David Summers (Hombres G): “Siempre están los Hombres G, somos como Matías Prats o Jorge Javier Vázquez”

Repasan sus casi 40 años de trayectoria en una biografía sin temas tabú

Hombres G

Hombres G posaban así en 1982. / Gianni Ferrari/Cover/Getty Images

Nunca hemos sido los guapos del barrio. Así se llama la última biografía autorizada de Hombres G escrita por Javier León Herrera. Un repaso a la vida de los cuatro amigos de la infancia que han acabado compartiendo una vida entera con su proyecto musical.

Cuando tocaban siendo unos adolescentes, ansiaban poder ligar más y pasárselo bien haciendo música. Poco podían imaginar en aquellos inicios más cercanos al punk que al pop, que se convertirían en uno de los grupos más importantes de nuestro país y, desde luego, el más longevo sin cambios en su formación.

Aquella pandilla en el Parque de las Avenidas, aquellos primeros amores, esos inicios a lo Sex Pistols, su primer pelotazo, su llegada a América como si fueran los Beatles, su etiqueta de ‘pijos’, sus borracheras, su parón en el 92, su regreso diez años después… casi 40 años de trayectoria que repasan a base de anécdotas que nos dan una idea de lo mucho que han exprimido sus vidas. De todo eso, hemos hablado con David Summers.

Una nueva biografía de Hombres G… No sé si habrás tenido la oportunidad de leerla, pero, ¿qué se siente leyendo tu vida en un libro?

Hemos participado activamente en el libro. Leerlo me hace sentir un poco viejo porque han pasado muchísimos años y yo que siempre he tenido la sensación de que el tiempo pasaba rapidísimo y que, para mí, todas las cosas fueron ayer, realmente, leyendo el libro te das cuenta de que no fue ayer, fue antes de ayer, más bien (risas).

Tu padre te dijo que todos los grupos se acaban y que no te veía con 60 años cantando Sufre mamón. Prueba de que los padres no siempre tienen la razón, ¿no?

Ni siquiera mi padre, que era un tipo inteligentísimo y que se las sabía todas, podía prever lo que ha ocurrido con Hombres G, que es un fenómeno completamente inédito en el sentido de que yo creo que no existe otro grupo que lleve tantos años, los mismos tíos juntos, sin parar durante casi 40 años. Cuando mi padre me decía eso era cuando pensaba que, efectivamente, los grupos duraban muy poco tiempo, cinco años como muchos, diez años, pero 40 años, solo los Rolling Stones. Mi padre era como ‘piensa que esto se va a acabar, esto no es eterno’. Con sacrificio, trabajo e ilusión constante, hemos conseguido que esto se pudiera hacer así. Mi padre no andaba muy desencaminado, lo que pasa es que, ni yo mismo esperaba que después de tantos años iba a estar hoy hablando de esto.

Casi 40 años de música, ya se os puede considerar leyenda… Supongo que en ese tiempo habéis visto desaparecer muchos otros grupos, ¿cómo valoras eso?

Nos preguntan constantemente ‘¿cómo lo habéis hecho para manteneros los cuatro juntos y no tener peleas?’. Para nosotros ha sido facilísimo. Somos muy buenos amigos desde la infancia y nos gusta estar juntos, tocar, hacer música, viajar por el mundo. Hemos tenido mucha suerte, las cosas nos han ido casi siempre muy bien y ha sido todo más fácil de lo que esperaba. Hemos mantenido nuestro ego a raya, hemos confiado en nuestras canciones y hemos permanecido por el amor a la música que tenemos, que es lo que más nos gusta hacer y lo que nos hace felices. Otros artistas han ido desapareciendo, los Hombres G han estado siempre, todas las décadas. En los 80 estaban Hombres G y Danza Invisible. En los 90 estaba Alejandro Sanz, pero también Hombres G. En los 2000 surgió El canto del loco y estaban los Hombres G. Siempre están los Hombres G, somos como Matías Prats, como Jorge Javier Vázquez.

Algunos se sorprenderán al leer vuestros inicios punk… y, sobre todo, cómo pasáis de eso a ser un grupo de pijos, ¿surrealismo?

