La primera novela de María Gómez nos recuerda el caso de Rocío Carrasco y Tomás Gimeno

Hablamos con la periodista, entre otras cosas, de la importancia de ir al psicólogo

Portada de 'Odio en las manos'

Portada de la primera novela de María Gómez. / Foto cedida por Suma de Letras

María Gómez es una de esas periodistas jóvenes e inquietas que no para de acumular proyectos tanto en radio como en televisión. Una voz y un rostro reconocibles que tienen su pequeño espacio en Anda Ya! Y como estar todo el día de un medio a otro no le parece suficiente, además, ha encontrado tiempo para escribir su primera novela, Odio en las manos.

Se trata de un thriller en el que Ana García de la Serna, una psicóloga que no había podido ejercer, se encuentra con un caso que le plantea una situación compleja. Rosario Jiménez es una mujer dispuesta a matar a su marido y suicidarse después y no duda en confesárselo a su terapeuta. ¿Qué hacer con la información?

Una historia que engancha, con una protagonista potente y muchos temas de actualidad en nuestra sociedad como la violencia de género y la violencia vicaria. Imposible no pensar en Rocío Carrasco o Tomás Gimeno mientras transcurre la historia.

Pero hay mucho más y no hemos dudado en hablar con ella sobre esta historia adictiva que sería una perfecta serie para Netflix y que nos recuerda que las enfermedades mentales están más presentes en nuestra vida diaria de lo que a veces pensamos. Mientras la plataforma se lo piensa, pasar las vacaciones leyendo la historia es todo un planazo.

Primera novela, ¿ya has logrado creértelo?

Jolín, creerme que está en papel, sí. Creerme que fui capaz de terminarla, todavía me cuesta.

¿Qué sensación se tiene cuando uno ve, por primera vez, su libro en una librería?

Fue bastante increíble. Había quedado con Isaías Lafuente, que para mí es uno de los mejores periodistas de España y un mentor, y uno de los que me ha regalado una frasecita para la faja. El día que se publicaba se la fui a llevar a la radio. Me acuerdo que me dijo ‘¿pero has ido a la librería a verlo?’. ‘No, ¿me acompañas?’, le dije. Y me contestó que ‘es algo que tienes que hacer sola’. Me acuerdo de ir a preguntar, que es algo un poco surrealista, dónde está mi novela. Cuando llegué a la zona policíaca estaba allí y la tenían como en primerísima fila y me quedé un buen rato viéndola. La veía y me acordaba de los momentos en los que había estado decidiendo el diseño de la portada y si ese color era adecuado, si la ilustración iba a ser efectiva. La ves ahí y la sensación de sueño cumplido es bastante indescriptible.

Ya te la habían puesto en un lugar visible, no tuviste que sacarla de segunda fila y colocarla para que todo el mundo la viera.

(Risas) No, tuve la suerte de que estuviera en primera fila, pero lo hubiera hecho sin duda. Pero hay una cosa muy graciosa y es que, apareció un chavalito que andaba por allí un poco como merodeando, el típico día que vas un poco sin saber qué te quieres comprar. Me acuerdo que le miré y le pregunté si quería un libro de novela negra. Me dijo que sí pero que no sabía qué comprar. Entonces me miró y le dije ‘hoy he publicado mi novela’ y él me dijo, ‘me la voy a llevar’. Me sentí fatal porque era como, pobrecito, qué compromiso. Le dije, ‘vamos a hacer una cosa. Llévatela, la compras, pero si cuando te la acabes no te gusta, me escribes por IG y yo te hago un bizum con el importe para que te compres otra que te guste’. Se la firmé e hicimos el pacto delante de la mujer de la Casa del libro, que se llamaba Fátima y me dijo, ‘tía, te tienes que quedar aquí porque estás vendiendo más que yo’.

Eres periodista, escribes y eso ya te da más puntos de cara a escribir un libro, aun así, lo de ‘escritora’ te cuesta escucharlo, ¿de dónde viene ese pudor?

Bueno, porque al final sí es cierto que hay grandes escritores en la historia, ya no de la literatura, sino de la novela policíaca y de la novela negra y que tú digas que después de escribir una novela eres escritora, a mí me da mucho pudorcillo. Pero es cierto que nuestro trabajo también consiste en escribir y es verdad que ese síndrome del impostor está muy instaurado en nuestra profesión. Ese intrusismo no se vive en la radio o en la tele, que parece que todo el mundo sabe presentar un programa, sin embargo, sí hay parcelas prohibidas como el de la literatura que parece que tienes que ser escritor en mayúsculas y el resto somos intrusos. Hay que sacudirse ese pudorcillo.

Tener a Juan Gómez Jurado como padrino ya es un punto a favor, ¿no?

