¿Por qué nos gusta la música?

Buscamos las respuestas psicológicas al poder de las canciones para emocionarnos y tratamos de entender por qué preferimos un estilo u otro

¿Por qué nos gusta la música?

¿Por qué nos gusta la música? / Getty Images

En el documental ‘Alive inside’, el trabajador social Dan Cohen protagonizaba una historia emocionante como pocas: a través de su proyecto Música y Memoria, se dedicaba a llevar auriculares y reproductores de música a las residencias de mayores de todo EEUU, con el objetivo de que los pacientes con una situación de grave demencia senil hiciesen terapia a través de la música.

El resultado fue sorprendente: pese a que muchos habían olvidado buena parte de los detalles de su vida, incluso a sus familiares o su propia identidad, seguían recordando la música con gran nitidez. Incluso eran capaces de recitar las letras de las canciones que habían marcado su infancia. En cierto modo, despertaban de su letargo al escuchar las melodías de su vida. La música había permanecido alojada en un área cerebral que no se ve afectada por el paso del tiempo y el deterioro cognitivo. Había quedado grabada a fuego para siempre.

Todo el que escuche música y disfrute de ella lo sabe bien: hay algo muy especial en cómo nos hace sentir. Da igual que se rock, pop, electrónica o rap: el ritmo y las melodías nos despiertan sensaciones enormemente poderosas. Las canciones nos hacen viajar a un momento concreto de nuestro pasado y revivirlo intensamente. Nos provocan una alegría que nos aporta una poderosa vitalidad… o nos sumen en un pozo de tristeza infinita.

Lo que te aporta una canción

Marcos Hitos-Benavides es psicólogo y psicofarmacólogo, y trabaja como terapeuta en ANEA Psicología. También, un apasionado de la música desde su más tierna infancia. “Los modelos e investigaciones sobre por qué nos gusta la música nos revelan que, más que la música en general, la cuestión es por qué nos gustan ciertas canciones o estilos en particular”, reflexiona. “No es sólo por la reacción fisiológica emocional que produce, sino por las funciones que cumple. Es decir, qué nos ofrece, qué nos resuelve o en qué nos ayuda".

Tal y como explica Marcos, la utilidad de las canciones es infinita: “Pueden acompañarnos en sintonía ante situaciones intensas que tenemos que gestionar. A veces nos ayudan en la construcción de nuestra identidad social. También pueden ayudarnos para relajarnos o activarnos, así como darnos seguridad. Y podemos aprender valores en sus letras: una de las funciones más demostradas es que facilita la reflexión”, apunta. Pero si hay algo que transmite la música son emociones. “La música nos ayuda a experimentarlas, a familiarizarnos con ellas y, por tanto, a facilitar su gestión” añade Marcos,

A la hora de definir cuáles son nuestras preferencias musicales, el psicólogo considera que los diferentes estilos cumplen “una función social y comunicativa muy importante. La música nos ayuda en nuestras interacciones sociales, facilitando encuentros y experiencias con los demás. Cuantas más de estas funciones cumpla una pieza musical, más preferencia desarrollaremos”.

“Otro factor importante para la preferencia es la repetición, y que las claves de la pieza nos resulten familiares. Por eso siempre seremos más reticentes a estilos novedosos y por eso la música que pretende ser comercial insiste mucho en estribillos sencillos y repetitivos. Pero si nos abandonamos exclusivamente a la característica de la familiaridad, desarrollaremos una preferencia musical muy limitada que dificultará cumplir de manera eficaz y gratificante todas las funciones descritas en diferentes contextos”.


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