Así fue la ‘noche épica’ de Madonna y Michael Jackson en los Oscars

Madonna y Michael Jackson aparecieron juntos, de la mano, y dejaron atónitos a millones de espectadores que presenciaban la gala de los Oscars

Así fue la ‘noche épica’ de Madonna y Michael Jackson en los Oscars

Madonna y Michael Jackson en los Premios Oscars de 1991 / Ron Galella (Getty Images)

El 25 de marzo de 1991, en el evento más brillante de Hollywood, dos reyes del pop iluminaron la alfombra roja y convirtieron la noche en leyenda. Madonna y Michael Jackson aparecieron juntos, de la mano, y dejaron atónitos a millones de espectadores que presenciaban la gala de los Oscars. Años después, la ‘ambición rubia’ confesaba que había sido “la mejor cita de mi vida”. Se cumplen ahora 30 años de aquel paseo histórico de la realeza y de todo lo que ocurrió antes, durante y después de aquella “noche épica”, como la calificó Ciccone.

La invitación de Madonna a Michael: “¿Quieres venir?”

En la 63º edición de los Premios Oscar, Madonna estaba nominada por su canción Sooner or later (escrita por Stephen Sondheim para la película Dick Tracy) y había sido invitada para cantar el tema durante la gala. Pero, sorprendentemente, no tenía con quién ir, así que se lo propuso a Michael Jackson: “Habíamos empezado a trabajar juntos, y no tenía a nadie que me acompañara a la gala. Michael me dijo algo así como ‘Bueno ¿con quién vas a ir?’. Yo le miré y contesté ‘No lo sé. ¿Quieres venir?’. Y él dijo ‘Sí, eso sería magnífico’”.

Realmente fue algo magnífico cuando los dos aparecieron juntos, cogidos de la mano, paseando sonrientes por la alfombra roja del Shrine Auditorium de Los Ángeles. Y eso que tuvieron que entrar por una puerta lateral, cuando la ceremonia ya había empezado. Lo decidieron así los organizadores del evento, previendo que el gran revuelo que causaría su presencia, centraría toda la atención en ellos y ensombrecería al resto de artistas.

Dos estrellas del pop que ensombrecieron a los astros Hollywood

Madonna llegó resplandeciente, transformada en Marilyn Monroe (a quien copió con frecuencia entre 1983 y 1993), con el pelo rubio platino ondulado y toda de blanco. Vestía un traje largo plateado de corte sirena, bordado en diamantes, del diseñador Bob Mackie (valorado en 25 millones de dólares). Completaba el look con largos guantes blancos, una estola, zapatos de satén y joyas de diamantes (pendientes, collar y pulseras) prestadas por Harry Winston, de más de 20 millones de dólares.

Michael optó por su look clásico: un blazer blanco de lentejuelas, camisa blanca con un impresionante broche en lugar de pajarita, un enorme cinturón dorado que colgaba de modo ‘casual’ sobre las caderas, pantalón negro brillante, botas de charol y guantes negros.

Al día siguiente, protagonizaron los titulares y las portadas de periódicos y revistas. Solo se hablaba de ellos… al final opacaron incluso a los ganadores de los Oscar.

Michael Jackson y Madonna en los Premios Oscar de 1991 / David McGough (Getty Images)

La actuación de Marilyn Monroe que embelesó a Michael

Una vez en el interior, los dos ocuparon sus asientos en primera fila. Madonna dejó su sitio durante un tiempo… solo para aparecer sobre el escenario y ofrecer una actuación que no dejó a nadie indiferente. Ni a Michael Jackson, que miraba embelesado a su pareja esa noche mientras cantaba el tema principal de Dick Tracy. A pesar de los nervios (era la primera vez que actuaba en los Oscar) su reencarnación en Marilyn Monroe en el Shrine, impactó a todo el mundo.

Y como broche final de la velada, Sooner or later ganó el Oscar a Mejor Canción Original.

“¿Quieres saber lo que pasó después?. No te lo voy a contar”

Cuando el show terminó, “fuimos a Spago, había una gran fiesta y estuvimos horas y horas...” contaba Madonna. Esas fiestas ‘after-Oscars’, organizadas por el agente Swifty Lazar en el restaurante Spago eran incluso más famosas que las propias galas. La revista People estuvo allí y publicaba en su edición del 15 de abril de 1991, que a Michael se le complicaron las cosas: “Después de susurrar y reír en el coche, la ‘chica material’ abandonó a su pareja y saltó sobre la mesa de Warren Beatty. Pero todo terminó bien cuando Michael se encontró con su amiga Diana Ross, antes de que Madonna regresara y se uniera a él para realizar una gran salida. Todo el mundo pensó que la pareja de estrellas había pasado una noche estupenda”.

“Después de la fiesta”, contaba entonces Madonna, “Michael me llevó a mi casa. ¿Quieres saber lo que pasó después?. No te lo voy a contar... Creo que leímos libros, incluso tengo toneladas de álbumes de fotografías de esa noche”.

“Besos con lengua en la boca”

Veinticinco años después, lo contó. Fue en The Late Late Show, cuando James Corden preguntó a Madonna por su amistad con Jackson, en la sección del programa Carpool Karaoke. La cantante respondió que se habían dado “besos con lengua en la boca”, añadiendo que fue ella quien había tomado la iniciativa porque él era demasiado tímido. “No obstante, él fue un cómplice dispuesto. Hice que se relajara con una copa de Chardonnay y funcionó de maravilla” remataba.

La de los Oscars, no era la primera, ni sería la única vez que Michael y Madonna compartían velada. Una semana antes, el 18 de marzo de 1991, fueron fotografiados en el restaurante The Ivy, en Beverly Hills, despertando todo tipo de rumores. Supuestamente, en esos encuentros hablaban de una posible colaboración musical. "Estamos trabajando en ello”, confesaba la cantante. “Los dos somos perfeccionistas... estoy contenta, es una gran experiencia, él tiene un gran talento musical. Espero poder terminar y ya veremos lo que hacemos”. Sin embargo, ese proyecto nunca se materializó.

“Yo invito, yo conduzco, solos tú y yo”

En septiembre de 2009, tres meses después del fallecimiento de Michael, Madonna sorprendió al público en los MTV Video Music Award con un largo discurso en homenaje al ídolo en el que mencionaba esa cena en The Ivy: "No puedo decir que fuéramos grandes amigos, pero en 1991, decidí que quería intentar conocerle mejor. Le pedí que saliéramos a cenar. Le dije 'Yo invito, yo conduzco, solos tú y yo’. Él accedió y apareció en mi casa sin ningún guardaespaldas. Fuimos al restaurante en mi coche. Estaba oscuro, pero él todavía llevaba puestas las gafas de sol. Le dije 'Michael, siento como si estuviera hablando con una limousina. ¿Crees que podrías quitarte las gafas para verte los ojos?'. Entonces, las arrojó por la ventana, me miró guiñándome un ojo y sonriendo me dijo '¿Puedes vérmelos ahora? ¿Esto es mejor?".

"En ese momento, me di cuenta de su vulnerabilidad y de su encanto”, continuaba su discurso. “Durante el resto de la cena, yo me empeñé en que comiera patatas fritas, bebiera vino, se tomara postre y dijera palabras feas. Cosas que parecía que nunca se permitía a sí mismo. Más tarde, regresamos a mi casa a ver una película y nos sentamos en el sofá como dos niños, y en algún momento, en mitad de la película, me agarró la mano. Sentí como si fuera más un amigo que un romance, y estaba feliz con ese vínculo. En ese momento, no se sentía una superestrella. Era un ser humano".


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