Gracia Querejeta: “Ha habido una evolución en la inclusividad de la mujer en el cine”

La directora presenta 'Invisibles', una película protagonizada por tres mujeres que sufren la crisis de la mediana edad

Entrevista con Gracia Querejeta por Invisibles

La directora española Gracia Querejeta acude a la presentación de 'Invisibles' en el Hotel Urso de Madrid, el 3 de marzo de 2020 / Getty Images / Borja B. Hojas

Gracia Querejeta es la heredera de uno de los apellidos más relevantes del cine español. Su padre, Elías Querejeta, jugador de fútbol reconvertido en productor, fue uno de los mecenas más importantes del séptimo arte patrio: dio alas a Carlos Saura, Jaime Chávarri, Emilio Martínez-Lázaro, Fernando León de Aranoa y Víctor Erice, entre tantos otros jóvenes cineastas (en su momento) que después se convirtieron en emblemas de nuestra industria audiovisual.

Su hija ha seguido un sendero parecido al de su padre, solo que ella se dedica a la dirección. Esta semana, a dos días del 8 de marzo, y con una veintena de proyectos a sus espaldas, Gracia Querejeta presenta Invisibles, una película sobre tres mujeres que sufren la crisis de la mediana edad.

La protagonizan tres titanes de nuestro cine: Adriana Ozores, Emma Suárez y Nathalie Poza. Una historia de mujeres fuertes que tratan de aceptar que el paso del tiempo es inmisericorde y las hace cada vez más invisibles para los demás. Todo, eso sí, revestido de un ácido sentido del humor.

¿Cuál es el principal mensaje que tratabas de transmitir con la película? Porque hay muchos: el feminismo, la autosuperación de los miedos, la insatisfacción sexual...

Yo no he escrito ni he rodado esta película con la intención de ser emisora de ningún tipo de mensaje, la verdad. Lo que sí me parecía oportuno, sobre todo para mí como escritora y directora, era tratar ciertos temas que no hubiera analizado con veinte años porque no los conocía de primera mano. Me apetecía contar una historia más cercana a mí que otras de mis películas. Yo me siento identificada con las tres protagonistas.

Pero en todo momento se desprende una sensación de amargura. Llega una edad en la que nos volvemos invisibles. ¿Hay lugar para la esperanza?

Hay lugar para la esperanza siempre. Mira el personaje de Blanca Portillo, que es un faro de luz a lo lejos. Yo no digo que todo no tenga remedio, aunque hay cosas que evidentemente no lo tienen, como la edad, la belleza, la altura o la inteligencia. No estamos en fase de desarrollo, sino de decadencia. El paso del tiempo inevitablemente nos trae quebraderos de cabeza, especialmente a las mujeres, porque se nos ha dicho que debemos ser guapas y estupendas y a los hombres tradicionalmente se les exige menos. El paso del tiempo lo notamos más las mujeres. Pero en los preestrenos hay muchos hombres que se sienten igualmente identificados.

¿Cuál es la mejor manera de sobrellevarlo?

Con humor. Por eso esta película también tiene sentido del humor y procura ser irónica e incluso ácida.

Me llama la atención la narrativa que utilizas: un espacio único, un parque, donde se desarrolla toda la acción.

Realmente no me acuerdo mucho de por qué la elegimos pero sí se que fue una decisión en firme. Decidimos que no íbamos a ver sus vidas en sus casas, en sus trabajos o en sus colegios: vamos a dejar que ellas hablen y hacer un ejercicio de pirueta de guion para que vayan ocurriendo cosas que no se van a ver pero de las cuales el espectador va a ser plenamente consciente.

¿Hay alguna motivación detrás de esta decisión de dirección?

Más que de dirección es de guion. Es una decisión previa. Luego llegó el momento de cómo lo grabamos. Ha sido un rodaje curioso y distinto porque yo me grabé todos los paseos en el móvil. Primero fui con el ayudante para elegir todo el camino por el que iban a ir ellas. Hasta hacía los mapas del parque. Aquello era un follón: íbamos con el móvil dando el texto con mi voz, paseando, calculando los tempos. Pasaban los metros y los metros.

¿Cuánto duró el rodaje?

Se hizo en 18 días, todo un récord.

Quiero recordar que fue en Cáceres...

Sí, en el Parque del Príncipe.

¿Hay una evolución en la inclusividad de la mujer en el cine? ¿Has notado una evolución?

Sí, claro que ha habido una evolución en la inclusividad. Vamos a mejor. Es una tarea ardua y las cosas no se están consiguiendo de un día para otro, y desde luego no se están haciendo sin esfuerzo, pero  creo que estamos mejor y que el futuro es muy prometedor.

¿Por qué escogiste a estas tres actrices? No son precisamente unas desconocidas...

Yo con Adriana Ozores he trabajado muchas veces. He hecho tres películas con ella y un cortometraje. Siempre pensé en ella para Julia y además le di el texto hace muchos, muchos años. También pensé en Emma Suárez para Elsa. Nathalie ha sido la última que ha entrado. Aunque ella diga que no es cierto, siempre le suelen dar el papel de mujer dura, pero a mí me apetecía darle un papel frágil, dependiente. Creí que podía ser interesante.

¿Crees que las nuevas plataformas de cine son una herramienta o una amenaza para el cine independiente?

Deben ser una herramienta. Yo no he hecho ninguna película para Netflix ni HBO, pero no me lo tomaría como una amenaza porque pienso que es la evolución lógica del audiovisual. Y esto ya lo vaticinaba mi padre [Elías Querejeta] hace muchísimo tiempo, antes del 2000. Él decía que acabaríamos viendo el cine de estreno en las televisiones, y es lo que está ocurriendo.

Pero tú ya tienes un nombre y probablemente no encuentres tantas reticencias para sacar adelante un proyecto... ¿O sí?

No es más fácil por ser quien soy, y menos en este tipo de películas pequeñas, intimistas, que se suelen quedar en tierra de nadie porque no es un tipo de cine que interese a las empresas privadas.


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