melanie David y Lucy Birley, que abordan la otra mitad de la ecuación: cómo debe sonar un producto de Nothing.
Melanie reconoce que no basta con calcar la curva de referencia Harman o pasar horas analizando a la competencia en una pantalla (trabajo que también han hecho).
En los últimos tres meses llegaron a evaluar más de 30 afinaciones acústicas distintas.
«En el estudio conviven perfiles muy distintos de amantes de la música: gente que organiza festivales, compañeros que producen techno en su habitación y melómanos que solo escuchan vinilos de jazz japonés...», explica Melanie. «Mi sueño es que te pongas los auriculares y reconozcas al instante la identidad de Nothing. Y eso no te lo da una gráfica; te lo da la piel de gallina. Si te sientas, pones tu tema favorito y escuchas un matiz que no habías percibido antes en ningún otro auricular, ahí sabes que lo has conseguido».
Esa respuesta visceral se articula en la realidad con tres modos clave diferentes: el perfil balanceado de Nothing, el interruptor ‘Flat’, pensado para quienes producen música o buscan una respuesta sin coloración artificial, y las configuraciones de audio espacial.
Y esa última capa de software y de saber hacer de estos auriculares cayó en las capaces manos de Metropolis Studio.
Tuvimos la ocasión de escuchar a Felix David, ingeniero de mastering en Metropolis Studio, y de verle en su salsa, creando un máster en vinilo de un trabajo reciente.
Visitamos Londres para hablar con cuatro de las figuras más importantes en el desarrollo de los nuevos Nothing Headphone (1) Pro / Luis J. Merino
Con un entusiasmo contagioso, nos habló de cómo Metropolis Studios había puesto la guinda de software a un hardware que Nothing ya había presentado cerrado y de cómo los Headphone (1) Pro se habían convertido en un dispositivo fiable al que acudir cuando una mezcla necesitaba una revisión fuera del estudio (gracias a ese interruptor Flat que estrenan).
En manos de Metropolis quedaron también las configuraciones de audio espacial, un terreno donde habitualmente abunda el artificio hueco. Aquí, la calibración persigue una acústica creíble: el usuario percibe la física de la sala, los rebotes de los materiales en techos y paredes y la percepción de la ubicación tridimensional de los músicos.
Es uno de los puntos clave de estos Headphone (1) Pro y una de las primeras veces que no he descartado el audio espacial tras unos minutos de prueba. Desde Nothing aseguran que la colaboración tenía que ser con un estudio como Metropolis, con el que sienten que comparten espíritu y público.
La longevidad como respuesta a la obsolescencia
Nuestra conversación con Lucy y Melanie termina mirando al futuro y a una fecha clave: 2027, año en que las directivas europeas exigirán baterías accesibles y reemplazables en dispositivos electrónicos de consumo.
Lejos de esquivar el debate, confirman que ya figura en sus hojas de ruta para futuros proyectos y asumen las tensiones técnicas que conlleva, especialmente en lo relativo al sellado y las certificaciones de resistencia al agua.
«Crecí en una casa donde las cosas se arreglaban con un destornillador en lugar de tirarse», apunta Lucy. «La tecnología de consumo suele considerar lo viejo como algo negativo, pero en el audio ocurre lo contrario. Un buen equipo Hi-Fi o unos auriculares son como una buena chaqueta de cuero: pueden aguantar el paso del tiempo sin perder facultades. Incluso llegar a ganar carácter. El sonido no se queda obsoleto. Nuestro mayor deseo sería que estos auriculares sigan funcionando dentro de 50 años».
Es una meta ambiciosa en un sector acostumbrado a lo efímero, pero quizá también resume bien lo que se respira dentro de Nothing. En un mercado tecnológico cada vez más homogéneo y conservador, la marca británica ha encontrado su hueco empeñándose en complicarse la vida: haciendo dialogar a diseñadores e ingenieros hasta la extenuación, debatiendo cada milímetro de una almohadilla y tratando el hardware no como un producto descartable, sino como un objeto pensado para durar.