‘The Fame Monster’, la culminación como icono pop de Lady Gaga, cumple 10 años

Analizamos el fenómeno que convirtió a la artista en todo un símbolo de la excentricidad pop

‘The Fame Monster’, la culminación como icono pop de Lady Gaga, cumple 10 años

George Pimentel/WireImage

Esta semana se cumplen 10 años del que podría ser el disco más importante de Lady Gaga: The Fame Monster. Un EP que consiguió cambiarlo todo para un fenómeno que vivió una auténtica reinvención cuando ni si quiera se esperaba eso de ella. Ahora, aunque la artista parece haberse olvidado de alguno de sus trabajos, lo cierto es que este podría ser el disco del que más orgullosa puede estar.

Pongámonos en antecedentes: Era 2009, y Lady Gaga vivía una de sus mejores épocas. Con la resaca del éxito masivo que supuso The Fame -para algunos incluso reinventó la forma que se tenía de hacer pop- su discográfica, Interscope Records, le propuso una reedición del álbum. Ella no se negó, pero como de costumbre, exigió hacerlo a su manera tal y como contó a Rolling Stones esos años: "Originalmente querían que añadiese tres canciones, y ahora es mucho más que eso". Y tanto que lo fue.

The Fame Monster llegaba al mercado un 18 de noviembre de 2009, y con apenas 8 canciones desplegaba un repertorio que se alejaba de lo que la cantante acababa de mostrar en su debut. De Bad Romance a Teeth, los géneros iban desde la electrónica al dance, pasando por ritmos tribales, englobado en un producto pop que conquistó al público y la crítica a partes iguales.

Un disco nacido del miedo

Si bien The Fame seguía una línea "inmadura" de fama, dinero y fiesta; The Fame Monster supuso un punto de inflexión en lo que Gaga quería transmitir con su música. Este EP era mucho más conceptual que su debut, y se centraba en experiencias de la cantante. El miedo a sus 'monstruos' personales fue lo que inspiró las canciones, con metáforas sobre el miedo al 'monstruo' del alcohol (So Happy I Could Die), al 'monstruo' del sexo (Monster) o al 'monstruo' de la muerte (Speechless), entre otros.

/ Gregg DeGuire/FilmMagic

Sus fans, de hecho, apreciaron tanto su trabajo que acabaron coronando a Gaga como la 'Mother Monster' de sus 'Little Monsters' -el nombre que el fandom recibió- convirtiéndola en un referente en la industria con un puesto que, si su debut ya lo había conseguido, con TFM se lo afianzó para la posteridad.

Pero la estadounidense aún se guardaba un as en la manga para esta era: Los videoclips. Con una Gaga más que decidida con que su disco era un álbum con un concepto totalmente propio, decidió dotar al proyecto de una marca personal que no pasó desapercibida para nadie.

Una artista visual

La puesta en escena de los VMA's de 2009, donde la cantante acabó desagranda y colgada del techo como parte de una de las performances más recordadas de la historia de los premios, era sólo un adelanto de todo lo que estaba por llegar. La cantante, con la ayuda de la Haus of Gaga -su equipo creativo- se apropió de todas las alfombras rojas allá donde iba, consiguiendo la atención absoluta de principio a fin en cada gala.

Pero más allá de una presentación en vivo había una plataforma que, si bien no era nueva, estaba en pleno boom. YouTube era uno de los soportes más importantes para la identidad visual de cada artista, y Gaga estrenó la era TFM de la mejor manera posible: Con el videoclip de Bad Romance.

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Francis Lawrence, director de videoclips de Green Day, Beyoncé, Jay-Z o JLo -y de películas como Los Juegos del Hambre- fue el fichaje para un videoclip que sirvió como carta de presentación de la esencia que Gaga quería mostrar al mundo. Desde ataúdes blancos a un sujetador que lanzaba fuego, el vídeo rápidamente se convirtió en todo un éxito en cifras, llegando a ser durante mucho tiempo como el vídeo más visto de la historia de YouTube.

Tras ello llegó Telephone, un cortometraje influenciado por el arte pop más directo y el cine tarantiniano que protagonizaba la cantante junto a Beyoncé, que colabora en el tema. El vídeo, además, servía como continuación directa de Paparazzi, el último single de su anterior disco. Dos criminales llegaban a una cafetería y acababan envenenando a todo el mundo -por error-. A día de hoy, sus fans no olvidan el 'continuará' que aparece al final del videoclip. ¿Quién le iba a decir a Gaga que un tema que escribió para Britney Spears y no quiso le llevaría a una pieza visual esencial para entenderla como artista?

Alejandro, su último vídeo de este EP, pasó más desapercibido. Sin embargo, fue el precedente de una de sus tantas polémicas. La Iglesia criticó las referencias católicas y provocadoras de la artista, aunque su director intentó salvar la situación acuñando que la simbología era sólo una vía de escape para la protagonista, que apostaba por el mundo espiritual antes que por el carnal. No convenció a muchos.

Giras, mucha carne y premios: El final de una era

The Monster Ball Tour permitió a la cantante llevar su música por todo el mundo, con una gira que solo resaltó la leyenda de la excentricidad de la artista. En un show de casi dos horas, sus fans podían disfrutar de coches con piano incorporado, vagones de metro casi a tamaño real e incluso un Monstruo gigante que "devoraba" a Gaga en mitad de la actuación. Un tour que, por cierto, consiguió hacerse con más de 100 millones de dólares.

Pero todo acaba, y con ella de vuelta en casa, tocó volver a la temporada de premios. Los Grammy resultaron dándole el premio a Mejor Premio Álbum de Pop Vocal, aunque la traca final vino con sus preciados VMA's, que ya había revolucionado un año atrás.

Esta vez no actuaba, pero desde que entró a la alfombra con un Alexander McQueen que puso en el punto de mira a toda la prensa, empezó a ganar premios minuto a minuto hasta llegar a nada más y nada menos que ocho "Moonmen". Entre ellos, el de vídeo del año, que agradeció de una manera que sirvió para cerrar la gala con el hype de sus Little Monsters por las nubes:

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"Nunca pensé que le pediría a Cher que sujetase mi bolso de carne". Una Gaga con el que puede ser el vestido más polémico y famoso de toda la historia de la MTV -que sirvió como alegato LGTB para decir que "no solo era un trozo de carne"- empezó así el discurso para agradecer el premio de la noche, cantando después lo que sería el primer single de su siguiente disco, Born This Way. Otra etapa de récords, momentos icónicos y música que volvió a revolucionar la industria videoclip a videoclip.

Una década de una Gaga que ahora parece otra distinta, con sombrero y cantándole a su difunta tía Joanne. Pero si algo nos enseñó TFM es que los movimientos de la artista son imprevisibles... Y hay rumores de que su próximo disco encantará a los que fueran fans de la etapa más oscura de la artista. ¿Volveremos a verla así?


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