“Leer una escena en la que dos chicos practican sexo es un trabajo que le va a costar a mucha gente”

Adriano Moreno debuta con una comedia romántica lgtbi

Portada de 'Si me dijeras que sí'

Portada de 'Si me dijeras que sí', la primera novela de Adriano Moreno. / Foto cedida por Suma de Letras

Benjamín López, Benji para los amigos, es un chico de 18 años que un buen día decide independizarse de su familia y salir del pueblo para poner rumbo a Madrid y empezar a estudiar periodismo. Esa es la excusa, por lo que realmente quieres es encontrar un sitio donde pueda ser él mismo, un joven gay que quiere sentirse libre sin ser juzgado.

En la Universidad conoce a María, El Murciano y Naomi y juntos formaron Las cuatro Españas, un grupo de amigos con los que compartir esa experiencia vital que se vive con tanta intensidad. Fiestas, amores, miedos, inseguridades, descubrimientos, gente nueva… lo típico a esa edad.

Este podría ser el resumen de la próxima serie juvenil de Netflix, y ojalá lo sea algún día, pero de momento es el argumento de la primera novela de Adriano Moreno, nuestro compañero de LOS40. Ha dado forma a una historia iniciática sin etiquetas ni tabúes que viene a demostrar que la comedia romántica lgtbi tiene su hueco.

Música, cine, series y mucho sentimiento es lo que encontraremos en esta historia que te dejará con ganas de más.

Conociéndote un poco: Fantasía o comedia romántica, ¿no dudaste entre un género u otro para tu debut?

Sí dudé porque cuando me puse en serio a escribir historias, todas las que empecé eran de literatura fantástica y de ciencia ficción porque es un género que me ha gustado siempre. Intenté escribir una novela así, pero me pareció tan complicado que opté por empezar con algo que me tocara de cerca y como me gustan las comedias románticas, empecé a pensar en esta historia. Le he cogido el gusto, después de haberla escrito. Creo que me voy a quedar un tiempo en este tipo de literatura, aunque sí que me gustaría escribir algún día una novela fantástica.

Cualquiera que termine de leer tu novela se preguntará qué tiene de biografía y qué de ficción.

La novela tiene muchísimo de mí. Benji tiene mucho de mí, pero no quiero contar qué es verdad y qué es mentira. Quiero que la gente fantasee con qué es realidad y qué no. Benji coincide conmigo en el planteamiento absoluto de la novela: un chico manchego que se va a Madrid a estudiar periodismo y es una excusa porque, en realidad, lo único que quiere es vivir su vida y su sexualidad sin miedos y las inseguridades que le da su pueblo. No me gusta decirlo así, pero yo también hui de mi pueblo porque estaba convencido de que allí no iba a poder ser yo mismo.

No estamos acostumbrados a comedias románticas homosexuales, ¿te sientes un poco pionero?

No quiero parecer prepotente y decir que sí porque hay muchos autores que están escribiendo este tipo de historias, pero este género en concreto, el del ‘chick lit’, del que Elísabet Benavent es representante, sí me gustaría ser un poco altavoz del ‘chick lit lgtbi' que todavía no está muy explotado. Me encanta este tipo de literatura y ojalá poder seguir escribiendo estas historias que son super necesarias.

La comedia romántica en literatura, salvo contadas excepciones, suele estar copada por escritoras femeninas, ¿te sientes un poco intruso?

Me siento el novato en un género que sí es verdad que lo comandan mujeres y me encanta que así sea, pero creo que en el género de la comedia romántica lgtbi faltan tanto chicos como chicas que escriban más historias de este tipo. No me siento intruso, me siento afortunado de formar parte de este nuevo movimiento literario.

Le añades la coletilla de LGTBi a la comedia romántica, ¿es necesaria?