Es un lujo increíble, uno de los mejores escritores de este tipo de novela en nuestro país, probablemente el que más vende y, además me tiene mucho cariño y me aprecia. Es un arma de doble filo porque imagínate que me llega a decir que le parecía una porquería mi novela, hubiera sido muy frustrante. Cuando me dijo que para él había sido una grata sorpresa, no me lo podía creer. Javier Castillo, que es alguien a quien también quiero muchísimo, le llegó también. O a Domingo Villar y a María Oruña, gente a la que admiro mucho y la van a leer y es una presión, más que mi familia y mis amigos. Gente a la que admiro mucho que vaya a leerla, da vértigo, pero solo con que les haya llegado, ya me hace sentir feliz.

Por cierto, que Juan Gómez Jurado es tu amigo, también Javier Castillo, ¿tenéis una especie de club de los autores de intriga?

Igual ellos lo tienen, yo como soy novata, todavía no me han aceptado en el whatsapp. Si lo tienen, todavía no me he ganado los galones para estar.

Aun así, la autora que más mencionas en el libro es Patricia Highsmith, ¿tu referente?

Sí, ojalá estuviera viva. Cuando acabé la novela, se cumplían justo cien años de su nacimiento. Era una mujer fascinante. Hace poco me acabé su biografía. Era una mujer adelantada a su tiempo, irónica, muy ágil, con una capacidad de dotar a los personajes de muchísima personalidad. era una mujer lesbiana en la que no es que no se pudiera decir, sino que prácticamente no se podía ser y era capaz de dar esas dobleces a sus personajes para intuir que la homosexualidad estaba ahí, pero de una forma muy divertida. Me parece fascinante y su obra es muy divertida. La saga de Tom Ripley es increíble. Esas cosas que me preguntan como periodista, ‘si pudieras entrevistar a alguien, ¿quién sería?’. Algunos dicen Donald Trump o Messi, yo diría, ‘resucitadme a Patricia Highsmith que tengo tanto que preguntarle’.

Psicología e investigación policial, un tándem que siempre resulta interesante como punto de partida, ¿los tenías claro desde el principio?

En realidad no. Más bien tenía claro que no quería hacer una novela policíaca. Tenía claro que fuera un thriller, que pasara algo que mantuviese al lector en vilo y que tuviese que tratar de descifrar, pero al principio me propuse no hacer una novela con un policía. Pensé que ya había muchas novelas con un investigador y pensé, no, va a ser la propia protagonista la que se encargue de descubrir o de desvelar o de investigar, aunque no sea esa su profesión. Lo que sí tenía claro desde el principio es que quería que la protagonista fuese una mujer con la suficiente fuerza como para llevar el peso de la novela. También me había dado cuenta de que no hay muchas villanas. El machismo llega hasta ese punto que, incluso para los malos, nos imaginamos siempre a hombres, como si las mujeres no pudiéramos tener la fuerza suficiente como para tener un personaje de ese estilo. En mi novela las que parecen buenas no son tan buenas y las malas tampoco.

Has calificado a tu protagonista como una mujer fuerte, pero en realidad, tiene muchas debilidades, ¿no?

Como somos todos, pero ella no es consciente de algunos problemas que tiene, algo que también nos pasa al resto. Ella tiene un problema que no es algo que tiene en la cabeza pero que le provoca muchos problemas que va cargando en esa mochila que todos tenemos. Lo suyo tiene mucho que ver con lo emocional y con las relaciones que tiene con los hombres y tiene mucho que ver con la relación que tiene con la profesión que finalmente no ejerce que es la de psicología. Viene de una familia de grandes psicólogos y, eso que le pasa a mucha gente, que parece que su destino está escrito y tienes que ser la mejor porque tus padres y abuelos lo fueron. Tiene que ejercer y su primer paciente le plantea un gran dilema moral, le confiesa que va a cometer un asesinato y se va a quitar la vida y tienes que plantearle qué hacer para evitarlo.

“Con CSI todo el mundo cree que puede hacer nuestro trabajo”. Una realidad, ¿no?

Sí, es cierto que hay muchas series que nos han marcado. De un tiempo a esta parte hay cierta atracción a este tipo de historias. Distingo mucho entre el consumo de producto cultural y de ocio, pero no hay que tener pudor a decir ‘es que veo esto y no me ha aportado nada’. Todo aporta, no todo tiene que ser denso y sesudo.

En tu libro hay mucho trabajo de investigación… supongo que todos esos temas policiales y psicológicos no los controlabas de antes, ¿o sí?

