Miguel Gane: “El amor propio es la cura del amor ciego”

Hablamos de amor con el poeta más vendido en nuestro país que ha conectado con las nuevas generaciones

Miguel Gane

Miguel Gane publica 'La piel en los labios'. / Foto cedida por Aguilar

Miguel Gane, es un joven rumano afincado en Madrid desde niño, que encontró en la poesía la mejor manera de expresarse. Las redes sociales fueron su trampolín y ya tiene cuatro libros publicados. Tres poemarios y una novela en los que expone su vida y su forma de entenderla, sentirla y vivirla.

Es uno de esos instapoetas, aunque a él no le guste este apelativo, que ha conectado, preferentemente con mujeres entre 18 y 35 años. Carmen Chaparro o Sara Carbonero ya han compartido su trabajo. Ahora, comparte con ellas y todo el que quiera acercarse a su escritura, La piel en los labios, una nutrida colección de poemas que relatan el comienzo, desarrollo y final de una relación sentimental centrándose, principalmente, en el lado más carnal.

El libro de poesía más vendido en el país, ¿qué te hace sentir eso?

Sobre todo, agradecimiento. Los escritores necesitamos de un pilar fundamental que son los lectores y, sobre todo, agradecimiento. También da vértigo porque uno no es puramente consciente del punto en el que se encuentra y también lo disfruto un montón el hecho de haber trabajado durante tanto tiempo y ver que está dando buenos resultados, por el momento y que la gente me escribe y les apasiona el proyecto y eso es ilusión total.

Al final, los que estamos más acostumbrados a leer más novela que poesía, tendemos a llevarnos este tipo de libros a ese formato. Cuando acabé este libro tuve la sensación de haber leído una comedia romántica pero no con uno de esos finales a los que estamos acostumbrados. Una comedia romántica con mucha montaña rusa. Parece obvio, pero por confirmar, ¿es autobiográfica?

La poesía no la entiendo de otra manera que no sea autobiográfica. No sé escribir si no he vivido las cosas, no sé escribir si no tengo las cosas dentro de mí y necesito sacármelas fuera para explicármelas. Tampoco sé decirte si una comedia romántica…

Entre romántica y erótica…

Me refería más a lo de comedia. A veces es tan triste, tan dramático, que sí es verdad que a veces hace gracia. Aquí me fui más al lado carnal y lo que trataba de explicar era el encuentro y la despedida desde el punto de vista de la carne.

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Cuentas una historia de amor y desamor con la perspectiva del tiempo. ¿Una prueba de que el amor se vive de manera diferente cuando lo vives dese dentro que cuando lo vives desde fuera?

Desde luego, cuando lo ves desde fuera eres mucho más teórico que cuando lo ves desde dentro. Desde dentro, la teoría que tú les cuentas o aconsejas a tus lectores y amigos, como que no aplica mucho. Te ves en las mismas situaciones que ellos y viene esa frase famosa y magnífica que es ‘te lo dije’. Caes en los mimos errores. En general, lo que intenté plantear es esa tercera persona. Es parte autobiográfica pero también escribo sobre cosas que veo desde fuera.

Cuando empecé a leerlo, con toda esa intensidad de un enamoramiento en sus comienzos, confieso que sentí envidia y llegué a pensar que el amor existe para siempre… luego la historia va evolucionando y desapareció esa sensación, ¿está escrito el final de esta historia?

No lo sé. Es cierto que ahí es donde entra la parte de la comedia, al principio con toda esa intensidad. No sé si está escrito el final. Digo al final del libro que, dentro de las parejas y las relaciones, ya sean presentes o pasadas, entiendo que hay momentos especiales, fechas especiales, acontecimientos especiales, lugares especiales… creo que cada relación y pareja vuelve a revivir un poco más, aunque esté en las cenizas, el día que se vuelve a topar con esa fecha, con ese lugar, vuelven a ese recuerdo. No creo que las relaciones se terminen en un punto, sino que van a durar a lo largo del tiempo hasta que la memoria decida difuminarlas.

Tras leer los poemas y la manera en que cada parte de la pareja se enfrentaba a la relación habrá quien piense que ‘el amor es ciego’, ¿tú que crees?

Hay un poema que hace referencia a ese amor ciego, es el poema de “aunque lleve una venda en los ojos sigo viendo luz”. Hago un poco referencia a los creyentes. Critica un poco la religión. No sé si el amor es ciego, pero sí es cierto que llega un punto en el que estás tan metido dentro de la relación que pierdes la perspectiva general de las cosas y eso no está bien. Al fin y al cabo, uno se encuentra a gusto cuando va por un camino, pero muchas veces se tiene que parar y mirar desde arriba qué es lo que va a venir adelante. Si delante hay un precipicio, si hay una piedra, si hay una tercera persona, se puede hacer daño. Es un poco lo que perdí y es donde meto ese concepto del amor ciego porque caminas con una venda en los ojos fiándote de la otra persona. Sí es cierto que al final del libro redimo ese error y trato de llevarlo hacia el amor propio que es la cura del amor ciego.