No, no es necesaria. En la novela hablo mucho de etiquetas y al final, la literatura está repleta de ellas. La sociedad está acostumbrada a etiquetarlo todo. A mí me gustaría en un futuro que la comedia romántica lgtbi fuera universal y poder quitar esa etiqueta. Que se hablase de historias de amor independientemente de que fueran homosexuales, heterosexuales… Yo he crecido solo viendo o leyendo comedias románticas en las que chico conoce chica y viceversa. Si a mí, que soy muy gay, me han encantado ese tipo de historias, ¿por qué a un heterosexual no le puede gustar una comedia romántica protagonizada por dos homosexuales? Hay que quitarse los complejos y escapar de los convencionalismos.

Hace unos años (y no tantos) tu novela hubiera sido un escándalo, ¿eres consciente de eso?

Soy consciente de que hace unos años esta novela no me la hubiesen publicado porque, al final, es una apuesta muy arriesgada. No solo porque es una comedia romántica protagonizada por dos chicos homosexuales, sino porque es una novela romántica que tiene sexo y la gente no está acostumbrada a leer erotismo gay. Leer una escena en la que dos chicos practican sexo es un trabajo que le va a costar a mucha gente. Se puede echar las manos a la cabeza, pero yo encantado de que se escandalice con esta novela.

Bueno, con series como Élite o Sex Education, parece que la gente se va acostumbrando a este tipo de cosas, ¿no?

Totalmente, en lo audiovisual se están haciendo muchas cosas enfocadas en el colectivo lgtbi. Élite, Sex Education, Veneno… estamos viviendo una revolución en ese sentido, en todos los sectores, y yo estoy muy feliz. Pero si alguien coge la novela y se escandaliza con mi historia, es su problema.

¿Has tenido referentes?

He tenido referentes audiovisuales, sobre todo. He sido lector desde muy pequeño, pero en la adolescencia, que es cuando empiezas a descubrir quién eres y te agarras a la literatura y el cine, yo buscaba títulos con los que me pudiera sentir identificado, pero era imposible. En lo audiovisual me costaba menos porque era más íntimo. Me daba mucha vergüenza ir a la librería de mi pueblo a pedir una novela gay porque significaba que me estaba delatando y no lo hacía. Tardé muchísimo en leer literatura gay. Pero ahora, en los últimos años hay un autor, Adam Silvera, que me gusta mucho. O Becky Albertalli, la de Con amor Simón o André Acima, el de Call me by your name. También hay autores españoles que se están haciendo paso como Juan Arcones o Íñigo Aguas.

Hablas en tu novela de ‘salir del armario’ ¿es un concepto que gusta o que no gusta en el colectivo lgtbi?

No sabría que decirte… salir del armario es un concepto que algunos piensan que está anticuado, pero yo creo que representa un paso que, por desgracia, tiene que dar un homosexual hoy en día. De primeras te etiquetan de heterosexual y se da una situación en tu familia y grupo de amigos en el que tienes que dar ese paso que, popularmente se conoce como ‘salir del armario’. Es un concepto que siempre va a estar pegado a los homosexuales, aunque estaría bien que en un futuro no fuera necesario y nadie tuviera que dar explicaciones por su condición sexual.

¿Cuál es el mayor miedo para hacer pública tu condición sexual?

En mi caso era el rechazo. Me daba miedo que me rechazasen o que me gritaran ‘maricón’ por la calle, que pasó alguna vez en el instituto, en mi pueblo. No considero que me hayan hecho bullying pero las personas que en el instituto somos ambiguas se lo ponemos en bandeja a los intolerantes para que nos llamen todo tipo de cosas. Tardé muchísimo tiempo en salir del armario. Yo llegué a Madrid con esa excusa, pero hasta tercero de carrera, con 22 años, no salí del armario. Llegué con la esperanza de ser yo mismo y me vi envuelto en lo mismo de lo que quería huir en el pueblo. Me costó muchísimo, pero llega un límite en el que te da todo angustia y no estás viviendo, no verbalizas todo lo que te gustaría verbalizar. Cuando estaba en el pueblo y mis amigas se ponían hablar de chicos pensaba: ‘qué envidia, a mí me apetece decir ese está bueno, mira el otro’.

A ti te costó ‘salir del armario’, pero una vez que lo hiciste, ¿fue para tanto?

