Alonso Caparrós: El colaborador de ‘Sálvame’ habla de drogas, dramas familiares, Kiko Rivera o meditación

Su libro ‘Un trozo de cielo azul’ nos da la excusa para charlar con él

Alonso Caparrós

Alonso Caparrós ha publicado su primer libro. / Foto cedida por Grupo Planeta

Alonso Caparrós es uno de esos personajes televisivos con el que muchos hemos crecido. Desde que lo petara con Furor, fue encadenando trabajos que le dieron un estatus de presentador con popularidad, dinero y éxito. Pero llegó un día en el que todo eso desapareció y las drogas tuvieron mucho que ver.

Ha pasado 25 años batallando contra la enfermedad mental que, según él, no todo el mundo entiende. Un drama que le separó de su familia con la que, además, compartió problemas económicos que complicaron la relación.

Pero una vez tocado fondo varias veces y tras varios intentos fallidos de salir adelante, llegó Mediaset con una nueva oportunidad profesional para él. Entró en Gran Hermano y eso unido a que Angélica -su mujer-, apareció en su vida y que la meditación se cruzó en su camino, supuso un cambio de inflexión en su historia.

Ahora puede decir que está feliz y que, pese a que será adicto toda la vida, ha logrado controlarlo. Y ese mensaje de esperanza es el que quiere transmitir en Un trozo de cielo azul, el libro en el que cuenta su camino para llegar al punto de felicidad que hoy en día disfruta, pese a ser colaborador de Sálvame.

¿Este libro lo podrías haber escrito sin haberte perdonado antes?

No podría haberlo escrito sin haber terminado todo el proceso de recuperación, incluidos los perdones, pero quedan algunos pendientes.

¿Cómo cuáles?

Todos los que atañen al tiempo perdido que ya no voy a poder recuperar, sobre todo, el que tiene que ver con mis hijos. Hay cosas que es difícil perdonarse, pero no me castigo por ellas. Entiendo que mi vida ha sido así y afortunadamente, a día de hoy, tengo a mis hijos cerca y todo está correcto. Pero es cierto que hay cosas que cuesta mucho más perdonarse, deja una cosilla ahí.

¿Qué te ha costado más, perdonarte o perdonar a tu familia?

He tenido que aprender a pedir perdón y también aprender a que a lo mejor la gente no está todavía preparada para perdonarte. Pero una vez aprendido, muy sanador. Todos nos hemos perdonado en casa, los unos a los otros.

Todos fuimos testigos de vuestro drama familiar en televisión. Ahora, mirando hacia atrás, ¿cómo ves tu participación en ese tema?

Está recogido en el libro. Esa parte la he querido transcribir literalmente porque quería que fuera muy fidedigna. Fue muy duro de ver porque había mucha verdad. Era una conversación pendiente entre padre e hijo que teníamos pendiente desde hace mucho tiempo y se dio ahí. Pero a partir de aquello pudimos empezar a construir la relación que hoy en día tenemos que es maravillosa.

Dicen que a la familia no la eliges, pero, de poder hacerse, ¿a día de hoy escogerías a la que tienes?

Por supuesto, por supuesto, por supuesto. Ha sido muy interesante escribir el libro porque una de las cosas que quería era cartografiar el pasado de mi familia, no solo el mío y de mis hermanos, sino también el de mis padres. Eso me ha servido para entenderlo todo. Mi familia para mí es la mejor familia que se puede tener. La volvería a tener una infinidad de veces.

Hablando de cartografiar el pasado de tus padres, ¿qué te ha dicho tu madre sobre el tema de haber desvelado sus propios dramas familiares?

He escrito el libro con mucha cautela. Es cierto que no he querido que la leyeran hasta el final, excepto mi padre que me ha ido acompañando durante todo el camino porque, precisamente, quería que tuvieran pistas sobre lo que estaba contando para contar con su permiso. He tenido cuidado. Cuento con la aprobación de todos. Mi madre está muy feliz y orgullosa.

Dices que tu padre te ha acompañado en el camino de escritura. Eso ya es muy significativo, ¿no?

