15 años del adiós de Pereza: De grupo criticado por los puristas a un reencuentro soñado y quimérico
Un 29 de septiembre de 2011 el dúo formado por Rubén y Leiva anunciaba que sus caminos se separaban
Rubén y Leiva (Pereza) en 2007 / Lalo Yasky (Getty Images)
Hace 15 años, desayunábamos con uno de los terremotos que sacudía la escena musical española: Leiva anunciaba su separación: "Así, a bocajarro, queríamos contaros que este año no habrá disco de Pereza. Nos hemos encontrado con un repertorio muy extenso y nos ha resultado complicado confeccionar un solo disco. Sentimos que es un buen momento para descansar, investigar y desfogar por otros lados. Hacer un disco cada uno, disfrutar de la experiencia desde la intención más sanota. ¡Qué coño! y jugar un poco a los X-pensive Winos, que también nos hace gracia... Aun así, no vamos a dejar de dar conciertos de Pereza en el 2012. Al margen de nuestras correrías individuales, será de puta madre juntarnos para hacer conciertos, rockear, vernos los caretos y brindar por el encuentro. Vosotros, nosotros. Lo más importante de todo es que el coleguismo y el amor Rubén-Lei siguen intactos. Es, ha sido y será siempre nuestra prioridad. Así están las cosas y así os las hemos contado, que decía el locutor. Gracias por seguir ahí, nos vemos pronto amiguitos. Se os quiere".
Aquel comunicado, publicado el 29 de septiembre de 2011, marcó el final de una de las bandas más queridas —y también más discutidas— del pop-rock español del siglo XXI. Pereza, el dúo formado por Rubén Pozo y Leiva, cerraba una etapa que había sido tan fulgurante como breve, dejando tras de sí una colección de himnos generacionales y una legión de seguidores que aún hoy, quince años después, sueñan con un regreso que parece imposible.
Un grupo amado por millones y cuestionado por los puristas
La historia de Pereza es la historia de una banda que se atrevió a ocupar un espacio incómodo: el del pop-rock accesible, melódico, juvenil, que conectaba con miles de adolescentes mientras despertaba recelos entre los guardianes del rock más ortodoxo. Su mezcla de riffs guitarreros, letras costumbristas y actitud despreocupada les valió algunas críticas de quienes consideraban que su propuesta era demasiado ligera, demasiado comercial, demasiado “pop” para ser tomada en serio.
Pero mientras los puristas discutían, Pereza llenaba salas, firmaba discos de oro y se convertía en la banda sonora de una generación que encontró en ellos una forma de entender la música sin complejos. Canciones como Estrella Polar, Lady Madrid, Como lo tienes tú o Pienso en aquella tarde se convirtieron en himnos que trascendieron modas y prejuicios.
Pereza - Lady Madrid (Videoclip)
Con el tiempo, las diferencias creativas entre Rubén y Leiva se hicieron demasiado grandes. Ambos lo han contado muchas veces, y siempre con cariño y respeto. En una entrevista reciente, Leiva lo resumía así: "No fue una ruptura personal, sino artística. Nuestros estilos comenzaban a ser muy distintos". La transición no fue fácil: «En nuestro último concierto como Pereza reunimos a 20.000 personas. En mi primero como Leiva, en Burgos, 350. Fue una bajada de humos. Pero era feliz".
Rubén Pozo también explicó su versión: "Nos sentamos para confeccionar un repertorio y teníamos demasiadas canciones, tanto Leiva como yo. No nos poníamos de acuerdo y pensamos que lo mejor era tirar cada uno por su lado". Para él, la separación fue una forma de seguir creciendo: "Estoy muy imbuido en un proyecto que me llena profundamente. El futuro, que sea lo que sea".
Ambos coinciden en algo: la decisión fue la correcta. "Me hace especial ilusión ver que Rubén es mejor músico ahora. Que yo soy mejor músico ahora. Que los dos tomamos la decisión adecuada", confesó Leiva.
Leiva - Mi Pequeño Chernóbil
Quince años después: el regreso imposible… pero deseado
En una época en la que casi todas las bandas míticas han protagonizado regresos inesperados, Pereza se ha convertido en uno de los retornos más deseados y, paradójicamente, más quiméricos. Rubén y Leiva lo han repetido una y otra vez: no habrá vuelta de Pereza. No como banda, no como proyecto, no como gira. Solo como amistad. Y aun así, cada vez que se juntan, el país entero se detiene.
A lo largo de estos quince años, Rubén y Leiva han protagonizado varios momentos que han mantenido viva la llama de Pereza. Durante la pandemia, compartieron el videoclip de Mi pequeño Chernóbil, donde celebraban su historia con humor y nostalgia. Poco después, volvieron a tocar juntos en el Náutico de San Vicente, en un concierto íntimo que cientos de personas recuerdan como mágico. También han compartido selfies, botellines y escenarios improvisados o planificados (como el cierre de la gira Cuando te muerdes el labio en Madrid o su paso por la Revuelta con un coro de artistas españoles de lujo: Iván Ferreiro, Amaral...).
Pero cada vez que se les pregunta por un regreso, la respuesta es la misma. Leiva lo dejó claro en una entrevista con LOS40 en Lithica: "No me ha despertado ninguna gana de retomar un proyecto que no existe. Pereza cumplió un ciclo. Duró lo que tenía que durar".
Quince años después, Pereza sigue siendo una banda viva en la memoria colectiva. Sus canciones continúan sonando, sus letras siguen acompañando a quienes crecieron con ellas y su historia se ha convertido en un ejemplo de cómo dos artistas pueden separarse sin romperse, crecer sin olvidarse y mantener una amistad que trasciende cualquier proyecto. Las canciones del dúo siguen siendo de las más celebradas en sus shows cuando aparecen en el repertorio.
El regreso de Pereza es un sueño. Un sueño hermoso, pero quimérico. Y quizá ahí reside su magia: en saber que, aunque no vuelva, nunca se ha ido realmente. Después de todo ya lo decían los de Alameda de Osuna: "Sueña, sueña, sueña conmigo..."
