Robert Pattinson, un alma independiente que busca su hueco en Hollywood

El actor cumple 34 años y tiene entre manos el estreno de 'The Batman' y la nueva cinta de Christopher Nolan, 'Tenet'

Robert Pattinson cumpleaños 34

Robert Pattinson durante la presentación de 'High-Life' en el festival de San Sebastián, España, en 2018 / WireImage vía Getty Images / Juan Naharro

Robert Pattinson cumple hoy 34 años, y quién nos iba a decir que aquel apolíneo vampiro llamado Edward Cullen, del que muchos –algunos con muy mala baba– dijeron que no sabía actuar, que tenía una expresión plana y que de guapo no tenía ni el blanco de los ojos, iba a protagonizar hoy, más de diez años después de Crepúsculo, una de las carreras más prolíficas e interesantes de nuestro siglo.

Pattinson nació en Londres un 13 de mayo de 1986. Aunque durante su infancia fue un gran fan de la música y empezó a tocar la guitarra acústica, descubrió un enorme mundo nuevo al empezar a interesarse por el cine independiente. No es de extrañar que entre sus películas favoritas se encuentre Pierrot El Loco, una de las cumbres del cine de la nouvelle vague de Jean-Luc Godard, o la obra magna –con perdón de Amadeus– de Milos Forman Alguien voló sobre el nido del cuco. Fue ese cine el que le motivó a dedicarse en cuerpo y alma a la interpretación, por mucho que sus profesores de teatro del instituto le dijeran que no valía para ello.

Su éxito en el cine llegó, como suele ocurrir habitualmente, por un error. Cuando el joven Pattinson decidió dedicarse a la interpretación e hizo sus primeros pinitos en el celuloide, fue contratado para un pequeñísimo papel en La feria de las vanidades (2004). En el montaje final de la película la directora Mira Nair eliminó las escenas en las que salía Pattinson, y el actor se llevó un chasco.

Sin embargo, Nair se sintió tan incómoda por haberle hecho el feo a uno de sus actores que le consiguió una audición para Harry Potter y el cáliz de fuego. Pattinson llamó la atención de los responsables de casting y finalmente fue escogido para encarnar al joven Cedric Diggory, papel que le reportó fama internacional a pesar de no ser uno de los personajes más relevantes de la trama.

El salto a la fama: Crepúsculo

Mientras buscaba pequeños trabajos en cintas menores y convivía en casa de su agente por falta de dinero, Pattinson escuchó que Catherine Hardwicke, directora de Thirteen y Los amos de Dogtown, estaba buscando jóvenes actores para interpretar el papel de un vampiro en una producción que él, al principio, creía que pertenecía al cine independiente. Hizo la audición, convenció y de la noche a la mañana se embarcó en una saga de películas que le daría reconocimiento en todo el planeta y lo transformaría en un joven de 22 años multimillonario y en uno de los hombres más deseados de la Tierra.

Fama con sabor amargo, por supuesto, porque su interpretación como Edward Cullen, aquel sensiblero vampiro que brillaba cuando le daba el sol y que estaba enamorado de Bella (Kristen Stewart, quien después sería su pareja), no fue muy bien recibida ni por la crítica ni por el público a pesar de arrasar en taquilla. Muchos consideraban sus capacidades interpretativas limitadas y le costó horrores liberarse del encasillamiento propio de quienes protagonzian una saga millonaria de éxito internacional.

Escapar del encasillamiento: Cronenberg, Michôd y Herzog

Tras su paso por Crepúsculo y embolsarse la friolera de 100 millones de dólares, Pattinson siguió en la interpretación y decidió volcarse en proyectos independientes y demostrar su valía como actor. El primero en contactar con él fue David Cronenberg, emblemático director de cintas como La Mosca o Videodrome, quien le escogió para protagonizar su peculiar adaptación de la obra de Tom DiCillo Cosmópolis (2012), justo el año en el que Pattinson terminaba de rodar la saga Crepúsculo con Amanecer, parte 2.

La película no obtuvo buenas críticas, pero eso no impidió que Pattinson y Cronenberg volviesen a colaborar dos años después en la sátira dramática Maps to the Stars, que tuvo una mejor acogida. Ese mismo año, en 2014, el cineasta independiente australiano David Michôd, director del interesantísimo drama criminal Animal Kingdom, le escogió como reclamo publicitario para un western postapocalíptico llamado The Rover, protagonizado por Guy Pierce.

Esta cinta, en la que Pattinson interpretó al hermano de un ladrón que es secuestrado por un hombre solitario, suerte de jinete pálido en un mundo devastado con reminiscencias de Mad Max, pasó sin pena ni gloria por Sitges y, a pesar de ser una buena película, se pegó un batacazo en taquilla: recaudó 2 millones y medio de los 12 que había costado.