No, bueno, a ver, sí es cierto que tengo grandes referentes de psicólogas mujeres a mi alrededor, mis mejores amigas, mi madre, mi suegra, mis dos terapeutas que me han acompañado a lo largo de mi vida. Yo siempre reivindico la figura del psicólogo y de ir al psicólogo que, para algunos sigue siendo tabú, y para mí es muy necesario. Quizás el único problema es que en España hay que pagarlo y tendría que ser más accesible. Es un mundo que tengo muy cercano, pero sí que he tenido que hacer investigación y entrevistas para preguntar cosas prácticas que no aparecen en los libros ni en Wikipedia sobre el trato con los pacientes. Esa parte ha sido necesaria y la parte más policial, tenía un contacto de un policía que entrevistábamos en la radio y le he dado mucho la brasa, para las cosas de procedimientos más básicas.

Entras en el terreno de las filias y las fobias, ¿tú has padecido alguna?

Tengo una fobia terrible a las abejas y las avispas porque cuando era muy pequeñita, un día en verano, me picaron muchas a la vez, me dio un colapso y me tuvieron que llevar en ambulancia en hospital corriendo y fue muy traumático. Desde entonces no me ha vuelto a picar ninguna porque cuando las veo, huyo. Esos pequeños recuerdos que tienes de la infancia y que recuerdas de manera más clara tienen que ver con el dolor, con el miedo, con el trauma y en eso el trabajo de la psicología es muy importante por eso, cuando haces terapia, muchas veces rascas en el pasado, que es lo jodido de hacer terapia. Yo he querido plasmar eso en Ana, que arrastra cosas y eso hace que a algunos lectores les caiga mal al principio, pero que acaben reconciliados con ella porque han entendido de dónde viene.

Hay temas tan de actualidad como la violencia de género, ¿si hubieras visto la docuserie de Rocío Carrasco antes de escribir el libro, habría cambiado algo?

No, no habría cambiado. Hay una cosa que tengo clara y es que desgraciadamente esto es algo que pasaba y que sigue pasando. Tengo la esperanza de que consigamos educar a nuestra sociedad en el respeto, la igualdad y, por supuesto, en la no violencia entre personas, y, sobre todo, entre parejas y ex parejas que es algo casi demencial, que alguien que te ha dicho que te quiere luego haga que tu vida sea un infierno.

Cuando he escuchado su relato que yo, por supuesto, me creo porque a mí me cuesta mucho creer que la gente se invente un maltrato. De hecho, el porcentaje de denuncias falsas es tan bajo que no sé si se puede concebir como un dato. Cuando una mujer plantea un maltrato no me planteo si lo creo o no. Lo que me cuesta creer es que alguien se lo invente. Me duele cuando empatizo con una mujer que ha pasado algo así. En este caso los personajes de mi novela cobraban más realidad todavía porque había muchos puntos en común, pero no ha sido nada intencionado.

Ahora tenemos el caso de Tomás Gimeno, ¿cómo lo vives tú cuando estás tan sensibilizada con el tema ahora que has escrito este libro?

Me cuesta creer que alguien escuche esta noticia o esta historia y no se sensibilice o no empatice. Mi libro, uno de los temas que trata es el de la violencia vicaria, esa instrumentalización de los niños que son víctimas y los grandes olvidados de la violencia machista. Cuesta creer que alguien decida, para hacer daño a otra persona, hacer daño a niños. Mi libro no pretende ser un panfleto ni una biblia a seguir, pero sí es cierto que me he planteado mucho porqué escribí sobre esto y he llegado a la conclusión de que es algo que me preocupa porque está en la sociedad y necesitaba escribir sobre ello.

Hay mucha crítica en este libro. Por ejemplo, a la deshumanización de algunas empresas… alguno diría que tienes mucho valor.

Al final, es cierto que, en este caso, a los jóvenes se nos achaca mucho que somos los ninis y que somos una generación desconectada de muchas cosas y no yo, sino los que vienen detrás y me duele porque me pregunto con qué tipo de jóvenes están hablando porque yo conozco a mucha gente buenísima en lo suyo, con mucho interés, super preparada… hemos accedido al mundo laboral en un momento muy jorobado con becas eternas, contratos laborales precarios y es duro. La intención no es que ninguna empresa se sienta criticada pero sí reivindicar la situación que vivimos muchas veces.

Normalmente eres tú la que entrevista a los personajes de actualidad, ¿cómo te sientes en el otro lado?

Bueno, a mí me gusta hablar, pero ese pequeño pudor está ahí, aunque he hecho algo con tanto cariño que me gusta contárselo a la gente.

Hablando de entrevistas, ¿cuál dirías que es la más surrealista que has hecho?

