Dave Grohl revisa sus recuerdos en ‘The Storyteller’ y nos lleva a momentos clave como la muerte de Cobain

Desde sus inicios al éxito de Nirvana o más tarde su resurgir con Foo Fighters

Dave Grohl

Dave Grohl comparte sus memorias. / Kevin Mazur/Getty Images for The Rock and Roll Hall of Fame

El próximo 23 de febrero se lanza The Storyteller (Historias de vida y música), un libro que recoge los relatos más íntimos y anecdóticos de Dave Grohl, el líder de Foo Fighters.

“Es un libro lleno de reflexiones sobre sus giras con los Scream, su entrada en Nirvana y el desmoronamiento del grupo, la creación de los Foo Fighters cuando se encontraba en un momento decisivo de su vida y cómo ahora recorre el mundo como un padre de familia. The Storyteller son unas memorias llenas de vida y humor en las que Dave nos transmite su lúcida visión de la fama”, aseguran desde su editorial.

Como a muchos otros, fue la pandemia la que le animó a adentrarse en este proyecto que nada más publicarse en su país, en Estados Unidos, debutaba en el nº1 de ventas de libros de no ficción.

Se quedó sin nada que hacer y decidió abrirse una página de Instagram en la que fue contando, en formato cuento, sus recuerdos. Y de ahí a plasmarlo en un libro solo había un paso.

Prólogo

Por suerte, mi memoria se ha mantenido relativamente intacta. Desde pequeño, siempre he medido mi vida en avances musicales, y no en meses o años. Para recordar un momento y un lugar en concreto, mi mente vuela a canciones, álbumes y bandas. Desde las emisoras AM de los setenta hasta cada uno de los micrófonos que he usado, te puedo ir diciendo el qué, el quién, el dónde y el cuándo desde las primeras notas de cualquier canción que haya saltado de un altavoz a mi alma. O de mi alma al altavoz”, escribe en el prólogo del libro sobre lo que es para él la medida del tiempo.

Para algunas personas, el detonante de un recuerdo es un sabor, para otras puede ser un olor o algo que vean. Mi detonante es el sonido, como un recopilatorio inacabado a la espera de ser enviado. Aunque nunca he sido de los que coleccionan «cosas», sí colecciono momentos. En ese sentido, mi vida pasa ante mis ojos y a través de mis oídos todos los días. En este libro he tratado de reflejar algunos de esos momentos lo mejor que he podido. Por supuesto, esos recuerdos están llenos de música. Y a veces pueden ser ruidosos.... SUBE EL VOLUMEN. ESCUCHA CONMIGO”, añade a modo de invitación para conocer su historia.

Recuerdos históricos

En primera persona va desmenuzando recuerdos y fragmentos de historia si hablamos de rock. Como esa ocasión en la que estaba tirado en un saco de dormir en su furgoneta y alguien llamó para que se presentara ante Iggy Pop, su gran ídolo. Tocó con él algunas de sus canciones y fue aceptado para tocar en un concierto, no podía creérselo. Y lo cuenta con la emoción del que lo vivió y los disfrutó, y lo mejor de todo es que lo hace con una narrativa que te hace partícipe y contagia esas emociones.

En 1990 se unió a Nirvana y estuvo durante la creación del álbum Nevermind. “Por la noche, cuando cerraba la puerta de su cuarto, yo me quedaba oyendo el rasgueo de una guitarra en su habitación mientras esperaba a que apagara la luz desde la comodidad de mi viejo y sucio sofá. Todos los días estaba deseando saber si tenía algo nuevo cuando llegábamos al estudio y conectábamos todo para los ensayos. Ya fuera escribiendo canciones o sus (ahora conocidos) diarios, su necesidad de crear era asombrosa, aunque prácticamente lo llevaba en secreto. Sus canciones se te acercaban sigilosamente, te pillaban por sorpresa. Nunca iban precedidas de un «¡eh, he escrito algo genial!». Simplemente... aparecían”, recuerda sobre aquellos días.

Nirvana acabó convertido en uno de los grupos de más éxito de la época. La cabeza visible de un grunge emergente que llegaba a las grandes masas, una circunstancia que creó en la banda un dilema ético.

Todos aquellos años de punk, renunciando a la corriente principal y gritándole que se había «vendido» a cualquier banda que diera un mínimo paso hacia el éxito convencional, habían hecho de mi corazón amante de la música un bulto confuso y calloso que llevaba en un pecho cínico. Me había convertido en un hombre hastiado y crítico, a menudo sin saber qué debía «gustar» o «no gustar» en función de las reglas de la cultura de la escena punk (sí, había reglas, por muy ridículo que pueda parecer para una cultura que defendía la libertad expresiva). Pero, por otra parte, también me alegraba el hecho de que cada vez más personas compartieran conmigo la música que amaba y que tanto me enorgullecía componer y tocar. Era un dilema ético, un dilema que resultaría ser tan inspirador como destructivo para la banda”, recuerda sobre aquellos pensamientos que tenían en esos momentos en los que Nirvana estaba en lo más alto.

Reconoce que fue raro y extraño pasar de ser uno de los marginados del instituto a los que todo el mundo criticaba, a ser seguido por los que en aquel entonces no le aceptaba y eso es complicado de asimilar.

Se me doblaron las rodillas y me derrumbé en el suelo de mi cuarto, solté el teléfono y me llevé las manos a la cara, llorando. Nos había dejado. El chico tímido que me ofreció una manzana cuando nos conocimos en el aeropuerto de Seattle nos había dejado. Mi compañero de piso en Olympia, callado e introvertido, nos había dejado. El padre cariñoso que todas las noches jugaba con su preciosa niña detrás del escenario antes de cada concierto nos había dejado. Me invadió una tristeza más profunda de lo que jamás habría podido imaginar. No podía hablar. No podía pensar. No podía mantenerme en pie. No podía respirar. Solo podía imaginarme su cara, sabiendo que nunca la volvería a ver. Nunca volvería a ver sus dedos, tan extraordinarios y planos, ni sus codos huesudos, ni sus penetrantes ojos azules. Porque nos había dejado. Para siempre”, recuerda sobre una llamada que le hicieron anunciando su muerte. Cinco minutos después le llamaron para decirle que todavía estaba vivo y que se iba a salvar.

Pero esa llamada llegó en otra ocasión y era definitiva. Reconoce que en aquel momento fue la primera vez que rechazó la música. Tenía 25 años y se encontraba totalmente perdido.

Pero la vida siguió y la música volvió a su vida. Y fue pasando por diferentes etapas y una de las más importantes fue la de convertirse en padre. “Tras un parto largo y difícil, Violet nació con la música de los Beatles de fondo, y llegó chillando con una intensidad que hacía que los Foo Fighters parecieran los Carpenters. Una vez que la limpiaron y la pusieron bajo una lámpara de calor, acerqué mi cara a la suya, miré sus gigantescos ojos azules y le dije: «Hola, Violet, soy papá»”, relata sobre la llegada de su hija.

David Grohl con su hija Violet en 2011. / Christopher Polk/KCA2011/Getty Images for Nickelodeon

Han pasado los años y han sido muchas las vivencias que han configurado el Dave Grohl que conocemos hoy en día y que se abren en canal para contar su historia que ahora está al alcance de nuestras manos.


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