¿Cómo sería el mundo sin nosotros, los humanos?

En el libro ‘Islas del abandono’, la escritora Cal Flyn viaja a lugares en los que la naturaleza ha florecido tras ser abandonados a su suerte por el ser humano. El Eco de Los40 ha hablado con ella. 

Islas del abandono

Prípiat, en las inmediaciones de Chernóbil. / 'Islas del abandono' (Capitán Swing)

Las inmediaciones de la central nuclear de Chernóbil, la zona desmilitarizada en la península de Corea, la isla escocesa abandonada de Swona o las antiguas zonas industriales de Harju, en Estonia. Lugares en los que la vida se ha ido abriendo paso a pesar –o precisamente gracias a– la ausencia total de seres humanos. Y lugares a los que ha viajado la escritora escocesa Cal Flyn para documentarse de cara a escribir un libro muy especial, ‘Islas del abandono’, que acaba de ver la luz en España de la mano de la editorial Capitán Swing. El Eco de Los40 ha hablado con ella.

¿Cuándo y por qué decidiste escribir sobre lugares abandonados?

Había estado escribiendo sobre la naturaleza y el medio ambiente durante varios años, y me interesó mucho empezar a hacerlo sobre lugares que ofrecieran una idea de la frontera entre lo humano y lo no humano.

El punto de partida fue una visita a una zona llamada Slate Islands, frente a la costa oeste de Escocia. Se trata de una serie muy pintoresca de pequeñas islas e islotes que están llenos de canteras muy profundas, ahora inundadas por el mar. A raíz de aquel viaje escribí un ensayo para una pequeña revista sobre cómo encontrar la belleza en lo posindustrial, así que supongo que mi interés comenzó con la estética. Además, me interesé mucho por la fotografía de Edward Burtynsky y el land art de Robert Smithson antes de pasar a lo ecológico.

Más tarde, a medida que amplié mi lectura, me di cuenta de que había muchas investigaciones nuevas e interesantes sobre los entornos afectados por el ser humano, y que los ecologistas están comenzando a valorar los terrenos baldíos como tesoros ocultos de biodiversidad. Esto me pareció sorprendente y contrario a lo que cabría pensar, y me llevó a reflexionar sobre la idea de que estos lugares dañados podrían ser hermosos de diferentes maneras.

La autora ha visitado lugares abandonados de todo el mundo. / 'Islas del abandono' (Capitán Swing)

¿Fue difícil llegar a estos lugares?

A veces sí. En algunos, como la zona de exclusión de Chernobyl y la 'zona V' de la isla de Montserrat (el área que abarca el volcán y la antigua capital de la isla, Plymouth), pude negociar el acceso a través de guías locales. En el caso de Chernobyl, antes de la invasión rusa de Ucrania el acceso era bastante sencillo, ya que había una pequeña industria de conductores y traductores que organizaban el papeleo por ti y te llevaban hasta allí. Ahora las cosas han cambiado a peor.

En otros lugares lo complicado era averiguar quién era el propietario, o quizás éste simplemente no respondía a mis solicitudes de visitar la zona. En esos casos, simplemente me presenté allí y traté de investigar por mi cuenta todo lo posible. En todos los lugares que visité descubrí que había agujeros en las vallas, ventanas rotas y puntos de acceso. Descubrí que rara vez uno es la primera persona en 'descubrir' un lugar abandonado: siempre estás acompañadao por los fantasmas de intrusos anteriores, que a menudo te hacen la vida más fácil.

¿Cuál de ellos te impresionó más?

Sin duda, la isla escocesa abandonada de Swona. Tuve que alquilar un barco para acceder a ella, y debido a que las mareas son extremadamente rápidas, tuvieron que dejarme allí a una hora determinada del primer día y volver a recogerme casi exactamente 24 horas después. Fue aterrador pasar tanto tiempo sola en una isla desierta como esa, pero supongo que era eso lo que estaba buscando. Es cierto que estaba a salvo, o al menos todo lo a salvo que se puede estar en edificios abandonados. Y sin embargo, el lugar me asustó mucho más que otros. No había escapatoria, y como la batería de mi teléfono se agotó rápidamente, no había manera de contactar con ningún otro ser humano. Así que la experiencia fue muy intensa y la vida silvestre fue muy poco acogedora. Las gaviotas árticas volaron hacia mí y me arañaron la cara. Las focas me chillaban. El ganado salvaje que vive en la isla me observaba con mucha atención. Todo era una especie de horror gótico difícil de describir.

Cal Flyn, autor de 'Islas del abandono'. / Rebecca Marr.

Todas esas experiencias tan extremas se habrán traducido en mucho aprendizaje, tanto en lo que tiene que ver con los animales como con los humanos. ¿Con qué te quedas de todo?

La isla de Swona me enseñó que somos animales sociales, y que obtenemos mucha fuerza y confianza de la presencia de otras personas. Creo que ese es el motivo por el que los edificios abandonados nos asustan tanto: sugieren presencia humana, pero de una manera sutil e inquietante. Los interiores están dañados por el agua, o envueltos en polvo. Resultan malsanos, como si fueran presos de una presencia malévola.

En términos generales, creo que este libro me ha hecho darme cuenta de lo decididos que estamos como especie a controlar el mundo natural: está integrado en nuestra forma de pensar que siempre debemos tratar de administrar a otras especies. No es suficiente que los bosques puedan volver a crecer en tierras abandonadas; queremos plantar y fertilizar los árboles. Queremos elegir las especies particulares que nos benefician. Queremos que el entorno natural tenga un determinado aspecto o cumpla ciertos objetivos. Siempre estamos preocupados en 'arreglar' las cosas, pero a veces lo mejor para el medio ambiente natural es dejarlo solo y permitir que siga su propia agenda.

¿Los humanos somos, a menudo, la peor de las plagas posibles?

No, y creo que pensarlo así puede resultar peligroso. Cuando los humanos nos retiramos de un lugar, se produce un gran rebrote natural del tipo de especies que no vemos a menudo. Es decir, todas aquellas a las que no les gustan los humanos. Los lobos son un buen ejemplo. Son tímidos y obviamente se benefician de nuestra ausencia. La cigüeña negra es otro ejemplo: claramente están mejor sin nosotros. Sin embargo, hay muchas especies que se benefician de nuestra presencia y se han adaptado a convivir con nosotros. Las tierras agrícolas gestionadas tradicionalmente poseen una gran biodiversidad, más incluso que los bosques densos. Por estas razones, en algunas áreas donde hay grandes cantidades de tierras de cultivo abandonadas, como Estonia, los conservacionistas gastan mucha energía en traer herbívoros como el ganado a bajas densidades.

Lo que tenemos que entender es que existen muchas formas diferentes de que un mismo territorio tenga valor. Las grandes extensiones de bosque en regeneración pueden ser un hábitat ideal para lobos, osos, linces, etc. También actúan como un sumidero de carbono, que es muy importante. Pero al mismo tiempo también podrían significar la pérdida de comunidades agrícolas rurales y la desaparición de ciertas especies asociadas con la agricultura de subsistencia. Creo que es una cuestión de dar y recibir. De buscar un equilibrio con la naturaleza. Así que no es tan simple como pensar que los humanos somos necesariamente malos y que nuestra ausencia es positiva, ni siquiera desde una perspectiva puramente ambiental. Para mí, la clave es que debemos aprender a ser buenos ciudadanos de este planeta y a respetar a nuestros vecinos y compañeros: las otras especies con las que compartimos nuestro hogar.


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