Lo quise así porque me venía genial su consejo, pero, sobre todo, porque he recuperado muchas cosas con mi padre y al igual que con mis hijos, hay cosas que no podré recuperar, y quería compartir con él todo el camino de la mano, como amigos. Ahí hemos estado, me ha ido corrigiendo, hemos debatido, me ha orientado y ha sido muy bonito.

Supongo que ese acercamiento con tu padre cuando vuestra relación llegó tan al límite, te dará esperanza de cara a recuperar (si es que no lo has hecho ya) la tuya con tu hijo Andrés, ¿no?

Mi relación con mis hijos, a día de hoy, es muy buena. Ahora con Andrés, que acaba de cumplir 18 años, está en su época de despertar, de madurar, tiene sus cosas y yo estoy aquí para contestárselas. Pero está dentro de un marco de lo que un chaval de 17 años puede tener con su padre. Tiene preguntas, tiene necesidad de saber cosas, de enfadarse, pero está todo dentro de lo normal.

El dinero siempre ha sido protagonista de muchos dramas familiares, ¿no es eso muy triste?

Es muy triste y lo estamos viendo en las tramas de Isabel Pantoja y las herencias de Rocío Jurado. Es una historia de toda la vida, muy triste, pero es una historia muy común. En mi caso tuvo un efecto y es que al final el dinero te puede meter en un problemón. A nosotros nos ha dado muchos problemas.

A día de hoy, ¿qué son las drogas para ti?

Para mí las drogas son un peligro en potencia, un peligro terrorífico porque lo hace es despojarte de lo mejor tenemos, nuestra condición de seres humanos. Pero por encima de todo eso es una enfermedad mental y es una pena que no consigamos que las enfermedades mentales se comprendan bien. Se sigue demonizando mucho a las víctimas, a los enfermos y eso es muy triste. Las drogas son muy malas, pero también es muy malo que no se entienda el problema real de esas drogas. Hace que las drogas sean peores todavía.

Es un camino duro para el enfermo y para su familia, ¿crees que hay suficientes mecanismos para que esas familias puedan ayudar a los suyos?

Es algo muy complicado, es difícil ayudar, estar al lado, encontrar el momento, la ayuda. Es muy complicado y es el mensaje que quiero mandar en el libro. Es complicado, es disciplina, pero es muy gratificante porque es un renacer. Y lo que quiero transmitir es que, pese a toda la crudeza de esta historia que me ha acompañado toda la vida y que viven muchos chavales a día de hoy, es que se puede. Se puede salir, hay esperanza y de ahí el título, Un trozo de cielo azul. Ese trozo de cielo azul es la esperanza. El mensaje es que es muy difícil, hay que disciplinarse y tomárselo muy en serio. Las drogas son un peligro que te pueden matar y despojarte de todo y hay que tomárselo muy en serio.

Supongo que es imprescindible querer salir, ¿no?

Es imprescindible querer salir, pero hay veces en las que no te das cuenta y necesitas que alguien te lo haga ver. Y a lo mejor no se consigue. Hay que querer salir, hay que darse cuenta del problema y, sobre todo, hay que buscar un buen especialista. Ponerse en manos de médicos, psiquiatras y, sobre todo, especialistas en temas de adicciones. Ese es el camino y, a partir de ahí, se puede conseguir cualquier cosa.

Quien no ha vivido esta enfermedad de cerca, a veces no entiende cómo el amor por una pareja o unos hijos no puede ser suficiente para salir de ahí, ¿qué les dirías?

La gente tiene que entender que es una enfermedad. Cuando hablamos de enfermedad mental… el cerebro es el órgano más importante y si no funciona bien, nada funciona bien. Las decisiones que tomas y tu voluntad no funcionan bien y no porque no quieras sino porque hay un mal funcionamiento de tu estructura y eso es lo que la gente no acaba de entender. Es muy importante que lo comprendan porque a partir de ahí es más fácil encontrar la esperanza.

¿Sin Angélica hubieras podido salir de esto?

