25 años del concierto que reunió a Paul McCartney, David Bowie y The Rolling Stones para levantar Nueva York tras el 11-S

El Madison Square Garden acogió una noche histórica de música y solidaridad seis semanas después de los atentados que habían sacudido Estados Unidos

Paul McCartney, durante el Concierto por la Ciudad de Nueva York. / Frank Micelotta Archive

Las botas de los bomberos todavía llevaban el polvo de la Zona Cero y muchos de los hombres y mujeres que llenaban el Madison Square Garden habían pasado las semanas anteriores buscando supervivientes y recuperando cuerpos entre los escombros del World Trade Center. Aquella noche, sin embargo, estaban allí para escuchar música, abrazarse y recibir una ovación que parecía no terminar nunca. El 20 de octubre de 2001, Paul McCartneyencabezó el Concert for New York City, una reunión extraordinaria de artistas que convirtió el pabellón más famoso de Manhattan en un lugar donde una ciudad herida pudo expresar públicamente su dolor, su gratitud y sus ganas de seguir adelante.

La idea había nacido de una experiencia personal del propio McCartney. La mañana del 11 de septiembre se encontraba en el aeropuerto JFK de Nueva York, a bordo de un avión que estaba a punto de despegar cuando se suspendieron los vuelos. Desde allí pudo ver el humo que se elevaba sobre Manhattan y comprendió que estaba asistiendo a una tragedia de dimensiones todavía desconocidas. Durante los días siguientes pensó en cómo ayudar y terminó impulsando, junto a Harvey Weinstein, John Sykes y otros colaboradores, un concierto benéfico dedicado especialmente a los bomberos, policías y equipos de emergencia.

La convocatoria fue excepcional. Buena parte del público estaba formada por trabajadores de los servicios de rescate y sus familias, invitados a ocupar las gradas de un recinto acostumbrado a recibir grandes acontecimientos deportivos y musicales. El ambiente alternaba una emoción difícil de contener con momentos de celebración colectiva; después de tantas semanas de miedo y agotamiento, aquellos hombres y mujeres necesitaban también una noche en la que alguien cuidara de ellos.

La música comenzó con David Bowie, neoyorquino de adopción, que apareció prácticamente solo, acompañado por un pequeño teclado, para interpretar “America”, de Paul Simon. Después llegó “Heroes”, una canción que aquella noche adquirió un significado particularmente conmovedor. Bowie cantaba sobre la posibilidad de ser héroes, aunque fuera durante un día, delante de personas que habían arriesgado sus vidas sin imaginar que algún día recibirían semejante consideración pública.

El desfile de artistas fue impresionante. Bon Jovi, Elton John, Eric Clapton, Billy Joel, James Taylor, John Mellencamp, Destiny's Child, Backstreet Boys, Jay-Z y The Whofueron pasando por el escenario, en una combinación de generaciones y estilos que difícilmente habría podido reunirse en circunstancias normales. También participaron Mick Jagger y Keith Richards, que interpretaron “Salt of the Earth” y “Miss You”; conviene precisar que no actuó la formación completa de The Rolling Stones, aunque su presencia representara inevitablemente al grupo.

Entre las actuaciones más celebradas estuvo la de The Who, cuya energía resultó especialmente apropiada para un público que necesitaba liberar semanas de tensión acumulada. Roger Daltrey, Pete Townshend, John Entwistle y Zak Starkey interpretaron un repertorio de clásicos que incluía “Who are you”, “Baba O'Riley”, “Behind blue eyes” y “Won't get fooled again”. Los bomberos y policías, muchos uniformados, respondieron cantando y levantando los brazos, mientras las cámaras mostraban rostros en los que convivían el entusiasmo y el cansancio.

Billy Joel, otro músico profundamente vinculado a Nueva York, encontró en “New York state of mind” una forma de expresar el sentimiento de pertenencia que atravesaba toda la velada. Más tarde recordaría la impresión de mirar desde el escenario y encontrarse con una multitud de uniformes azules, personas que habían perdido amigos y compañeros y que, al menos durante unas horas, podían volver a sonreír.

La ceremonia incluyó intervenciones de actores y personalidades como Robert De Niro, Leonardo DiCaprio, Harrison Ford, Susan Sarandon y Jim Carrey, además de momentos de humor que contribuyeron a aliviar una atmósfera inevitablemente cargada de emoción. Los propios trabajadores de emergencias subieron al escenario para presentar actuaciones y recibir ovaciones; en muchos sentidos, ellos fueron los verdaderos protagonistas de la noche, por encima de cualquier estrella.

McCartney reservó su intervención para el final. Vestía una camiseta del Departamento de Bomberos de Nueva York, un detalle especialmente significativo porque su padre, Jim McCartney, había servido como bombero voluntario durante los bombardeos de Liverpool en la Segunda Guerra Mundial. Paul explicó que se había sentido impotente ante los atentados y que organizar aquel concierto era una manera de contribuir con aquello que sabía hacer: música.

Interpretó “I'm down”, “Lonely road”, “From a lover to a friend”, “Yesterday” y “Let it be”, además de presentar “Freedom”, una canción compuesta después de los ataques que terminaría convirtiéndose en el cierre colectivo de la velada, con los participantes reunidos sobre el escenario. La música de The Beatlesadquiría así una nueva dimensión ante un público que buscaba consuelo, mientras McCartney agradecía personalmente a los equipos de emergencia su trabajo.

El concierto fue retransmitido por VH1 y permitió recaudar más de 30 millones de dólares en las semanas siguientes, cifra que terminaría superando los 35 millones destinados a ayudar a las víctimas y a sus familias. Pero las cifras explican únicamente una parte de lo sucedido. Durante aquellas horas, el Madison Square Garden dejó de parecer un recinto de espectáculos para convertirse en una especie de reunión familiar gigantesca, con músicos que habían marcado varias generaciones y trabajadores que todavía regresaban cada día a la Zona Cero. Veinticinco años después, las imágenes de aquel concierto conservan una fuerza especial: Nueva York seguía de duelo, pero aquella noche encontró fuerzas para cantar.