Análisis de Strider

El ninja más famoso de Capcom vuelve a las consolas tras años de sólo encontrar hueco en la franquicia vs de la compañía

Strider Hiryu es uno de los personajes más longevos actualmente en servicio. Empezó su andadura en las máquinas recreativas, allá por el año 89, y desde entonces ha saltado y blandido su espada, de una u otra forma, en todas las generaciones. La secuela oficial, Strider 2, se ha convertido en uno de los juegos más caros de la Playstation original y no ha habido enfrentamiento con Marvel en el que Capcom no haya llamado a Strider a filas. Ahora, es momento de devolver al personaje a su lugar: es momento de que vuelva a tener juego propio...

Ya sabéis que es del todo común en estos tiempos que grandes compañías, como Capcom, subcontraten los servicios de segundos para poner en marcha proyectos de toda envergadura. Ocurrió hace poco con Dead Rising 3 (por nombrar el más reciente) y ha vuelto a ocurrir con Strider Hiryu. Y, la verdad, no se me ocurre mejor estudio en el que depositar la confianza de un personaje que Double Helix, los responsables del impecable retorno de Killer Instinct a Xbox One. El trabajo que firman no tiene desperdicio.

Diversión de los 90 con envoltorio del año 2014. Es el mismo formato que vimos hace algunos años con Bionic Commando, un título terriblemente respetuoso con la versión original que encuentra su hueco en un mercado que sólo admite ideas del pasado si pasan por un exhaustivo proceso de revitalización gráfica.

Strider ofrece una experiencia de acción semi-lineal en la que avanzar y terminar con el enemigo supone casi la totalidad de la propuesta. Y hablamos de semi y de casi porque la estructura de los escenarios sí busca esos entornos de doble dirección y varios pisos, clásicos de la franquicia Metroid. Strider puede subir y bajar alturas con facilidad por lo que esos entornos rompen con la linealidad, instando al jugador a que encuentre mecanismos que abren puertas o mueven plataformas en un lugar para poder seguir progresando por el otro, amén de esconder una buena cantidad de objetos, piezas de arte que quedan disponibles en el menú principal para vuestro deleite visual o desafíos a los que tendréis posterior acceso.

Más allá de abrir y cerrar puertas, sólo tendréis que dominar las artes de combate de Strider Hiryu a la perfección para poder salir airosos en la lucha contra un interminable ejército robot. Poco más de un par de botones de acción y un par de técnicas de desplazamiento para superar barricadas enemigas serán la base para llegar a dominar decenas de movimientos específicos; muchos de ellos no accesibles desde el principio, pero listos para ser desbloqueados conforme avancéis en la aventura.

El arma principal de Strider, la espada, tiene un alcance mucho mayor al recorrido que esperaríais de cualquier otro juego (marca de la casa desde su nacimiento); y la posibilidad de cargar durante unos segundos para soltar un sablazo especialmente potente, ambas habilidades básicas que se irán potenciando para llegar incluso a despedir proyectiles o valerse de la ayuda de robots amigos.

La acción es frenética; Strider Hiryu es uno de esos personajes que planta cara entrando por la puerta principal y con zancada rápida. Puede recibir daño en cantidades moderadas y continuar como si tal, la acción del juego está diseñada así y funciona; pero el enemigo no es idiota y si vuestros reflejos bajan la guardia podéis agotar la vida de ninja en cuestión de segundos. El hecho de que recibir daño sea algo que (casi) se da por sentado en esta franquicia no quiere decir que el avance vaya a ser un camino de rosas...

Gráficamente el juego aprueba con nota. No esperéis revolución; hablamos del remake de un clásico y este tipo de producciones tienen los límites bien acotados. Afortunadamente, el juego ha caído en buenas manos. La gente de Double Helix ha sabido invertir bien cada recurso en la producción y han creado un juego tremendamente atractivo. El modelo 3D del personaje y su movimiento son geniales (las secuencias de adquisición de ítem recuerdan muchísimo a la pose de victoria de Yago en Killer Instinct); los enemigos pasan a un plano más genérico pero efectivo igualmente y los escenarios, aunque admitirían más detalle, crean buenos y muy diferentes ambientes con suma facilidad.

Capcom sabe perfectamente lo que hace. Confiar en terceros para recuperar clásicos con este profundo respeto y gran saber hacer es una idea perfectamente válida para encontrar tiempo para un brainstorming que de lugar a nuevas IP’s para la compañía. Tengas la consola que tengas, Strider es una opción excelente para encontrar el mejor entretenimiento de forma inmediata.


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