No sé si hubiera podido salir o no, pero sí puedo decir que en mi historia ella está muy presente, de hecho, en el libro, la historia empieza cuando la conozco porque es determinante, es el punto de inflexión a partir del cual todo adquiere un rumbo distinto.

Por cierto, hablas de vuestra boda. Mi marciana de Alejandro Sanz y Arte de El Barrio, lo vuestro es la música española, ¿no?

Hombre claro. A Angélica le encanta la música, se conoce absolutamente a todos los cantantes, todas las canciones y ella fue la que sugirió eso. Y claro, música española.

¿Qué canción pondrías como banda sonora a tu libro?

Yo soy muy malo para lo de la música. Y además soy como muy antiguo. No sé qué música, pero ayer me pidieron otra canción y como habla de esperanza, elegí la de Monty Python, la de mirar el lado brillante de la vida porque creo que es un mensaje maravilloso.

Menos Peter Pan, todos tenemos una sombra, ¿cómo convives a día de hoy con la tuya?

Como cualquier ex adicto. La tengo ahí controlada, vigilada, porque siempre está ahí. Son cosas para toda la vida, pero a día de hoy no tiene una presencia en mi vida que me impida vivir absolutamente feliz y contento y disfrutando de mi futuro y lleno de ganas de vivir.

Jorge Javier Vázquez confiesa que ha llorado con tu libro, ¿quién más te consta que lo ha hecho?

Estoy muy satisfecho en ese sentido. No soy un escritor, he escrito un libro con mucha humildad, con lo poco que sé. Y a mí lo que me gusta de la lectura es que me emocione y conseguir que alguien se emocione con mi historia es una parte muy importante y eso me halaga más que nada.

Una de las claves para la salvación es dejar de esperar el día en que recuperar todo lo que había sido. ¿Contento con lo que tienes ahora?

Es importante, en la vida hay que acostumbrarse al cambio. Muchas veces cuando nos sucede algo, queremos que todo vuelva a ser como antes y las cosas nunca son así. Aunque puedas coger cosas, nada volverá a ser lo mismo. Cuando tenía recaídas y estaba otra vez por los suelos, yo quería volver a tener el estrellato, el dinero, la fama, el mismo estatus y cuando me di cuenta de que había que apostar por un nuevo futuro, aunque fuera en otras circunstancias, con otro trabajo y sin dinero, era bueno. A partir de ahí fui encontrando un lugar seguro en el que seguir dando pasos, aunque fuesen pequeñitos.

Hablas de ese estatus de fama, dinero, estatus… que es muy peligroso para el tema de vanidades y egos, ¿ahora lo vives de otra manera?

En ese sentido estoy muy aliviado, influye la edad. Son muchos años en televisión, siendo popular, 25 o 26 años y eso llega un punto que lo naturalizas. No es algo que ahora mismo desee, más bien todo lo contrario, me gusta ser conocido, estar ahí, pero me gusta mucho más mi vida en casa, salir por donde vivo tranquilo, si puede ser que no me conozcan, y disfrutar de mi intimidad.

Drogas, dramas familiares, fantasías sexuales en prostíbulos… ¿qué parte te ha costado más compartir?

Ninguna porque no lo he volcado de repente de golpe, llevo mucho tiempo procesando esto. Llevo mucho tiempo haciendo un trabajo interno y procesando y repasando cada recuerdo. Eso no sale de la noche a la mañana, cuando ya me he puesto a escribir, todo eso está muy masticado y trabajado, tanto por mi cuenta, como con ayuda de especialistas, de psicólogos. Al principio, mucho, pero iba descubriendo que a medida que iba contando y soltando, me iba aliviando. Me ha costado más reparar el daño que he hecho a los demás que el que me he hecho a mí mismo.

Lo que hace unos años hubiera sido impensable, ahora es más común que un famoso hable de sus adicciones públicamente, ¿eso es un paso adelante?

