Litio: el nuevo petróleo que moverá el mundo

Te lo contamos todo sobre un mineral clave para la construcción de productos como los coches eléctricos, y que acarrea importantes problemas medioambientales.

Litio

El litio y sus consecuencias, a debate. / Getty Images

Hubo un tiempo, hace no tanto, en que el futuro se imaginó como un lugar al que, poco a poco, el mundo actual comienza a parecerse. Al menos en los entornos urbanos, que el cine y la literatura fantástica recrearon plagados de vehículos silenciosos, movidos gracias a la energía eléctrica, y no a los combustibles fósiles que protagonizaron buena parte del siglo XX.

Aunque ese mañana está tardando en llegar –el porcentaje de coches eléctricos no alcanza el 3% en países como España– nadie duda ya de que la movilidad, o buena parte de ella, pasa sí o sí por la energía eléctrica. Lo que pocos pensaron fue que ésta iba a traer consigo toda una serie de retos de los que apenas se habla. Porque aunque no hay duda de que un coche eléctrico contamina menos que uno de combustión, su fabricación también deja una importante huella de carbono y supone toda una serie de desafíos.

Uno de los más claros es el que tiene que ver con el litio, un material esencial para la fabricación de las baterías. Pero, al contrario de lo que ocurre con las de teléfonos móviles u ordenadores, para los que sólo hacen falta unos pocos gramos de este material, en el caso de los coches eléctricos la demanda es mucho mayor: uno de estos vehículos puede necesitar hasta 7 kilos de litio.

“Se trata de un metal con muy baja densidad que, por sus singulares características, se viene usando como ánodo de baterías eléctricas”, explica Joám Evans, uno de los coordinadores del Área de Minería de Ecologistas en Acción, en conversación con El Eco de Los40. Se usa, y mucho: el 74% del litio mundial se usa ya en la producción de baterías, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos. Hace apenas tres años, esa cifra se situaba en el 39%.

Pero, ¿de dónde procede tan preciado material? “Hoy en día se utilizan fundamentalmente dos formas para extraer litio”, prosigue Joám. “O bien se obtiene de las salmueras presentes en las regiones de los grandes salares, en países como Chile, Argentina y Bolivia, o bien explotando yacimientos en los que se encuentra presente en rocas pegmatíticas, mediante minería convencional”, explica.

¿El problema? El reciclaje brilla por ausencia. “En un informe de la Comisión Europea de 2020 se indicaba que la tasa de aportación del reciclaje era del 0%”, denuncia el portavoz ecologista. “La minería es una forma de competencia desleal que no sólo impide el despegue del reciclaje, sino también el aprovechamiento de otras fuentes de litio, como son las salmueras de desalinizadoras, residuos ricos en litio que en España son descartados”.

Paren las máquinas

“Como ocurre con el resto de minería metálica, la extracción de litio implica importantes impactos ambientales, contaminación y uso de agua, y generación de residuos”, apunta Joám. “El aumento de los precios lleva a que se pretenda avanzar con la explotación de yacimientos, como los de pegmatitas de la Península Ibérica, con concentraciones muy reducidas. Esto implica, junto con el aumento de los costes energéticos de la extracción, hacer minas cada vez mayores bajo una lógica low-cost, con balsas de lodos cada vez más grandes y peligrosas, escombreras gigantes y mayores agujeros con un impacto paisajístico más agudo”.

Solo teniendo en cuenta la demanda de litio para movilidad eléctrica, en las dos próximas décadas necesitaríamos más litio de lo que hay según las reservas conocidas

Hablemos claro: ¿hay litio para alimentar todos los coches eléctricos que vienen? Joám lo tiene muy claro: “Sencillamente, no”, responde con contundencia. “El año pasado, el Banco Mundial preveía un aumento de la demanda de litio de un 500% hasta 2050. Sólo teniendo en cuenta la demanda de litio para movilidad eléctrica, en las dos próximas décadas necesitaríamos más litio de lo que hay según las reservas conocidas. Por fortuna, no necesitamos 1.400 millones de coches, ni eléctricos ni de combustión interna. Necesitamos repensar profundamente nuestra movilidad”, concluye. “Se intenta vender la idea de que podemos sustituir petróleo por litio y otros metales, manteniendo el grado de complejidad de las sociedades posindustriales. Pero eso no es posible dentro de los límites planetarios”.


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