Surgimos en la movida, realmente un pelín más tarde, somos una generación posterior. Yo era fan de los grupos de la Movida, iba a los conciertos de Rock-Ola. Iba a ver a Alaska, iba a ver a Glutamato. Nuestro origen es aquel origen transgresor de la Movida que era un poco punkie. Lo que pasa es que luego vas evolucionando y vas queriendo hacer música un poquito más compleja, melodías más bonitas y vas pasando al pop. ¿Lo de los pijos? Sinceramente, nosotros nunca lo hemos sido, lo que pasa es que gustábamos muchísimo a este gremio, pero como a todos. Nuestro gran público, realmente, era la gente humilde. Cuando lo petábamos de verdad era cuando tocábamos en barrios como Leganés, Getafe o Fuenlabrada, aquí en Madrid, al principio, que no son sospechosos de ser pijos, para nada. Yo siempre lo he dicho, es como si gustas mucho a los chinos, eso no te convierte en chino. Éramos gente normal y sencilla y lo hemos seguido siendo toda la vida. Nunca hemos llevado ropa de marca, ni hemos jugado al polo, ni vamos a las regatas ni hacemos esas cosas. Somos gente trabajadora y sencilla y estamos dispuestos y abiertos a que nuestra música guste a todo el mundo, a los pijos y a los no pijos.

Canciones como El enfermo de la torre (sobre un tío con pene enorme, recluido en una torre porque era un peligro y las enfermeras hacían cola porque les molaba) hoy en día, que hay tanta facilidad para ofenderse, hubiera sido impensable, ¿no crees?

Tampoco quiero hablar mucho de esa canción porque realmente nunca se grabó. Era una de esas chorradas que se me ocurrían, tenía 18 años. Esas cosas las haces con 18 años o no las haces, era el momento de provocar, de llamar la atención, de alguna manera hacer algo distinto. En aquella época, igual que ahora, éramos unos cachondos y estábamos siempre de cachondeo y hacíamos este tipo de rollos. Las cosas han cambiado mucho, ahora se te echa encima cualquier colectivo, en cualquier momento, por decir cualquier cosa. En aquella época eran aires de libertad y la gente podía decir lo que quisiera. Fueron muchos años de franquismo y era el momento de ‘ahora digo lo que me da la gana’ y provocaba esas letras a muchísimos artistas de la época.

Nosotros decíamos mamón y marica y mierda y eso les voló la cabeza.

Pijos y blandos en España y subversivos en Latinoamérica… ¿tan diferentes somos?

Sobre todo, por el lenguaje y la época. Ahora mismo en Latinoamérica no hubiera pasado lo mismo que pasó en el 85 cuando fuimos la primera vez. En aquella época había muchos países de Latinoamérica que eran muy, muy conservadores y no se podía decir una palabra malsonante, como decían ellos, una grosería. Nosotros decíamos mamón, y marica, y mierda y eso les voló la cabeza. Pero aquello nos ayudó muchísimo. El ser un grupo escandaloso en México nos ayudó muchísimo. La gente se volvió loca con nosotros solamente por eso. Y luego eso nos abrió las puertas para enseñar quiénes éramos y se dieron cuenta en seguida de que éramos gente maja y que lo que hacíamos era música divertida, y que lo que queríamos era hacer feliz a la gente y ese escándalo se quedó atrás.

El amor que habéis sentido en Latinoamérica siempre ha estado por encima del que habéis sentido en España. Y echáis la culpa a la prensa y la cultura progre, ¿ha mejorado esa relación?

Siempre nos han envidiado mucho y eso nos ha excluido de premios, reconocimientos… El ir por tu cuenta y no pertenecer a ninguna pandillita, tiene un precio. Pero lo pagamos muy a gusto porque nos sentimos totalmente independientes y hacemos lo que nos da la gana y lo hemos hecho desde el minuto uno que empezamos en el año 83, hasta ahora en el 2020. No me arrepiento de nada, no necesitamos tantos premios y tenemos en el otro lado de la balanza el apoyo y el cariño del público, nuestras ventas de discos y nuestros conciertos a reventar durante toda nuestra vida.

Leyendo el libro, sobre todo la primera parte, uno se queda con la sensación de que os pasabais el día, borrachos… Mucha cerveza y algunos porros, pero nada de otro tipo de drogas, ¿esa fue uno de los aciertos en una época en la que muchos optaron por lo contrario?

No sé si fue un acierto, era nuestra actitud. No éramos ningunos santos, nos gustaba pasárnoslo bien, emborracharnos y divertirnos. Nunca caímos en la profundidad en el tema de las drogas como les pasó a muchos compañeros de nuestra generación que, desgraciadamente, muchos han muerto o han quedado mal para siempre. Siempre supimos que había puertas que no queríamos abrir y otras que sí. Tuvimos, gracias a Dios, tener la inteligencia de saber qué puertas abrir y cuáles no. Es una actitud personal de cada uno, nosotros somos así.