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Llegas a endiosar a la mujer y cuando hay un Dios es difícil no situarse en un plano inferior (yo creo que el politeísmo en el amor es raro), ¿te sentías en ese plano?

Me sentía en ese plano en esa relación, pero luego me di cuenta de una cosa, de que a los dioses los creamos los hombres. Sin nosotros, no existen. Nos pone en esa tesitura de decir, ‘bueno, no pasa nada, tampoco pasa nada por haber sido un hombre y hacer esas referencias carnales hacia el endiosamiento’. Hay un poema que es una revisión del Padre Nuestro más erótica… pero fue cuando recuperé esa perspectiva y lo pude ver desde arriba.

Hablando de dioses, hay sexo y pecado original. Hay, como decías, Padre Nuestro, ¿herencia de una educación religiosa o una excusa para permitir que te llamen hereje?

Buena pregunta. Es la primera, la segunda me da igual. Crecí con el Padre Nuestro y otros tantos rezos que no dejan de ser poemas, en mi día a día. En mi contexto existía mucho y dije ‘voy a intentar hacer esto de una manera diferente, voy a intentar darle otro enfoque’. Sí es verdad que se puede interpretar como provocación por parte de mucha gente o falta de respeto, pero no lo hice desde esa perspectiva. Quería darle otro enfoque y tocar, para mí, un tema que fue tan esencial o que estaba tan presente como la religión.

Cuando se habla de sexo y de intimidad con tanta exposición, ¿qué deja al misterio de la próxima que quiera conocerte?

Esa es otra de las preguntas que yo me he estado haciendo mucho. Creo que cada relación depende de la persona que tienes al lado y, precisamente por eso, las relaciones son bonitas, porque encontramos personas que nos hacen ser de diferentes maneras, que nos hacen amar de diferentes maneras, tener relaciones sexuales de diferentes maneras…ahí está la esencia y la magia de todo, porque si no, sería muy aburrido.

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¿Hay límites a la hora de compartir intimidad?

No lo sé, supongo que sí los habrá. Tristemente yo no me hice esa pregunta antes de publicar el poemario. No lo cambiaría, pero sí que a lo mejor volvería a escribir poemas sobre la intimidad o hasta dónde puede llegar. La manera que tengo para responderme a esas preguntas que yo mismo me hago es escribir.

¿Pero has encontrado la respuesta?

Todavía no, todavía no la he encontrado. Sí es cierto y a lo mejor divago un poco, pero creo que en este libro no me he pasado mucho. Sí que es cierto que algún poema le hubiese dado otra vuelta o lo hubiese complementado con otro.

Dices que crees que no te has pasado en esa exhibición de la intimidad, pero, yo no sé si la otra parte de esta relación pensará lo mismo…

Claro, es que luego está la otra pregunta…

¿Se pide permiso?

Sí, ella fue la primera persona en leer el libro. Por ese lado no hubo ningún problema ni ningún inconveniente. Mi visión es mucho más generalista. Luego está la otra perspectiva. Muchas veces somos los escritores los que contamos nuestra visión de los hechos, pero tenemos que encontrar que para llegar a la verdad tiene que haber varias versiones de los hechos.

Nos falta leer su poemario…

Ojalá que sí, me encantaría, pero no sé si va a ser posible.

Madrid, París, Londres… ¿el amor con aventura es más intenso?

El amor con aventura es más intenso y, además, yo tengo el encabezonamiento o no sé lo que es, de meterme siempre en amores a distancia, tengo cierta debilidad por lo imposible. parece que las cosas fáciles me aburren. Luego uno lo pasa mal, descubre cosas que no le gusta descubrir, entiende cosas que no le gusta entender, con lo fácil que es tener a tu pareja cerca y salir a tomar un vino un martes cualquiera o ir a ver una película, no, parece que solo me atrae lo difícil o casi imposible.

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Tu forma de escribir ha conectado muy bien con el sector femenino. Aquí hablas de la mujerología como una asignatura pendiente de todos los hombres. Se llamaba mujer, es un alegato contra la violencia de género, ¿cuál es la semilla de todo esto?

Hay muchos factores. Vengo de un entorno violento, la Rumanía de finales de los 90, principios de los 2000 que la violencia contra la mujer era una cosa que se servía a diario en cada plato, en cada familia. De alguna manera naturalicé y entendí que eso era lo que tenía que pasar y, cuando vienes aquí te encuentras con esa evolución, con el feminismo, con lo que dicen muchos autores, con otra perspectiva, y tienes que deconstruirte. La sensibilidad esta viene un poco de ahí. Mi madre siempre ha tenido un papel importante, y mi abuela, crecí con mujeres porque los hombres de la familia trabajaban y es una manera de saldar deudas con todo ese pasado que yo viví y nada pude hacerlo más que verlo e interiorizar para luego deconstruir.

