La ciudad 15 minutos: un modelo para vivir mejor

Te explicamos en qué consiste una de las tendencias de desarrollo urbano que triunfa en varios países europeos.

Peatón

Todo a mano: así debería ser la ciudad 15 minutos. / Getty Images

¿Y si todo lo que pudieras necesitar de tu ciudad estuviera, como mucho, a 15 minutos de distancia a pie o en bicicleta? Ir a un concierto, al mercado, a cenar con tus amigos o incluso a trabajar: todo, a mano.

Esa es la propuesta que, a grandes rasgos, proponen los defensores de las conocidas como ciudades 15 minutos. Un modelo de desarrollo urbano que cada vez cuenta con más defensores y que aúna muchos de los planteamientos de los que a menudo te hablamos en El Eco de LOS40: movilidad sostenible, consumo local y de cercanía y, en líneas generales, un uso más razonable de los recursos.

No: no hablamos de ciudades pequeñas en las que todo está cerca, sino de grandes urbes en las que nos hemos acostumbrado a pasar mucho –demasiado– tiempo desplazándonos de un lugar a otro, a menudo haciendo un uso abusivo del coche, con las consecuencias que eso tiene. Y es que es precisamente en las grandes ciudades donde adquiere todo el sentido repensar nuestra manera de vivir, a menudo tan insana, contaminante e ineficiente. Porque una ciudad mejor es posible.

Un siglo de historia

La idea de las ciudades 15 minutos no es nueva: el concepto se inspira en otro acuñado hace más de un siglo, en 1923, por el urbanista estadounidense Clarence Perry, que definió lo que llamó ‘la unidad vecinal’. Un modelo bajo el que propuso que los nuevos barrios diseñados al calor de la industrialización fueran funcionales, completos y deseables. Lugares en los que las familias norteamericanas tuvieran plena autonomía para desarrollar su proyecto de vida. Lugares para vivir mejor.

Casi 100 años después, el catedrático de Emprendimiento, Territorio e Innovación de la Universidad Sorbona de París Carlos Moreno, que es también asesor urbanístico de la alcaldesa de la capital, Anne Hidalgo, adaptó el concepto y lo rebautizó con una denominación más moderna y, por qué no decirlo, también más ambiciosa. Desde entonces, la capital francesa ha tratado de poner en marcha sus postulados y difundir sus beneficios, priorizando el transporte en bicicleta con ayudas públicas y construcción de vías ciclistas, apoyando el pequeño comercio y dotando a los barrios de servicios necesarios para evitar los desplazamientos excesivos de los vecinos.

En este objetivo juega un papel otro fenómeno que ha ido ganando peso en todo el mundo, especialmente tras la pandemia: el teletrabajo. Con el confinamiento, millones de personas se dieron cuenta de que podían desempeñar su labor profesional desde casa. Al mismo tiempo, muchos empresarios entendieron que eso no se traducía en una reducción de la productividad. Por el contrario, suponía un ahorro en tiempo, el dedicado por los empleados en llegar hasta su puesto de trabajo, y en dinero, el invertido en pagar los elevados costes del alquiler de una oficina.

Es en las grandes ciudades donde adquiere sentido repensar nuestra manera de vivir, a menudo tan insana, contaminante e ineficiente

Pese a ello, y una vez superada la pandemia, el teletrabajo no parece haberse implantado todo lo que algunos auguraron. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa, en el segundo trimestre de este 2022 el 90% de los asalariados ya ejercía su trabajo de manera completamente presencial. O, dicho de otro modo, tan sólo el 10% de los trabajadores por cuenta ajena a los que las empresas mandaron a teletrabajar lo sigue haciendo una vez la pandemia ha quedado atrás.

La pregunta es clara: ¿vamos hacia desarrollos urbanos que se acerquen al concepto de ciudades 15 minutos? Lamentablemente, el modelo que ha ido ganando presencia en las últimas décadas parece ir en la dirección opuesta. En muchas zonas del extrarradio el uso del coche parece necesario para prácticamente cualquier cosa. El pequeño comercio de cercanía ha sido sustituido por las grandes superficies. Y las distancias y las urbanizaciones cerradas dificultan las relaciones humanas entre personas de capas sociales distintas. En nuestra mano está exigir un cambio de un modelo que, en última instancia, será beneficioso para todos, independientemente de dónde vivamos.


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