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    Amaia lanza ‘Pero no pasa nada’: vida y muerte de un primer amor

    La artista describe las etapas de una relación en este álbum conceptual: desde las mariposas del principio hasta la aceptación del final

    Amaia lanza ‘Pero no pasa nada’: vida y muerte de un primer amor

    Amaia lanza 'Pero no pasa nada' / Universal Music

    Cuando a Amaia (Pamplona, 1999) le cayó un relámpago de niña, debió de dotarle de superpoderes musicales: la voz dulce de un jilguero, la capacidad de emocionar hasta a las piedras y el potencial de llevarse cualquier canción a su terreno. Aunque acabe de empezar en la industria, la intérprete de El Relámpago sabe en qué género(s) quiere moverse y lo deja bien claro en su primer álbum: Pero no pasa nada.

    Hemos tenido que esperar un año y medio para escuchar el esperadísimo debut musical de la artista, pero ha merecido la pena. El disco de Amaia es un disco conceptual, tiene pies y cabeza y una historia que contar. Fiel a lo que ella quiere ser, una artista que controla su carrera, ha lanzado diez canciones que podrían describirse como indie pop.

    Con un sonido entre Zahara y los Fresones Rebeldes, con tintes de Marisol, Pero no pasa nada es un viaje a la nostalgia y a ese primer amor adolescente que te hacía tener mariposas en el estómago. Porque... ¿a quién no le ha saltado el corazón del pecho cuando ha visto que la persona que le gusta le escribe un mensaje o ha vivido un romance de verano? De eso mismo habla el disco, de la montaña rusa emocional que sientes cuando tienes dieciocho años y te enamoras. Pero claro, tras el primer desamor, nunca volvemos a enamorarnos de la misma manera y Amaia habla de eso. De este modo, en LOS40 hemos querido sacar nuestras propias conclusiones y analizar las letras. Tened en cuenta que al final cada uno entiende el arte a su manera.

    Prólogo: Última vez

    Amaia comienza el disco con Última vez, acompañada solo de tres acordes de guitarra, su voz y su silbido. Esta triada nos introduce en el viaje. Es simplemente un adelanto de un minuto de lo que nos va a contar. La artista asegura que esto no es una historia de amor al uso, sino más bien de desamor: “El avión se va a caer, tú serás mi última vez”. Amaia nos invita a contarnos su historia y a ponernos cómodos.

    El verano del amor

    Comienza a contarnos cómo empezó a sentir esas mariposas en el estómago. Lo hace con Quedará en Nuestra Mente, un medio tiempo que salió a principios de verano, en el que la pamplonica se sincera. Porque el primer paso de un romance es reconocer que nos gusta esta persona: “Dime que soy yo para ti, si actúas solo conmigo o no. Hace tres meses todo iba bien, pero al final me enamoré”. Pero esta sensación es nueva para la artista y reconoce estar asustada: “No sé qué me pasa, pero me doy miedo”. Se pasa todo el día pensando en esa persona sin poder concentrarse (“Y hoy que ha salido el sol me acuerdo de ti”). Vamos, que está totalmente in love.

    Pero ese amor juvenil también tiene sus fases malas. Amaia habla sobre esos altibajos que sufre cualquier relación, tengas la edad que tengas, pero que aprendemos a gestionar mejor con los años. Lo hace con su primer single, El Relámpago (donde demuestra el enorme potencial de su voz y su pluma). “No quiero hablarte para volver a lo de antes, no quiero hablarte pero me muero de ganas de verte”, dice Amaia. La artista aborda la lucha interior que tenemos cuando vivimos un desamor: la eterna guerra del corazón y la razón.

    Es en la cuarta canción, Nuevo Verano, cuando Amaia recuerda de manera feliz aquel amor. Con un sonido muy sesentero, habla sobre ese optimismo que nos invade cuando conocemos a alguien que nos gusta: “Me gusta el mundo, pero tú un poco más (…) La guitarra suena un poco mal, pero no importa”. Pero nada es para siempre y, al igual que el verano, las relaciones tienen un punto final: “Te despides con la mano, finges que esto no ha pasado”. Eso sí, siempre queda la ilusión de volver a tener contacto con esa persona: “Pero yo sigo temblando al ver que llega un mensaje tuyo”.

    Llegó el primer desamor

    Tras aquellos días felices, llegó el momento de ponerse nostálgico en Nadie podría hacerlo. El verano ha pasado y el recuerdo de aquel amor cada vez está más alejado. Pero no ha sido en vano, Amaia, acompañada de un piano, habla de todo aquello que ha aprendido tras esa relación: “Nada me parecerá igual porque lo miro con otros ojos”.

    Pero olvidar a alguien que te ha hecho sentir tanto no es tarea fácil. Quiero que vengas, una de las canciones donde la artista saca el mayor potencial a su voz, es la prueba de ello. Porque los recuerdos son difíciles de olvidar: “Despierto con todas las canciones que escuchamos juntos, un día oscuro comienza pero voy a vencerlo”.

    De hecho, a veces incluso tendemos a idealizar aquellos momentos, haciendo que sea más difícil volver a nuestra vida: “La fuerza de un lugar seguro y de los buenos tiempos, viajando por mi cabeza donde todo es mejor”. De este modo, Amaia quiere que vuelva esa persona que tanto le hizo sentir.

    Este mismo tema lo trata en Todos estos años con frases como “Desde lejos las cosas se ven muy bien. Nunca voy a olvidarme de ti, aunque a ese lugar no volveremos”. La persona no termina de aceptar esa ruptura y quiere volver a ese momento: “Porque yo quiero imprimirte a ti y que estés aquí”.

    Y llegó la aceptación…

    En Un día perdido, Amaia habla sobre esa etapa de aceptación. Ella ya solo quiere estar tranquila y seguir con su vida, poder conciliar el sueño por las noches sin pensar en esa persona: “No me interesa que vuelvas aquí, yo solo quiero esta noche dormir”.

    Y llegó la asimilación en Cuando estés triste. Amaia le canta a una mujer, diciéndole que no hace más que llorar y que debe animarse. Puede que la artista esté hablando con otra persona, pero también puede ser ella misma dándose consejos para seguir adelante. Ya no quiere estar triste. ¿Y qué elemento ayuda a purificar el alma? Nada más y nada menos que el agua: “Ven, vamos a ir a ver el mar, por fin”. Se trata de una de las canciones más bonitas del disco, una balada que anima a limpiarnos las lágrimas tras un mal episodio.

    ¿Y para acabar? Porque Apareciste. Acompañada de una guitarra española y el sonido de una bandurria, la cantante se sincera y termina aceptando que esa persona ya forma parte de ella para siempre (“Quiero entenderte, tú estás en mi letras”). Eso sí, acepta la parte dolorosa del amor, la que tiene que ver con que un día puede acabarse: “No te vayas o vete, pero déjame cantar. Miénteme si quieres, sé cuando dices la verdad”.

    Amaia termina aceptando que el amor es una cosa del sino, que no puedes controlar y cuyas emociones surgen solas. La última frase del disco lo deja claro: “Te quiero porque apareciste”. Amamos en unas circunstancias, no elegimos el dónde, el cuándo y con quién. La cosa surge y los sentimientos crecen. La artista lo aprende tras idas y venidas. Es la moraleja que se queda tras el primer amor. Pero hay luz porque, al igual que esa persona apareció, podrán aparecer otras.


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