“Un verso blando lo escribe cualquiera, pero uno de sangre, solamente sale de un corazón que, de tanto morir, ha aprendido a amar la vida”. Qué dureza, ¿no?

Recuerdo especialmente la circunstancia, la hora, la noche en la que escribí ese poema. Eran las tres o cuatro de la mañana, sabía que quería darle un comienzo al libro y mi primer poemario lo escribí cuando tenía 18-20 años, un poco más adolescente, más juvenil, era mi edad, la manera en la que escribía en ese momento. Vivía en otra casa y recuerdo que escuchaba el camión de la basura cuando venía y recogía los restos que había en la calle. Esa noche, volvió a aparecer de algún lado el ruido del camión de la basura y fue como volver al pasado, a cuando escribía ese primer libro. Y entendí que ya no escribí Con tal de verte volar, sino que escribía La piel en los labios y que ya no estaba en ese momento de mi vida en el que uno tiene problemas sin saberlo, está hundido en ese mundo gris y negro, cuando tiene 20 años. Ahora que viví cosas entendí que ahí no estaba la solución, ni siquiera la pregunta, sino una autodestrucción autoimpuesta que era la manera que tenía para canalizar ciertos sentimientos. Han sido 6 años en los que viví, aprendí, y es un corazón que de tanto morir ha aprendido a amar la vida.

Has aprendido a amar la vida, pero te lo ha puesto difícil. Con 9 años viniste a España como recoges en tu novela anterior, ¿se pierde el sentimiento de inmigrante?

No, con eso se va a vivir toda la vida, siempre. Aunque vaya para mi tierra, voy a seguir siendo inmigrante. Es condición intrínseca del ser humano que lleva casi 20 años fuera de casa, uno siempre va a ser de otro lugar, va a ser de todos los sitios y de ningún sitio. Cuando digo casa tiene que ver con mi pueblo, que no tiene que ver con mi país, sino que mi casa es mi pueblo, le tengo mucho cariño. Me siento muy en paz cuando voy allí. Hay versos en este poemario que habla de eso. Cuando estoy aquí soy el poeta rumano afincado en Madrid y cuando voy para allá soy el escritor rumano afincado en España.

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En España, ¿no te sientes en casa?

Uno se siente en casa cuando encuentra gente que le quiere un montón, pero no es el mismo sentimiento. Aquí me siento muy bien, la mayoría de mi gente está aquí pero cada vez que voy allí, en ningún lado se duerme mejor que en casa. Cuando voy para allá, a mi pueblo, me arreglo el sueño que lo aprecio un montón y siento la paz que te da despertarte y lo primero que haces es levantarte y ver la montaña.

El coronavirus y todo lo que rodea a esta situación, ¿te inspira o te bloquea?

Me ha pasado de todo. Al principio de año y estábamos todos encerrados, siempre he pensado que ahí hemos entendido un poco lo que es el escritor, porque nosotros pasamos la vida encerrados, la verdad. Terminé este poemario y le dediqué mucho tiempo y por ese lado me viene my bien. Empecé otro proyecto, otro poemario y me pude centrar en él y el resultado fue satisfactorio a nivel personal porque no va a tener mayor trascendencia, me reconfortó. Sí que me pasó con la lectura, he sido incapaz de leer muchos libros. Sin embargo, veo mucho cine.

Las redes sociales han cobrado más importancia que nunca en esta época donde el contacto está tan limitado, ¿lo has notado como instapoeta que eres?

A mí no me gusta lo de instapoeta, uno no es instapoeta, es poeta o no lo es. Lo comparo si hay algún escritor que sale en televisión no puede ser telescritor. Las redres sociales son un medio para difundir nuestro trabajo como lo es la prensa escrita. Sí es cierto que han hecho un trabajo fundamental y estos meses han funcionado de una manera más rara pero ahí sigo al pie del cañón, además, me gusta mucho la interacción con el público, con la gente que me lee por allí.

¿Ya sabes si usó la boca para morderte o para besarte o esa pregunta nunca tendrá respuesta?

Esa pregunta creo que nunca tendrá respuesta y, además… bueno, sí la tiene. La respuesta la sabe simplemente ella y prefiero quedarme con la duda y no contestármela nunca porque, de una manera u otra, siempre vas a acabar perdiendo. Prefiero dejarlo en el aire y que sea el lector el que decida.

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Para acabar, ¿qué botella de vino abriste para celebrar este lanzamiento?

(Risas) Soy muy fan del vino blanco y de Rueda y creo que recordar que un Perro Verde en esta ocasión. Un buen vino frío de Rueda… también me abrí una cervecita, una Alhambra, la roja, es mi favorita.


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