No diría surrealista, pero la que más me ha impactado fue en el Mundial de Rusia entrevisté a una chica que tenía como 18 años, que era de Irán y que me contaba que era la primera vez que iba a poder entrar en un estadio de fútbol. Iba con su madre que para ella también era la primera vez porque en su país lo tenían prohibido. Eso me marcó mucho. La chica era encantadora, muy inteligente, con ganas de comerse el mundo y que vivía en un país en el que todo eran límites por ser mujer.

Y como compañera de Anda Ya!, ¿cuál es el momento más extraño que has vivido en el programa?

Lo más bonito que me pasa cuando voy a Anda Ya!, un programa que es divertido, de risas y de locura, es que cuando yo hablo de series de antes, de nuestra adolescencia, y llego con el hype y les pongo un corte de, no sé, de Médico de familia, se me ponen a llorar. Tienen su corazoncito y les puedes tocar la fibra.

Seguimos indagando, ¿cuál es el músico que has entrevistado que más te ha sorprendido?

Me encantó entrevistar a Santiago Auserón. Me pareció una de las personas más inteligente de la cultura de nuestro país, más amable, más cercana, y me sorprendió el discurso tan positivo que tenía del reguetón que, parece que todo el mundo es capaz de criticar, y él hablaba de mestizaje, mezcla de culturas y música que te hace vibrar y que hay música para todo. Un tío excepcional, tremendamente generoso, al que admiro mucho y es uno de los lujos de nuestra profesión, tener la oportunidad de charlar con un icono como es él. Me gusta la gente que no es pedante y que nos trata tan bien a las nuevas generaciones y me parece que la palabra en él era respeto. Alguien que lo ha hecho todo y que, aun así, nunca te mira por encima del hombro, te mira con los ojos del que sabe que siempre puede aprender algo del otro.

Hablando de música, ¿la escuchas mientras escribes?

Tengo hiperactividad y necesito estar muy concentrada y, en general, cuando trabajo, no me pongo música, y si es con letra, nunca, porque me distraigo. En este caso eran tantas horas que necesitaba acompañamiento y a mí que me chifla la música intentaba ponerme cosas bastante neutras. A veces, para meterme en situación, me ponía bandas sonoras de pelis como Vértigo, que me chifla o algunas que no fueran muy reconocibles. También me puse mucho a Ólafur Arnalds.

En el libro hay algún guiño musical. Para definir Malasaña recurres a Novedades Carminha y para describir a Miguel Ángel Gaona apuntas a Los Secretos y The Beatles, ¿dime qué escuchas y te diré quién eres?

En realidad, Gaona es también el que escucha Novedades Carminha, que es como su cara B. Ahí está el prejuicio que parece que como él es un poco clasicorro y un poco pureta, que le encantan Los Secretos y le encantan los Beatles y es como un poco padre para eso, de pronto le sorprende a Ana porque vive en Malasaña y encima escucha Novedades Carminha. Es un poco la realidad que, a veces, tenemos el prejuicio de que parece que solo se puede escuchar un tipo de música y que hay música que está bien y que está mal, y hay música buena y mala y es cierto que habrá música de mayor o menor calidad, pero eso no te hace más culto o inculto, ni mejor o peor persona.

¿A qué artista mandarías al psicólogo?

A todos porque creo que a los artistas y no artistas habría que mandar a todos. En esta vida rápida que llevamos y en esta vida pandémica estamos enterrando muchos sentimientos, mucho dolor, mucha frustración y eso si no se saca y se queda encerrado, solo te puede traer problemas. El libro es un homenaje a todas las personas que nos ayudan a sentirnos mejor emocionalmente.

¿Ya estás trabajando en el segundo?

Sí, ya he empezado a lanzar ideas en mis libretas y la exclusiva es que me he dado este mes de junio para descansar, pero el 1 de julio empiezo a escribir. Hay gente que empieza a escribir y se queda exhausto o vacío, pero desde que acabé tengo ganas de más y esa es la mejor sensación.

¿Seguimos en el género?

Creo que sí, siempre he pensado que me gustaría escribir sobre lo que me gusta leer.

¿Y la serie en Netflix para cuándo?

Ojalá, no hay nada más bonito que un proyecto lleve a otro proyecto, aunque nunca ha sido la intención. Algunos compañeros o productores ejecutivos me están diciendo que es muy cinematográfica y es que hay varias cosas que lo propician. Uno es que la protagonista es un personaje fuerte, femenino, que llevamos mucho sin darle ese lugar a las mujeres y ahora no nos da miedo comprobar que una mujer puede tener la fuerza suficiente para ser protagonista. Por otro lado, es una chica joven y eso puede conectar con un público muy determinado. La historia pasa en dos escenarios potentes como son la cárcel y Malasaña… así que cuando me lo dicen, sí lo veo.


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