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¿Podría hacerse hoy Glee? Los dos problemas con los que se encontraría en 2026

Ryan Murphy ha abierto la posibilidad de rescatar esta ficción

Reparto de 'Glee' / FOX

Lo reconozco: parte de mi personalidad se la debo a haber pasado mi adolescencia viendo Glee. La serie de Ryan Murphy se convirtió en un oasis queer lleno de referencias pop, números musicales inspirados en las canciones del momento y chistes que hoy no podrían hacerse. Un refugio para los incomprendidos que terminó convirtiéndose en un producto mainstream y que, una década después de su final, podría tener una segunda vida. ¿La razón? Ryan Murphy no descarta hacer un reboot.

En una entrevista para The Hollywood Reporter, el director ha dicho lo siguiente: "Muchísimas personas que ahora tienen veintitantos años, crecieron viendo esa serie y significó algo para ellas. La música significó algo. Así que, vamos a analizarlo y ver qué surge. Para mí, siempre se trata de la historia". Unas palabras a la que los fans se han agarrado como agua de mayo. Un rayito de esperanza.

Es entonces cuando me he preguntado, ¿sería posible un Glee en pleno 2026? Porque en una década, la sociedad y la industria musical ha cambiado a pasos agigantados. Y la ficción, tal y como la conocemos, tendría que enfrentarse a dos dilemas.

Los chistes: algunas bromas han envejecido peor que otras

Es imposible revisitar Glee sin encontrarse con momentos que hoy generarían más de una polémica en redes sociales. Porque sí, ahora todo es cuestión de debate. Para bien y para mal.

Las bromas constantes sobre el peso de Mercedes, los comentarios sobre la sexualidad de Kurt, algunos chistes relacionados con la discapacidad de Artie o la forma en que se abordaban determinados temas raciales son ejemplos claros de una serie que respondía a la sensibilidad de otra época. Aunque casi todas estas bromas se hacían desde un punto de vista caricaturesco. Una especie de crítica a la sociedad. Y es que al final, los protagonistas de la serie eran marginados en el instituto.

Jenna Ushkowitz, Alex Newell, Chord Overstreet, Becca Tobin, Kevin McHale, Melissa Benoist, Blake Jenner, Jacob Artist y Darren Criss en 'Glee' / FOX

De hecho, luego estaba Sue Sylvester. Un personaje legendario que basaba buena parte de su humor en insultar absolutamente a todo el mundo. Y eso que era una de las profesoras del centro.

¿Sería cancelada hoy por eso? Probablemente no. Pero sí tendría que reescribirse. La televisión actual sigue permitiendo personajes incómodos, villanos y humor ácido, pero existe una mayor atención al contexto, a quién hace la broma y a las consecuencias que tiene dentro de la historia.

Lo curioso es que, al mismo tiempo, Glee fue una de las ficciones más avanzadas de su generación. En pleno 2009 daba espacio protagonista a personajes LGTBIQ+, hablaba de bullying, identidad y aceptación cuando no era tan habitual verlo en una serie juvenil de máxima audiencia. De hecho, fue de las primeras series que puso a Kurt (Chris Colfer) y a Blaine Anderson (Darren Criss), una pareja homosexual, con el mismo peso en la trama que una pareja protagonista. También lo vimos con Santana (Naya Rivera) y Brittany (Heather Morris).

La música: el reto más difícil

Y aquí está el verdadero problema. Durante años, Glee convirtió las versiones musicales en un negocio millonario. Cada episodio incluía varias canciones y muchas de ellas volvían a las listas de éxitos gracias a la serie. Ahí están ejemplos inolvidables como Don't Stop Believin', Teenage Dream o las múltiples reinterpretaciones de éxitos de Britney Spears, Lady Gaga o Madonna. Incluso versionaron canciones de Taylor Swift. Algo que a día de hoy parece imposible.

Sin embargo, la industria musical de 2026 no funciona como la de 2009. Los artistas controlan mucho más su imagen y sus catálogos. Las licencias son más complejas, hay más plataformas compitiendo por los derechos y las canciones tienen muchas más vías de explotación que antes, desde TikTok hasta videojuegos o campañas publicitarias.

Parte del reparto de Glee / FOX

No significa que sea imposible conseguir permisos. Ahí siguen existiendo fenómenos como Sing, musicales como Moulin Rouge! o grandes producciones que negocian con artistas de primer nivel. Pero mantener el ritmo frenético de Glee, estrenando decenas de versiones cada temporada, sería bastante más complicado.

¿Por qué funcionó tan bien Glee?

Hay otro elemento que suele pasar desapercibido: Glee fue el producto perfecto para su momento.

Nació cuando triunfaban American Idol y los concursos musicales, cuando High School Musical había desatado la fiebre por los musicales juveniles, cuando Twitter empezaba a convertirse en una herramienta masiva y cuando millones de personas todavía compraban canciones en iTunes después de verlas en televisión.

Hoy el consumo musical es mucho más rápido y fragmentado. Las tendencias nacen y mueren en TikTok en cuestión de semanas. La conversación cultural ya no gira alrededor de una única serie que reúne a todo el mundo frente al televisor cada martes.

¿Podría hacerse Glee en 2026?

Por eso creo que Glee sí podría existir hoy, pero sería diferente. Tendría unos guiones más cuidadosos con determinados temas, una mirada más actual sobre la diversidad y seguramente menos libertad para lanzar bromas que en 2009 pasaban desapercibidas.

Sin embargo, el mayor reto no serían los chistes. Sería intentar recrear el ecosistema cultural que convirtió a Glee en un fenómeno irrepetible. Porque la serie de Ryan Murphy no solo contaba la historia de un grupo de adolescentes que cantaban en un coro. También representaba una época de la música, la televisión y las redes sociales que, simplemente, ya no existe.