¿Está la ‘Rebeca’ de Armie Hammer y Lily James a la altura del clásico?

El remake de Netflix se estrenará en cines muy selectos el 16 de octubre

Rebeca de Netflix altura clásico

Lily James (i) y Armie Hammer (d) en una escena de 'Rebeca', la nueva película de Netflix para homenajear el 80 aniversario de la cinta de Alfred Hitchcock / Netflix / Kerry Brown

Como vivimos inmersos en la era del remake y el reboot cualquier producción que en el pasado haya tenido cierto éxito es susceptible de convertirse en una nueva película. Los iconos de la cultura popular están en el ojo de las grandes productoras, pero a estas no se les escapa que mirando un poco más hacia atrás, a aquellos clásicos de Hollywood que cimentaron la industria de sueños que hoy conocemos, también pueden encontrar buenas ideas para sus historias. Es el caso de Rebecca, la nueva película de Netflix con Armie Hammer (Call Me By Your Name) y Lily James (Downtown Abbey).

Cuando Alfred Hitchcock rodó Rebeca en 1940 muchos ya le consideraban el Maestro del Suspense. Sin embargo, al contrario de lo que piensan muchos, esta fue su primera película rodada en Hollywood. El magnate del cine David O. Selznick, tras ver sus excelentes trabajos en Inglaterra, le dio la oportunidad de probar suerte más allá del charco, y aunque la relación al desembarcar fue tensa porque el productor no paraba de interferir creativamente en el rodaje "aportando" sus ideas, Hitchcock salió del paso y rodó la que aún es, a día de hoy, una de sus cintas más recordadas. Y aquella que le abrió definitivamente las puertas de Hollywood de par en par.

Netflix no tiene a Laurence Olivier ni a Joan Fontaine, los protagonistas del clásico, pero sí a dos contemporáneos que, a priori, parecían bastante competentes: Hammer y James. Además, cuenta con una historia de amor e intriga que técnicamente no envejece. Rebeca se basa en una novela de Daphne DuMaurier que trata sobre una joven de clase baja que se casa con un aristócrata recién enviudado, Maxim de Winter. Él la lleva a Manderley, una portentosa mansión en Inglaterra, donde le espera una comitiva de criados encabezados por la escalofriante señora Danvers (Kristin Scott Thomas), la ama de llaves que coordina al personal.

El fantasma de Rebeca de Winter, la exmujer de Maxim, acecha desde los cuadros de las paredes, los objetos de los tocadores y desde la mirada penetrante y fría de la señora Danvers, quien fuera su íntima amiga en el pasado (hay quien especula, incluso, que pudiesen tener una relación lésbica). La joven protagonista –de la que nunca sabemos su nombre real– se siente cada vez más aislada y sola en esa mansión de lujo que parecía llena de vida pero que esconde oscuros secretos. ¿Cómo murió la señora De Winter?

La revisión de un clásico: ¿merece la pena la nueva Rebeca?

Netflix ha querido homenajear el 80 aniversario del estreno de Rebeca con una película que tan solo se puede relacionar con el clásico de Hitchcock por su título. Estamos ante una cinta pueril, recargada, anacrónica (la música de algunas escenas desentona completamente con la época en la que se desarrolla, previa a la Segunda Guerra Mundial) que explota las muchas virtudes de su predecesora y las copia y pega con brocha gorda, sin gracia ni ritmo, sin profundizar en los matices ni en la deriva psicológica de sus personajes. No en broma la han comparado con una mezcla entre Downtown Abbey y El gran Gatsby. Tiene lo mejor de la primera (lo visual) y lo peor de la segunda (todo lo demás).

Lily James no es Joan Fontaine. La angustia que consiguió epatar hace ochenta años la hermana de Olivia de Havilland con James se ha transformado en una sobreactuación hilarante. Ha desaparecido el desconsuelo que sentíamos por la joven sustituta de Rebeca de Winter, que tenía esa mirada perdida, llorosa, ingenua y suplicante (cuenta la leyenda que Fontaine pidió a Hitchcock que la abofeteara antes de una escena para sacarle las lágrimas). Lily James no tiene esa fuerza porque carece del carisma para llevar el protagonismo de una película de época.

Hammer tampoco tiene la masculinidad sobria y flemática de Laurence Olivier, que aunque no hizo el mejor trabajo de su carrera sí le aportó una dimensión psicológica atormentada al personaje; una proyección de la que carece el protagonista de Call Me By Your Name, al que vemos como mero guaperas al servicio de su belleza adonizada y musculosos brazos, pero que está completamente desaprovechado por la dirección pobre y sin garra del cineasta Ben Wheatley (High-Rise). Sin una personalidad fuerte de los dos protagonistas, Rebeca hace aguas por todos lados.

La película es tan autorreferencial y romántica (en el sentido artístico) que no aporta nada nuevo a la trama original. Se pierde en vericuetos y ensoñaciones surrealistas de la protagonista, que bien aparece persiguiendo al fantasma de Rebeca con tacones, bien hundiéndose entre las ramas de cientos de árboles que manan del suelo o bien perdiendo el juicio en un excéntrico baile de máscaras tras haber sido humillada públicamente por su marido, en unas escenas que desentonan con el terror psicológico construido a base de juegos de miradas, sombras y reflejos que debería brillar en toda la cinta.

La conclusión es más que evidente: el remake de Rebeca no era necesario y mucho menos está a la altura del clásico. El resultado de esta pobre película de Netflix, que el viernes 16 de octubre llega a cines selectos para quien quiera padecerla, certifica que hay obras maestras que es mejor dejarlas donde están, so pena de hacer el ridículo. Tratar de mejorarlas al final solo consigue engrandecerlas. Ya ocurrió en 1997 con un telefilm protagonizado por Charles Dance y Diana Rigg, estrellas de Juego de Tronos, y no cuajó.

  • Lo mejor: la recreación del interior de Manderley y sus alrededor y la interpretación de Kristin Scott Thomas (Fleabag), tan inquietante como la de Judith Anderson en 1940.
  • Lo peor: el exceso de música en cada escena, los movimientos de cámara irritantes, la interpretación sobreactuada de Lily James y el pasotismo e indiferencia de Armie Hammer, que cada vez que se va de una habitación ofendido dan ganas de soltarle una bofetada.

Rebeca se estrenará en Netflix el 21 de octubre.


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