Murió mi padre y eso me afectó muchísimo, no tenía ganas de escribir canciones y estuvo jodido un par de años.

Vivisteis unos primeros años muy bestias y muy rápido y llegó el desgaste… ¿eso es inevitable en un proyecto compartido?

Claro, llegó el desgaste, pero sobre todo por el trabajo. Fue algo excesivo. Éramos muy jóvenes y nos sentíamos capaces de todo y decíamos que sí a todo el mundo. Hacíamos 140 conciertos al año. Al mismo tiempo hicimos dos películas. Hacíamos gira en España, gira en América. Teníamos 20, 23 años y el cuerpo aguantaba todo, pero llegó un momento en el que nos saturamos. Nos dimos cuenta de que la gente nos estereotipaba y no éramos capaces de sorprender al público. La marca Hombres G pesaba demasiado sobre nosotros y decidimos parar en el 92. También murió mi padre y eso me afectó muchísimo, no tenía ganas de escribir canciones y estuve jodido durante un par de años. Eso influyó muchísimo. Fueron varios factores que nos hicieron parar, todo inconscientemente. Esto no es una estrategia. Ahora miras hacia atrás y dices, qué bien pensado: paran, luego vuelven justo cuando el público se ha olvidado de ellos y los echan de menos. Volvimos en 2002 de manera triunfal. Y parece una estrategia bien pensado, porque dejar descansar al público durante unos años está bien. Luego vuelves y te esperan con ansia. Lo hicimos así de casualidad, como todo en nuestra vida, y la verdad es que nos salió bien.

Dices que os costaba encontrar la manera de sorprender, pero cuando uno lleva 40 años, ya no busca sorprender, ¿no?

No, no. Ahora lo que hacemos es hacer discos preciosos. No nos preocupamos tanto de los hits de radio porque tenemos tantos que no nos hacen falta más. Si surge alguno, por supuesto, bienvenido, pero nos concentramos en hacer canciones preciosas, letras muy bonitas. Sobre todo, hacemos discos para que nuestros fans los disfruten, sin pensar más allá de que el disco sea nº1 en todas las radios sino más bien en dejar un trabajo y un poso precioso.

No sé si después de llevar un rato hablando sin haberme dirigido a ti como Excelentísimo Señor me perdonarás algún día.

Te lo puedo pasar (risas).

Los Reyes de España te entregaron la medalla de oro de Bellas Artes, ¿qué tal con Don Felipe y Doña Letizia?

No soy monárquico, no lo he sido nunca. No soy nada en realidad, tampoco soy republicano, pero estos reyes me caen bien. Son encantadores, son estupendos, el trato es super cariñoso, se ve que son buenas personas. Yo tengo un talento especial para ver cuando alguien es buena persona y creo que esta gente lo es, con el poco trato que hemos tenido. Recuerdo la última vez que nos vimos, estuvimos charlando un rato con ellos. Mi chica y yo, Felipe y Letizia. Estuvimos diez minutos hablando y me parecieron encantadores. El premio que nos dieron de Bellas Artes me pareció en su momento inesperado, no estamos acostumbrados a recibir premios y cuando me lo dijeron pensé que era una broma en plan inocentada, pero luego al recibirlo me sentí muy honrado y dije, claro que sí, nos lo merecemos, con dos cojones, llevamos 40 años trabajando y si no nos dan el premio a nosotros, a quién se lo van a dar, si no hemos parado.

Los Reyes de España entregan la Medalla de Oro de las Bellas Artes a David Summers. / Daniel Perez Garcia-Santos/WireImage

Para acabar, el libro está lleno de anécdotas, diversión, situaciones surrealistas… Supongo que contento con lo mucho que has exprimido la vida.

Me siento absolutamente un afortunado total. Empecé esto y en el primer grupo que estuve tenía 14 o 15 años y era la ilusión de mi vida. Llegaba del colegio y me iba a ensayar corriendo con mis amigos, a tocar. Luego esa ilusión que se haya convertido en mi trabajo y haya conseguido llevarlo tan lejos. El poder viajar por medio mundo y hacer giras tremendas en Estados Unidos, México, Perú, Centroamérica…toda mi vida, conocer gente y personas maravillosas, experiencias increíbles… una vida envidiable y con salud y felicidad, que es lo importante. Me siento un privilegiado total pero también me lo curro. Trabajo muchísimo para que todos los discos de Hombres G sean preciosos, sean inolvidables y eso tiene que tener su recompensa.


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