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Jarvis Cocker vs. Michael Jackson: treinta años del momento más irreverente de los BRIT Awards

El líder de Pulp se coló en el escenario del Rey del Pop y ridiculizó su actuación

Jarvis Cocker, de Pulp, en la rueda de prensa posterior al escándalo en los BRIT.

Hay actuaciones históricas, momentos emocionantes… y luego está ese tipo de escenas que se convierten en leyenda porque nadie las esperaba y porque, sinceramente, parecen escritas por un guionista con mucho sentido del humor. El 19 de febrero de 1996, durante los BRIT Awards celebrados en el Earls Court Exhibition Centre de Londres, ocurrió uno de los episodios más comentados —y divertidos, al menos para buena parte del público europeo— de la historia reciente del pop: Jarvis Cocker, líder de Pulp, irrumpió en pleno escenario mientras Michael Jackson interpretaba “Earth song”. Tres décadas después, aquel gesto sigue siendo una de las interrupciones más famosas jamás emitidas en televisión musical.

Para entender lo que pasó hay que situarse en el contexto. Michael Jackson atravesaba una etapa compleja pero todavía mantenía una enorme relevancia mediática. Su álbum HIStory (1995) había generado debate por su tono grandilocuente y por la imagen casi mesiánica que el artista proyectaba en algunos videoclips y actuaciones. La interpretación de “Earth song” en los BRIT Awards no fue una excepción: Jackson apareció rodeado de niños, con una puesta en escena cargada de simbolismo, gestos solemnes y una narrativa visual que algunos consideraron excesivamente épica.

En el otro extremo estaba Jarvis Cocker. El cantante de Sheffield era, en aquel momento, uno de los rostros más reconocibles del britpop gracias al éxito masivo de Pulp y su álbum Different class (1995). Canciones como “Common people” habían convertido a la banda en icono de la ironía británica, y Cocker representaba el espíritu irreverente y crítico que definía a buena parte de la escena alternativa inglesa. Alto, desgarbado, con gafas y un carisma peculiar, parecía el candidato menos probable para protagonizar un momento viral…, aunque eso cambiaría en cuestión de segundos.

Durante la actuación de Jackson, y mientras este cantaba sobre una alta plataforma, Cocker subió al escenario sin permiso; primero imitó exageradamente los movimientos del show y, en un momento que quedó grabado para la posteridad, se inclinó de espaldas al público y comenzó a mover las manos sobre su trasero como si expeliera flatulencias. La intervención duró apenas unos segundos antes de que la seguridad lo retirara, pero bastó para convertir la actuación en un caos mediático. La emisión televisiva captó el momento y, al día siguiente, la prensa británica no hablaba de otra cosa.

El incidente tuvo consecuencias inmediatas. Jarvis Cocker fue interrogado por la policía bajo sospecha de comportamiento desordenado y de haber puesto en peligro a menores presentes en la actuación, aunque finalmente no se presentaron cargos. El cantante defendió públicamente su acción explicando que pretendía satirizar el tono casi religioso del número y denunciar lo que consideraba una excesiva idolatría hacia la figura de Jackson. Según él, no se trataba de un ataque personal sino de una crítica artística.

Michael Jackson, por su parte, reaccionó con evidente disgusto. Su equipo calificó el gesto de ofensivo y el propio artista expresó su decepción ante lo ocurrido, subrayando que la actuación tenía un mensaje humanitario y que había sido irrespetada. La división de opiniones fue inmediata: mientras algunos fans del Rey del Pop condenaban la interrupción, otros espectadores celebraban el acto como una muestra del sarcasmo británico frente al espectáculo grandilocuente.

Con el paso del tiempo, el episodio se convirtió en uno de los momentos más recordados de los BRIT Awards y en un símbolo de la cultura pop de los noventa. Representaba, en cierto modo, el choque entre dos estilos y dos sensibilidades: la épica estadounidense frente a la ironía británica, el espectáculo masivo frente al gesto provocador del indie. Además, consolidó la imagen pública de Jarvis Cocker como un artista capaz de desafiar las normas con humor y audacia.

Curiosamente, lejos de perjudicar su carrera, el incidente reforzó la notoriedad de Pulp en pleno auge del britpop, mientras que Jackson continuó su trayectoria sin que el episodio afectara significativamente a su impacto global. Hoy, treinta años después, el vídeo sigue circulando por internet como una cápsula perfecta de aquella década: exceso, irreverencia y un sentido del espectáculo que no tenía miedo al ridículo.

Porque, al final, la historia del pop no solo se escribe con números uno o discos millonarios, sino también con esos instantes inesperados que convierten una gala formal en un momento cómico e inolvidable. Y pocas escenas resumen mejor esa mezcla de sorpresa y humor que el día en que Jarvis Cocker decidió colarse en el escenario del mismísimo Michael Jackson… y cambiar, por unos segundos, el guion del espectáculo.