Pattinson no se rindió con el cine independiente y se alió con Werner Herzog para ser uno de los protagonistas de La reina del desierto (2015), donde encabezaban el reparto nada más y nada menos que Nicole Kidman y James Franco. Este drama biográfico de aventuras también fue un fracaso en taquilla y fue vapuleado por la crítica, que no entendía cómo Herzog, uno de los iconos del cine alemán, autor de obras maestras como Fitzcarraldo y Aguirre, la cólera de Dios y documentales brillantes como Encuentros en el fin del mundo y La cueva de los sueños olvidados, había rodado una película tan aburrida y desaprovechado el talento de sus protagonistas.

Vuelta a Inglaterra, High Life y El faro

Pattinson debió hartarse de probar suerte fuera de su país y volvió a Inglaterra para protagonizar Life (2015), otro drama biográfico, esta vez inspirado en la relación que mantuvieron el afamado fotógrafo Dennis Stock (Pattinson) y el joven actor James Dean (Dane DeHaan). La cinta tampoco funcionó bien. Ni tampoco lo hizo Z, la ciudad perdida, su siguiente proyecto, que, a pesar de ser una de las obras más interesantes del director James Gray y venderse como una trepidante cinta de aventuras protagonizada por Charlie Hunnam (cabeza de reparto de Hijos de la Anarquía), no recaudó lo esperado aunque sí recibió muchos premios y buenas valoraciones profesionales.

La mala suerte cambió en 2018 con High Life, una inquietante cinta de ciencia-ficción espacial en clave independiente dirigida por la brillante directora francesa Claire Denis. Aquí Pattinson pudo demostrar su capacidad para conducir una trama íntegra, aguantar largos planos de su rostro y darle una profundidad existencial a su personaje, Monte, un astronauta que trata de sobrevivir junto a su hija en una peligrosa misión espacial cerca de un agujero negro.

Pero donde Pattinson dejó boquiabiertos a los fans y a sus detractores fue en El faro, quizás una de las películas de terror psicológico más inquietantes de los últimos años, donde el actor mantuvo un magistral duelo interpretativo con el veterano Willem Dafoe que muchos consideraron digno de, al menos, una nominación al Óscar (el único al que aspiró fue a mejor fotografía, pero 1917 se lo arrebató).

Aquí Pattinson interpretó a un joven aprendiz de farero que poco a poco va perdiendo la cabeza. El aislamiento, la soledad, las inclemencias meteorológicas y su insoportable compañero, un viejo flatulento que no para de insultarlo (Dafoe), acaban minando su moral y convirtiéndolo en un hombre desquiciado que no distingue realidad de ficción (podéis leer nuestra crítica aquí).

Un dulce porvenir

Desde su paso por High-Life, El faro y The King (la última colaboración con David Michôd para Netflix) Pattinson no ha parado de empalmar proyectos. Ha seguido con su afán de colaborar en el cine independiente y se ha aliado con el colombiano Ciro Guerra (El abrazo de la serpiente, Pájaros de verano) y el casi desaparecido Johnny Depp para grabar Waiting for the Barbarians.

Y entre tanta colaboración en cintas independientes, Pattinson se ha propuesto retornar a Hollywood, solo que esta vez quiere hacerlo bien y escoger proyectos de gran calidad con los que pueda demostrar que es un actor con talento. No es de extrañar que los dos siguientes pasos de su carrera los haya dado con Matt Reeves (El amanecer del planeta de los simios) y Christopher Nolan (El caballero oscuro).

Con Reeves recuperará (otra vez, sí) la historia de Batman: Pattinson encarnará una nueva versión de Bruce Wayne y su contraparte nocturna, el Hombre Murciélago. Las primeras imágenes del rodaje nos han dejado con muy buen sabor de boca, y aunque muchos se han reído del traje y la batmoto de The Batman, todo pinta a que Reeves es un cineasta metódico que sabe lo que tiene entre manos y no piensa dar un paso en falso.

Tampoco es casualidad que Christopher Nolan haya escogido a Pattinson para otro proyecto que nada tiene que ver con Batman ni su Caballero Oscuro. Se trata de Tenet, cinta épica de acción con espacio-tiempo reversible (sello de la casa Syncopy) en la que el actor de Crepúsculo interpreta a uno de los dos protagonistas en una trama que, aún, no ha quedado del todo clara, pero que promete ser tan enrevesada y sesuda como la de Origen o Memento.

De momento, a sus 34 años, la carrera de Pattinson es envidiable, y aún le queda mucho recorrido por delante. De hecho, hay quien dice –entre los que me incluyo– que su auténtica trayectoria profesional no acaba más que empezar.


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