Si un chico que está en el armario me pidiese consejo le diría ‘no es para tanto y has estado muchos años perdiendo el tiempo’. Pero cuesta tanto que en la vida se me ocurriría pedirle a una persona que saliese del armario. A día de hoy sigue costando.

Por eso es noticia que gente como Pablo Alborán siga hablando de esos temas, ¿no?

Es un tema polémico. He discutido mucho con amigos sobre la salida del armario de Pablo Alborán. A mí me parece muy importante que lo hiciera. Los más detractores dicen que era una estrategia de marketing o que lo hacía ahora que ya es famoso. Pero a mí me parece muy valiente que lo hiciera porque se convierte en el representante para ese niño de 15 años que es gay y le da miedo contarlo. A mí me hubiera gustado cuando tenía esa edad que un chico joven, con éxito, hubiera dicho eso: 'soy gay y no pasa absolutamente nada'.

Hay cosas para las que da lo mismo el género, el helado es la mejor cura para el desamor seas chico o chica, ¿no?

(Risas) La verdad es que sí. Benji toma mucho helado durante la novela. Yo siempre he sido un chico muy dulzón y el helado cuando tienes un día de esos malos, grises, lluviosos, que piensas que todo el mundo está en tu contra y que no vas a encontrar el amor en la vida, al final, te comes un bol de helado y se te pasan todos los males.

Y si no te ponías películas de Lindsay Lohan y Amanda Bynes, ¿no?

También. La novela tiene un montón de referencias de películas que es algo que también comparto con el protagonista. Me han ayudado mucho las comedias románticas de Hollywood, pero también me han jodido un poco la vida porque durante un momento de mi vida idealicé tanto el amor que me enamoraba en seguida de cualquiera. Pensaba que el amor era eso, una película, un tráiler a cámara lenta con un final feliz.

Es una novela de iniciación, ¿qué es lo mejor y lo peor de la vida universitaria?

El primer año de la universidad me marcó muchísimo porque llegué a Madrid solo, no conocía absolutamente a nadie. Pasé un día muy malo después de que mi familia se fuera. Me acuerdo de ponerme a llorar muchísimo, que yo nunca lloro, y al día siguiente, que era el primer día de la Universidad, se me había pasado todo y estaba con esa euforia de descubrir cosas nuevas. Para mí eso es lo mejor de la universidad, la euforia que vives con la amistad, la fiesta, estar lejos de tu familia, no hay toque de queda, lo vives todo super intensamente y conoces mucha gente que te marca, aunque no la vuelvas a ver nunca más.

De hecho, en la novela comparas la universidad con Gran Hermano, todo se magnifica, ¿te sentiste protagonista de un reality?

Todo se magnifica porque no tienes ataduras más allá de tu compromiso con los estudios y lo vives todo intensamente. Lo peor es que al final es como una especie de ilusión. Son cuatro o cinco años con muchas cosas que vives de manera intensa, pero cuando terminas y empiezas a trabajar, maduras, todo eso desaparece. Te enfrentas a la vida real y si quieres ser una persona de provecho no puedes vivirlo todo como en la universidad.

Hay mucho de cultura popular en tu novela, ¿es la clave para hacerlo más cercano?

No sé si es la clave, pero es lo que me sale. Me encanta la cultura pop, el cine, la música, la televisión. Desde pequeño lo he tenido super metido entre mis hobbies. Yo no jugaba al fútbol o escalaba en la montaña, mis hobbies eran sentarme toda una tarde y toda una noche a ver series de televisión, ponerme música a todas horas e ir al cine. He estado tan empapadísimo de cultura pop toda mi vida que cuando empecé a escribir esta novela, me salió solo.

Chicas malas… ¿hay todavía alguien en tu grupo de amigos que no la haya visto?

Para mi desgracia, bastantes. Chicas malas es una película de culto para toda mi generación porque no es la típica comedia romántica. La protagonista, Lindsay Lohan, no es la típica chica que se enamora y vive su proceso de drama, sino que hace un crecimiento personal durante la película. Una joven que llega de África y se convierte en villana. Ojalá vuelvan a hacer una segunda parte, pero con las protagonistas originales.

