Tenemos que hablar de Hilary Duff (y por qué los millennials gays estamos tan orgullosos de ella)

La artista regresa a la música con nuevo disco y los dos primeros singles, ‘Mature’ y ‘Roommates’, funcionan perfectamente

Foto promocional de Hilary Duff por la canción 'Roommates', de su disco 'Luck... or Something' / BRANDONDULL

Hilary Duff es como un apóstol para la biblia de los millennials homosexuales, un vínculo directo entre la nostalgia y una banda sonora marcada por clásicos obligatorios —de What Dreams Are Made Of a Come Clean, pasando por Wake Up—, para cualquier adolescente necesitado de un repertorio un poco naif y tremendamente cozy. Una figura aparentemente inofensiva que, sin darse importancia en los dosmil o, tal vez, darse demasiada, allanó el camino de muchas ‘chica Disney’ y acabó marcando a una generación más de lo que muchos les gustaría admitir.

Quien ha crecido escuchando su música ha terminado jodido creyendo que el amor es una cosa sencilla e idílica, pero también ha desarrollado un gusto estupendo por el pop. Ella, sin ser muy consciente, nos ofreció una educación sentimental blanda, luminosa y casi siempre naif. Aprendimos a querer un poco a escondidas, a fantasear con ser los protagonistas de sus películas románticas. Entre tanto, adquirimos el criterio suficiente para saber que Metamorphosis (2003) era todo lo que estaba bien; que Most Wanted (2005) es un pintalabios ocupando el cielo, que diría Rosalía; y que Dignity (2007) —su versión atropellada de ser Britney Spears— fue un trabajo claramente adelantado a su tiempo. En serio, escuchadlo en 2026.

Hilary Duff dejó el rubio para su era electrónica de 'Dignity' / George Pimentel

Mucha gente sabe que después desapareció, no literalmente, pero la música dejó de ser una prioridad para ella. Una ‘chica Disney’ tiene sus tiempos y siempre llega el momento de parar. Solo unos pocos estuvieron ahí cuando, ocho años más tarde, en 2015, volvió a la música con Breathe In. Breathe Out.. Esa vez, su apuesta pasaba por un pop sofisticado, también adulto, y, aunque contaba con piezas nada desdeñables, los fans más apasionados —seguidores desde Lizzie McGuire— casi la llevan a juicio por el videoclip de Sparks, el corte más popular y representativo del disco. Intentó arreglarlo con la archiconocida Fan-Demanded Version, pero el comeback quedó lastrado por aquella decisión creativa y Hilary Duff volvió a colgar el cartel de “cerrado por reformas”. Siempre en sentido metafórico, que ella es estupenda.

Se confinó musicalmente durante diez años y dedicó su tiempo —y su dinero— a la maternidad y la vida familiar, a su “yo actriz” de forma intermitente y a reflexionar sobre cuál sería la forma correcta de abrir, llegado el momento y con el equipo adecuado, un nuevo capítulo en su discografía. Uno que tuviera sentido no solo con lo que es como artista, sino también con lo que es como persona, la que se llama Hilary Erhard Duff, y cómo la percibe su comunidad de Instagram, donde suma más de 27 millones de followers. El barbecho siempre es necesario y tanto rezo por parte de este bendito ejercito homosexual ha dado sus frutos ahora, materializándose tras un sonado fichaje por Atlantic Records, casa de Alex Warren, Bruno Mars y Charli XCX. Porque ya se sabe: todo buen contrato discográfico trae consigo una nueva casilla en tu página de Wikipedia.

Foto promocional de Hilary Duff por la canción 'Roommates', de su disco 'Luck... or Something' / Trevor Newton

Luck… or Something es el quinto álbum de estudio de Hilary Duff (sin contar su disco navideño Santa Claus Lane) y la forma física que, por fin, parece que tiene sentido con la artista, además de cumplir con las expectativas de los fans. Los primeros adelantos así lo confirman. Mature, que funcionará como piedra angular del LP, es una declaración de principios; pop elegante, con una letra que asume el paso del tiempo con cierta picardía. Ya sabemos que Hilary, en la vida real, es la Cady Heron de Chicas malas. Es buena, pero también sabe ser mala. Un comeback, dicho lo cual, que, para empezar, suena y se percibe como un acto honesto.

Roommates, segundo single del álbum, viene a confirmar dos cosas. La primera es que esta es una Hilary coherente con su legado, pero que le habla directamente a su audiencia —recordad: millennials gays— para decirle que la vida es una jodienda y que ella, por muchas películas Disney que haya hecho y visto, también ha sufrido por amor y por el regusto tóxico que deja el sexo en los últimos coletazos de una relación. Ya no idealiza el romance más puro y, encima, le mete la base de Anti-Hero de Taylor Swift porque las hay maestras en el desamor. Roommates es casi perfecta, y encima tiene potencial para aspirar a entrar en la guerra del stream. Pero lo más importante es que la canción le otorga algo que le ha faltado todo este tiempo: credibilidad como artista. Aunque para nosotros siempre la tuvo.

Hilary Duff - Roommates (Official Video)

con Hilary Duff existe algo parecido a un pacto inquebrantable entre la G del colectivo y ella. No importa dónde ni cuándo: siempre habrá un hueco para Hilary Duff en nuestros corazones y en el imaginario de los homosexuales de entre 30 y 40 años. Siempre estaremos esperando a que suene la flauta, porque sabemos que una chica como Hilary Duff puede desaparecer, pero cuando le apetece, le echa ganas y pulsa el botón ‘Ambición Rubia’, salen cosas tan estupendas como Mature, Roommates y, confío ciegamente en este apóstol, Luck… or Something. Ojalá haya suerte… o algo a lo que podamos agarrarnos todos los millennials gays que tan orgullosos estamos de ella.