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    La goleada de Andrés Calamaro en Sevilla

    Arrancar con Alta suciedad es comenzar ganando desde el vestuario. Esta es la crónica de su directo en la capital hispalense

    La goleada de Andrés Calamaro en Sevilla

    Andrés Calamaro, en concierto en 2019 / Xavi Torrent/Redferns

    Con un pañuelo a modo de samurai, apareció Andrés Calamaro el pasado sábado dispuesto a brindarnos al mejor Calamaro en el Fibes de Sevilla, ante más de tres mil personas. Esta leyenda argentina, comenzó rindiendo homenaje a otra leyenda desaparecida el día anterior, Dr. John, con una electrizante versión del Right Place, Wrong Time, y definió su cita con el público sevillano como una enorme responsabilidad. Pero con tremenda discografía, el histórico cantante tenía las herramientas necesarias a su favor.

    Arrancar con Alta suciedad, el primer corte del trabajo al que daba título (y segundo álbum de rock más vendido en la historia de Argentina, tras El amor después del amor de Fito Páez) es comenzar ganando desde el vestuario, para apoderarse después de Verdades Afiladas, uno de los singles del disco que presentaba, Cargar la suerte, donde retorna el toque guitarrero y en cuyo videoclip emula a Travis, el taxista de Taxi Driver.

    A continuación, llegó la hora de Clonazepán y circo, y es que en su repertorio no puede faltar Honestidad brutal, que recién cumplió veinte años, ese álbum doble de treinta y siete canciones (recordemos que publicó el quíntuple disco El Salmón, con más de un centenar de temas). Entre tema y tema del plantel (en todos, sin excepción ni descanso) le jaleaban como si en el auditorio se estuviera jugando la mismísima Copa América.

    Calamaro ya estaba en lo más alto del podio, y nos concedió otra joya atemporal: A los ojos, nos aferró a Los Rodríguez en la voz del grande. E inmediata e irremediablemente, todos de pie y a viva voz.

    Volvió a ser el dirigente de nuestra parte más urgente, artesano de nuestro lado más humano, y el comandante de La parte de adelante... y nosotros vulnerables a su lado más amable.

    La melancólica Algún lugar encontraré también lidió en la cascada de canciones de esa noche y le acompañamos a sus Cuarteles de invierno. Las oportunidades fue uno de los tres temas nuevos que se incluían en su disco El Cantante (2004), donde rescataba clásicos de la música latinoamericana, y en el afirmaba que cómo, cuándo y por qué es demasiado preguntar al destino.

    Sin guillotina no hay revolución, reza la encendida Falso LV. Si en Alta Suciedad le reclamaba al señor banquero que le devolviera el dinero, en este corte de su último trabajo usa el sarcasmo mientras espera la devaluación de Marzo. All u need is pop, con regusto a Bowie e Iggy Pop, tampoco faltó y todos nos agitamos con Loco, otro de los salvavidas que ansiábamos durante el impecable show que estaba ofreciendo.

    Su lograda prosa se tornó en poesía para Andalucía, haciendo hincapié en la ciudad que le acogía "vuelvo a Sevilla, la vida son los colores para lo demás no hay prisa". En su particular versión de la historia, siguió sangrando la herida elegantemente en Tuyo siempre. Y volvió a recitar.

    Presentó a su cuadrilla improvisando de nuevo el Right Place, Wrong Time de Dr John, y tuvo palabras para los que él considera sevillanos "clave", como Morante de la Puebla, Jesús Quintero o Silvio Fernández Melgarejo.

    Llegó la ocasión de oír en directo Cuando no estás, del Calamaro más Bohemio, otro tema rompe-almas, regresó Tránsito Lento y despegaron Los Aviones, cuyo aterrizaje se esperaba.

    La crónica social volvió a darse paso con My Mafia, que dedicó a los barrios más desfavorecidos de su país y a las Tres mil viviendas. Esta canción cuenta la historia de Frente Vital, un ladrón que todo lo que "recaudaba" lo entregaba a la gente de su barrio y que fue acribillado por la policía.

    Un hit como Mi enfermedad podría ser el Messi o Maradona de su setlist. Y lo clavó. Crímenes perfectos es una obra maestra. Y desarmó.

    Firmó autografos a los que embotellaban la primera fila antes de entonar la primera estrofa de la ya legendaria Estadio Azteca, donde hay un combo de tango, blues y guitarra (ese Niño Josele...) y caja flamenca. Resucitó a Los Chicos finalizándola con unos versos de Música Ligera de Soda Stereo, en su particular homenaje al ausente Gustavo Cerati. Nada nos libra, nada más nos queda.

    Acordes más, acordes menos, parecía Sin Documentos, pero fue La Milonga del marinero y el capitán, otro rewind. Paloma es una potente puñalada al corazón y con ella nos dio el estoque.

    En los bises, no hubo paseíllo, pero sí más "puro Calamaro", que nos cantó la historia de La flaca y remató la conquista y las dos horas de concierto con Me estás atrapando otra vez. A falta de capote, celebró la victoria (pero no la soledad) con medios giros ante la embestida de aplausos. El Salmón dejó su recuerdo para siempre.


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