Benji se enamora de Tito, un rubio de ojos azules, con cuerpo de futbolista de primera división, ojos de Maxi Iglesias y labios de Channing Tatum… ¿una fantasía personal?

(Risas) No, para nada, pero sí que quería que el crush de Benji fuera una persona que físicamente llamara mucho la atención porque necesitaba contar algo que me pasaba a mí mucho que era lo de tener amores platónicos. Me enamoraba todo el rato de ese tipo de chicos que eran perfectos, con labios muy sugerentes u ojos muy llamativos y Maxi Iglesias y Channing Tatum tienen ese tipo de físicos que mezclados me podían llamar la atención.

Puestos a buscar referentes en el cine, ¿a quién verías interpretando a Benji y a Tito?

A Benji lo tengo tan interiorizado que no te sabría decir a quién porque, además, la gente que se me puede venir a la cabeza son ya mayorcitos para hacer el papel y me gustaría que quien lo representase tuviera entre 18 y veintipocos años, pero no un actor de 30 años. De Tito lo tengo más claro porque tuve una época en la que uno de mis referentes era Miguel Bernardeu, el de Élite. Y cuando salió Veneno, vi a otro actor, que ahora está haciendo Alba, que se llama Enric Massip, con una mirada que dije ‘es mi Tito’. Pero físicamente, es más Miguel Bernardeau.

Tiene todos los ingredientes para ser la próxima serie juvenil de Netflix. Conociéndote podría asegurar que sería un sueño cumplido, ¿no?

Dios te oiga. Con el tema de las adaptaciones soy bastante especialito porque me encanta que se hagan adaptaciones de las novelas que leo, pero que se hagan bien, que parece muy lógico, pero luego pasan cosas que dices ‘joder’. Me encantaría ver mi historia en pantalla y creo que mi novela es muy visual. Es fácil de adaptar.

Hay muchos personajes secundarios muy potentes, sus amigos de Las cuatro Españas; Jimena, la amiga del pueblo; Marilia, su casera; Lázaro, su compañero gay de la universidad… ¿a cuál le has cogido más cariño?

Te diría que María y Naomi. Naomi es la amiga que a cualquiera le gustaría tener, la amiga que siempre está ahí, que te va a apoyar hagas lo que hagas, que te va a ayudar, aunque la ayuda que te dé no siempre es la que quieres. Es la típica amiga que cualquier persona merece tener al lado. Y María Jiménez es la típica amiga que te revoluciona, saca tu vena más gamberra y divertida, una tía todoterreno que arrasa por donde pasa. A mí me parece de los personajes más cómicos de la novela y va a gustar mucho.

Benji acaba recurriendo a Tinder, ¿es casi obligado en los tiempos que corren?

En cuanto salí del armario cogí el móvil, me bajé Grindr y lo utilicé. No es obligado, pero creo que las últimas generaciones han crecido con las tecnologías y las redes sociales y estas apps vienen a ocupar la cuota en el terreno "sentimental". Considero que estas apps son más para mantener relaciones sexuales. Ahora no las utilizo, pero entonces estaban muy sexualizadas. Yo me acuerdo que en ese tipo de aplicaciones te preguntaban si eres activo o pasivo de primeras, ni un ‘hola’ ni un ‘qué tal’. En mi época, que a lo mejor ahora es la cumbre del amor.

¿Cómo va la segunda parte?

Ahora mismo no va. Tengo una idea en la cabeza de segunda novela. Es verdad que quería que la primera tuviera un final, pero no deja de ser la historia de unos chicos en la universidad y puede continuar. Tengo una idea, pero antes me gustaría hacer otra historia en otra localización, el backstage de la tele. Estoy un poco desarrollando esa historia, pero sí, tengo una idea para Si me dijeras que sí 2.


icono_desplegar_comentarios_2

Comentarios

icono_desplegar_comentarios_2
LOS40

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?

Escucha la radio en directo

Los40
En directo

Tu contenido empezará después la publicidad

HOY EN LOS40

PROGRAMACIÓN

PLAYLISTS

Compartir

Tu contenido empezará después de la publicidad