Análisis de Quantum Break

Una experiencia sin precedentes

Quantum Break

Mientras PS4 recibía cariño exclusivo con su Bloodborne y su Street Fighter V, parecía que Xbox One ni siquiera jugaba una partida que poco a poco estaba perdiendo, pero el "as en la manga" de Microsoft estaba en el horno de Remedy Studios, aquel del que salieron juegos como Max Payne y Alan Wake.

Por un lado podríamos decir que Quantum Break es otro juego juego de acción en tercera persona. Uno de esos con cobertura, muchos tiros y algún poder especial para jugar con el tiempo (algo más complicado que el simple Bullet Time de siempre), y no estaríamos mintiendo. Pero dejar la descripción ahí sería decir una verdad a medias.

Sí, si buscáis tiros de esos que funcionan este es vuestro juego, pero el resto de jugadores no debe asustarse, porque la propuesta de Remedy es mucho más ambiciosa que el clásico shooter en tercera persona.

Para empezar, la producción de Quantum Break no tiene precedentes. Microsoft y Remedy se han buscado la vida para convertir un juego que en principio no tenía nombre ni apellidos, en una mini-serie llena de actores de esos que llenan la pantalla allí a donde van. No acostumbramos a tener en un videojuego a Iceman (de los X-Men), Charlie (de Lost), a Meñique (de Juego de Tronos) o a Philip Broyles (de Fringe). Y no estamos hablando sólo del manido "Motion Capture"; en Quantum Break no sólo tenéis la mejor representación digital humana hecha jamás en un videojuego, también tenéis una serie de televisión de cinco episodios que conecta los actos del juego y que ha sido interpretada por los actores que mencionamos (entre otros).

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Este tipo de valor añadido muchas veces puede ser suficiente para sacar adelante las ventas de un producto, pero suele funcionar todavía mejor si la idea tiene potencial también. En este caso, sobra potencial.

Todo empieza en la ficticia universidad de Riverport, en Estados Unidos. Allí, Paul Serene está a punto de hacer historia con un experimento físico capaz de alterar la línea temporal creando una brecha en ella. Para ello, necesita la ayuda de Jack Joyce, un viejo amigo en el que puede confiar (ya sabéis, no es el tipo de experimentación permitida a altas horas de la noche). El caso es que la cosa parece que tiene buen rumbo, pero no tarda en torcerse, dejando la línea temporal fracturada. En el accidente, Paul y Jack obtienen inusuales poderes y, por supuesto, quedan enfrentados; Paul con malas ideas tras conocer a su "yo" del futuro y Jack, de la mano de su hermano William, con el único objetivo de pararle los pies.

A partir de ahí, se despliega una historia cargada de posibilidades que sabe aprovechar el fantástico potencial de su idea, así como el talento de los actores que sirven como protagonistas. No diremos más, que son sólo cinco actos y no queremos chafar la experiencia.

A nivel práctico, tenemos entre manos un shooter en tercera persona, con momentos de relax en los que resolver algún puzlecillo y lleno de notas de información que podremos coleccionar (que no son muy difíciles de reunir puesto que la historia guía nuestros pasos de forma bastante asistida).

Como juego de acción funciona de maravilla; los poderes de Jack evolucionan conforme avanza la historia. Podremos parar el tiempo en un área determinada (generalmente donde moleste algún enemigo), desplazarnos a velocidades aceleradas para mejorar nuestra posición, crear una brecha que usar como escudo en la que no entran los proyectiles o lanzar una especie de "bombas temporales" que acaban con lo que tengan a su alcance. La gracia es que todas estas habilidades tienen un periodo de enfriamiento una vez han sido usadas y no tardan en volver a estar disponibles y esto se debe a que los enemigos han sido creados para hacernos la vida imposible.

Esto no va de quedarnos detrás de una caja resguardados por la cobertura e ir disparando poco a poco. Para empezar porque los materiales de cobertura suelen romperse y sobretodo porque los enemigos atacan en grupo y van desesperadamente a por nosotros; así que tendremos que tener dedos rápidos para conseguir volver loca a la máquina en las secuencias de acción. Además, los enemigos también evolucionan, y no tardaremos en conocer a los soldados de Monarch (la empresa responsable de la tecnología utilizada para el experimento) capaces de marear en la línea temporal gracias al uso de mochilas y aparatos especiales.

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Al final, una secuencia de acción es una ecuación con decenas de variables en la que tendremos que tomar muchas decisiones de forma muy acelerada; un verdadero reto cuya dificultad podremos elevar en sucesivas partidas.

Los puzles también se valen de los poderes de manipulación temporal, al principio sorprenden, pero conforme pasan los minutos tardaremos muy poco en darnos cuenta de la resolución a cada uno de ellos, más si cabe si podemos consultar la trillada "visión de detective" de turno, que nos dice en seguida qué elementos del escenario tienen la capacidad de ser alterados en el espacio/tiempo. Pero bueno, se agradecen esas secuencias que siempre suponen un soplo de aire fresco en la partida.

Gráficamente es una salvajada. Ya estamos acostumbrados a buenos modelados de personajes y escenarios bien cargaditos, pero no a los efectos especiales que tiene este juego. Un escenarios puede estar constantemente sufriendo alteraciones temporales; objetos que cambian de posición, enemigos que se quedan flotando después de abatidos; si a eso sumamos los efectos especiales generados por los poderes de nuestro personaje, queda ante nosotros una delicia visual como muy pocas hemos visto. Repetimos, ya no por increibles texturas, construcciones e iluminación (que también), sino por el efecto que tiene la historia en el apartado visual, lo cual supone un atrevimiento en el sector tanto narrativo como a nivel de ejecución.

Así que, de Quantum Break nos quedamos con una historia brutal, dentro de una producción sin precedentes, capaz de poner a nuestro personaje a investigar un escenario que está continuamente avanzando en el tiempo de forma acelerada (por ejemplo); la partida está plagada de momentos de esos que abaten vuestra mandíbula generados por la combinación de una buena idea y una ejecución excelente. A eso añadimos un cast "de lujo", que no sólo ha dado forma y voz a los mejores personajes virtuales que hemos visto jamás en un videojuego, también ha sido protagonista en una mini-serie que ayuda a dar forma al conjunto convirtiéndolo en una experiencia sin precedentes.

Conclusión; si tienes una Xbox One o un buen PC, estás de enhorabuena porque vas a pasar un muy buen rato (y luego vas a repetirlo en difícil pasando un "muy buen-mal rato"). Si no tienes posibilidades de jugar Quantum Break, elige el trozo de pared que más te gusta y empieza ya a darte cabezazos.


LOS40

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