El agujero de la capa de ozono se cierra (y esto es bueno para la lucha contra el cambio climático)

En cuatro décadas, la capa de ozono se habrá recuperado prácticamente por completo, según los expertos. El éxito de aquella batalla por el planeta iniciada en los años 80 invita al optimismo en el actual escenario de incertidumbre climática.

Capa de ozono

El agujero de la capa de ozono, en 1994. / Getty Images

No es habitual que en El Eco de LOS40 demos buenas noticias: a menudo, la información relacionada con el medio ambiente va dirigida a llamar la atención sobre graves amenazas que se ciernen sobre el planeta y quienes lo habitamos. Y sin embargo, de vez en cuando surgen honrosas excepciones en forma de noticias esperanzadoras.

Hoy es uno de esos días, y el dato merece ser celebrado: el agujero de la capa de ozono se cierra. De hecho, se prevé que el grave daño que sufrió durante la segunda mitad del siglo XX quede subsanado prácticamente por completo en los próximos cuatro decenios, gracias a la eliminación progresiva y a escala mundial de las sustancias químicas que la deterioraron gravemente.

Esta es la principal conclusión del informe de evaluación cuadrienal del Grupo de Evaluación Científica del Protocolo de Montreal, presentado este lunes por un grupo de expertos congregados en la 103ª reunión anual de la Sociedad Meteorológica de los Estados Unidos. Según los científicos, si se mantienen las políticas actuales se espera que la capa de ozono recupere los valores de 1980 aproximadamente en 2066 en la Antártida, en 2045 en el Ártico y en 2040 en el resto del mundo. Habrá que esperar, pero vamos en el buen camino.

La lucha de una generación

Aquel protocolo de Montreal, firmado en 1987 en la ciudad canadiense y en vigor desde 1989, supuso un antes y un después. Los gobiernos del planeta se marcaron como objetivo frenar la destrucción de esta capa que envuelve la tierra, y cuyo papel es esencial para evitar que los rayos ultravioleta lleguen a los seres vivos, provocando todo tipo de problemas de salud, como melanomas, cáncer de piel, cataratas oculares o daños en el sistema inmunitario. El anuncio de que el agujero de la capa de ozono no paraba de crecer puso en alerta a la comunidad internacional y marcó a toda una generación, que tuvo en aquella lucha su primera incursión en el ecologismo.

Tres letras se convirtieron entonces en el enemigo a combatir: CFC, acrónimo de los clorofluorocarburos. Los CFC son compuestos químicos que, tal y como demostraron los científicos R. Fabian, S.A. Borders S. Penketten en su estudio ‘Halocarbons in the Stratosphere’, publicado en la revista Science en 1981, degradan gravemente la capa de ozono. ¿El motivo? Su excepcional volatilidad y su estabilidad química, lo que provoca que se acumulen en la atmósfera. Por aquel entonces, los CFC estaban presentes en infinidad de productos como aerosoles, pinturas o refrigerantes para aires acondicionados.

El mundo pareció tomarse en serio el reto, y los CFC se retiraron progresivamente de los supermercados. Tras un incremento que parecía imparable, el agujero de la capa de ozono comenzó a reducirse con el cambio de siglo. Aun así, en 2005 seguía siendo gigantesco, especialmente en regiones como la Antártida, donde alcanzaba una extensión de casi 29 millones de kilómetros cuadrados, más de tres veces el tamaño de Australia. Desde entonces, el ritmo de la reducción ha sido imparable.

“Según el último informe cuadrienal, la capa de ozono se está recuperando, lo que es una fantástica noticia”, ha confirmado Meg Seki, Secretaria Ejecutiva de la Secretaría del Ozono del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). “Nunca se destacará lo suficiente hasta qué punto el Protocolo de Montreal ha contribuido a la mitigación del cambio climático. En los últimos 35 años, el Protocolo se ha convertido en un verdadero defensor del medio ambiente”, añadió. “Las evaluaciones y los exámenes que realiza el Grupo de Evaluación Científica siguen siendo un componente esencial de la labor del Protocolo, que ayuda a informar a las instancias normativas y decisorias”.

Aprender de los aciertos

La relación entre el agujero de la capa de ozono y el cambio climático es clara. De hecho, las medidas tomadas para tratar de mitigar el primero son esenciales para combatir el segundo. La Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, acuerdo adicional alcanzado en 2016, exige la reducción progresiva de la producción y la utilización de algunos hidrofluorocarbonos (HFC), que son potentes gases de efecto invernadero. Según el Grupo de Evaluación Científica, esta enmienda debería contribuir a evitar entre 0,3 y 0,5 °C de calentamiento global de aquí a 2100.

“Las medidas adoptadas en relación con el ozono sientan un precedente para la acción climática”, ha señalado el Secretario General de la OMM, profesor Petteri Taalas. “El éxito obtenido gracias a la eliminación progresiva de las sustancias químicas que destruyen la capa de ozono nos muestra lo que puede y debe hacerse con carácter de urgencia para abandonar los combustibles fósiles, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar, por lo tanto, el aumento de las temperaturas”, concluyó.


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