Siempre ayuda, pero también estoy viendo cosas. Creo que hay una especie de mito. Parece ser que la gente sitúa el mundo de la farándula como un sitio donde especialmente se consumen más drogas que en cualquier otro sitio y creo que no es así, pero tiene más visibilidad. A día de hoy, las drogas están en todos los sitios. Y cuando digo todos los sitios ahora estoy viendo el parque delante de mi ventana donde van los chicos todas las tardes, y eso es lo preocupante. Es un error situar la droga en un sitio u otro porque se ha extendido por todas partes. Es cierto que en zonas marginales o determinados sitios es más fácil, pero yo la veo en todas partes y a todas horas del día. Y es importante que nos demos cuenta de eso.

Uno de los que está en la lucha es Kiko Rivera, ¿a ti te ha pedido consejo fuera de cámaras?

No, y tampoco quiero que me lo pida la gente. Lo he puesto al final de libro en los agradecimientos. Yo no soy quién para dar estos consejos. Yo he tardado 25 años en conseguir superarlo. He contado mi historia, la he puesto en un libro y espero que le sirva a la gente. Pero yo no soy un médico o un especialista que son a quienes tienen que recurrir. Yo no soy el mejor consejero, he encontrado mi propio camino a través de tratamientos o trabajo personal pero no significa que mi camino, que en mi caso fue la espiritualidad, les pueda servir a otros. Yo no soy buen consejero.

Pero esto es como el testimonio de Rocío Carrasco que está ayudando a tantas mujeres. Supongo que en tu caso ayudará a personas que tengan problemas con las drogas.

Exactamente, tú lo has dicho, como testimonio a partir del cual quiero que la gente extraiga sus propias conclusiones. Pero si alguien se acerca a mí a preguntarme qué es lo que tiene que hacer, le diré que se vaya a un especialista y se ponga en manos de los médicos y que ellos te digan lo que tienes que hacer.

Frente a todos estos dramas, compartes tu historia como voluntario social, ¿cuál ha sido la mejor lección?

Muchísimas. Creo que todos tendríamos que tenerlo puesto en nuestra agenda. Te lleva a lo mejor un rato, dos mañanas, y creo que de la misma manera que vamos metiendo cosas en la agenda en plan ‘me voy a jugar al paddle o tomar unas cervezas’, estaría bien que todos, también a la hora de educar a los hijos, tuviésemos un hueco para hacer un voluntariado. Cuando uno dice voluntario, suena a héroe, y lo son, pero es tan fácil como decir, ‘bueno, de doce a dos me voy a este comedor y reparto comida’. Eso que es tan sencillo te da a cambio una cantidad de cosas increíbles. Yo he aprendido muchísimo de los voluntariados y cada vez que puedo me engancho a uno porque es muy sanador.

También te ha ayudado la meditación, ¿qué te ha aportado?

La meditación es importantísima porque es trabajar con la mente. Es la manera que existe, la única posible para trabajar la mente igual que uno trabaja el bíceps. Meditar no es más que disciplinar la mente y no permitir que tu mente cuele los pensamientos que quiera sino ser dueño de tus pensamientos y emociones. Me ha servido fenomenal para reconocer mis emociones. Pero no es nada mágico ni místico, es un proceso de trabajo. Necesita mucha disciplina, pero es maravilloso. Los beneficios de la meditación son increíbles y sorprendentes.

¿Cómo enfrentas el futuro?

De entrada, ahora vivo un presente maravilloso. Estoy tan contento con la publicación del libro que lo que quiero es pensar en él y disfrutar de este presente. Mi futuro está abierto a todo. Tengo un trabajo maravilloso, una mujer a la que adoro, acabo de sacar un libro que es algo que he querido hacer toda la vida… estoy en un momento de expectativas cumplidas y lo quiero disfrutar. Ya veré en un mes qué hago con mi futuro, pero ahora estoy feliz.

Y con toda esa felicidad que rebosas, ahora ponerte hablar de tu pasado más duro, ¿no te da un poco de pereza?

No porque el libro tiene una parte muy cruda, pero es un libro de esperanza y como lo veo así, de lo que hablo es de esperanza, no de sufrimiento. Tengo que pasar por ahí para que se comprenda, pero en mi corazón y en mi cabeza lo que hay es un mensaje de esperanza y de ilusión.


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