Terelu Campos escribe una carta abierta a su hija Alejandra Rubio con confesiones sobre su papel de madre

La presentadora desvela cuál ha sido el momento más duro con su hija

Terelu Campos y Alejandra Rubio

Terelu Campos le dedica unas palabras a su hija. / Europa Press Entertainment/Europa Press via Getty Images

“¡Ay, Dios mío, mi niña! Es lo más importante que tengo, pero también es la que más me da que hacer en la vida”. Con estas palabras comienza Terelu Campos una carta abierta a su hija, Alejandra Rubio, que ha compartido en su blog en Lecturas.

Unas palabras en las que confiesa que quiere ser amiga de su hija, pero con límites. Le gustaría que tuvieran la confianza de hablar de cualquier cosa salvo una, sus relaciones íntimas, algo para lo que parece que no está preparada. Muchas madres la entenderán.

Repasa su infancia desde que la llevó a la guardería para socializar y duró poco porque se ponía mala y un niño le dio un bocado. Luego fue al colegio Los Rosales, donde estudian las infantas, y reconoce que tuvo que pedirle a un amigo del rey Felipe VI que le ayudara a mediar para conseguir que matricularan a Alejandra.

Tiempos en los que tenía que compaginar la vida laboral con la maternidad, tarea nada fácil. “Me dieron un programa en Antena 3, La granja, que se emitía desde Barcelona. Tenía que vivir tres días allí. El día después de la gala dormía tres horas y me cogía el primer avión para llevar a mi hija al colegio. No quiero ponerme medallas, pero la gran mayoría de los hombres no hacen eso”, confiesa.

El momento más complicado

Pero si tuviera que señalar cuál es el momento más duro que ha vivido con su hija, lo tiene claro: “Para mí, el momento más difícil con mi hija fue decirle con once años que su madre tenía un cáncer, que me tenían que operar, dar quimioterapia y que se me iba a caer el pelo. Mi hija empezó a decirme: ‘El pelo no, mamá’. Le dije que eso era lo menos importante de todo”.

Su hija fue una especie de tabla de salvación en esos momentos tan difíciles. “Os confieso que me daba una quimio y me levantaba a desayunar con mi hija para que ella estuviera tranquila y sintiera que yo estaba bien y no era una enferma. A veces, se iba y me tenía que meter en la cama. Si alguien me impulsó y me dio fuerzas para no venirme abajo fue mi hija”, confiesa.

Aunque confiesa que todo lo que se calló Alejandra durante su enfermedad luego salió, más tarde, en forma de rebeldía y nada más cumplir la mayoría de edad se fue a vivir con su novio. “Eso fue un palo para mí, pero la vida es así. Ella sacó una rebeldía que era necesaria”, admite.

Un futuro compartido

Ahora comparten su gusto por la televisión, aunque reconoce que su hija nunca le había manifestado su inclinación por los medios. “Me ha preocupado mucho que trabaje en este mundo porque necesita una preparación de la que ella es consciente. Me aterroriza que la toquen y le hagan daño. Prefiero que los disparos vengan a mí, aunque ella se equivoque”, reconoce.

Le gustaría que su hija le convirtiera en abuela, aunque no tiene prisa y ha querido lanzarla un mensaje directamente a ella: “Alejandra: Cuantas veces siento que no nos encontramos. No sé si no me entiendes o no me explico. Mi único cometido en la vida es estar aquí para ti. Tu felicidad es lo único que me importa en la vida. Si tú eres feliz, yo seré inmensamente más feliz”.


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