Sia: 30 años de una carrera diferente
Desde sus orígenes en la banda Crisp hasta su faceta como solista y compositora de hits mundiales
Sia, en una imagen de archivo en 2014 / Vera Anderson
Treinta años después de su debut, Sia sigue siendo una de las artistas más singulares, imprevisibles y respetadas del panorama musical internacional. Su trayectoria no se parece a la de nadie: comenzó en una banda de acid jazz, se convirtió en una de las compositoras más solicitadas del pop global, triunfó como solista con una estética que desafiaba las reglas de la industria y, a día de hoy, continúa reinventándose sin perder su esencia.
Sia, que no es un seudónimo sino su nombre verdadero, nació en Australia un 18 de diciembre de 1975. Desde sus inicios en la vida, se rodeó de música, pues se crió en el seno de una familia cantautora, música y relacionada con la enseñanza del arte. De hecho, sus padres formaban parte de varias bandas australianas.
La cantante y compositora australiana Sia / Neilson Barnard/Getty Images for Daily Front Row
Su historia arranca en 1996, cuando se unió como vocalista a la banda australiana de acid jazz Crisp. Con ellos grabó el álbum Word and the Deal, un trabajo experimental que mezclaba jazz, soul y electrónica. Aunque el grupo no alcanzó un éxito masivo, sí sirvió como plataforma para que Sia desarrollara su voz rasgada, su sensibilidad melódica y su inclinación por los géneros híbridos.
Fue el primero de los dos álbumes en los que colaboró. Pero el destino es caprichoso y, por alguna razón u otra, quería que Sia lanzase su carrera en solitario. Es por ello por lo que la banda se disolvió y ella decidió emprender su camino en solitario presentando su primer álbum de estudio OnlySee.
Debut en solitario
Un proyecto íntimo y minimalista que pasó desapercibido comercialmente, pero que ya mostraba su capacidad para escribir letras profundamente emocionales. Su talento llegó a oídos de un profesional de la industria en un bar de karaoke en Italia. Le propusieron grabar una canción junto a un DJ y años más tarde, en el 2000, Sia ya se encontraba firmando un contrato con una de las grandes casas discográficas de la industria: Sony Music.
Mientras colaboraba como una de las coristas de Jamiroquai en Londres, sus ansias por triunfar en solitario no cesaban. Su verdadero salto llegó con Healing Is Difficult (2001), donde combinó soul, electrónica y pop con una honestidad brutal sobre temas como el duelo y la ansiedad. A pesar de su calidad, el disco tampoco obtuvo la atención que merecía pese a que Taken for Granted, se coló en la décima posición de la lista de éxitos del Reino Unido.
Una intención que se repetiría con Colour the Small One (2004), un álbum que incluía Breathe Me, la canción que años después se convertiría en un himno global gracias al final de la serie Six Feet Under, y Where I belong, que aparición en Spider-Man 2. Ese momento marcó un punto de inflexión. Sia empezó a ser reconocida como una compositora excepcional, capaz de crear melodías que se quedaban grabadas en la memoria y letras que atravesaban emocionalmente al oyente. Para entonces, la intérprete ya estaba viviendo en Nueva York y empezaba a acusar las consecuencias del éxito.
Tras publicar otros proyectos, colaborar con profesionales de la industria y aparecer en las series de Estados Unidos, Sia consiguió contactar con Christina Aguilera, con la que tuvo la oportunidad de colaborar en el nuevo álbum de la diva estadounidense. Posteriormente volvieron a trabajar juntas para poner voz a la banda sonora de Burlesque, un proyecto con el que consiguieron un Globo de Oro en 2010 a la Mejor Canción Original. Forjaron una amistad tan poderosa que Aguilera no dudó en nombrarla como su asesora durante su aparición en The Voice.
Finalmente, Sia dió a luz a su quinto álbum de estudio We Are Born, el último disco en el que mostraba su rostro. Nació en 2010 e incluyó temas como You've Changed, The Co-dependent y Clap Your Hands. Con él consiguió seis nominaciones y dos estatuillas en los ARIA Music.
El boom mundial de Sia
A partir de 2010, Sia se convirtió en una de las plumas más codiciadas de la industria. Su habilidad para escribir hits la llevó a colaborar con artistas de primer nivel. Entre sus composiciones más exitosas destacan: Diamonds para Rihanna, un número uno mundial, Pretty Hurts para Beyoncé, una de las canciones más emblemáticas de la artista, Titanium junto a David Guetta, que inicialmente iba a ser interpretada por otra cantante, Chandelier, que escribió para sí misma y que redefinió su carrera, Wild Ones para Flo Rida, Perfume para Britney Spears o Let Me Love You (Until You Learn to Love Yourself) para Ne-Yo. Su listado de colaboradores también incluía a The Weeknd, Jennifer López, Robbie Williams...
Su capacidad para escribir desde la vulnerabilidad, pero con un enfoque pop universal, la convirtió en una figura imprescindible en los estudios de grabación de Los Ángeles. El peso de la fama le hizo tomar la decisión de esconder su rostro también afectado por sus problemas de salud.
Aunque ya era una compositora de éxito, Sia decidió volver al frente del escenario con una propuesta radicalmente distinta. En 2014 lanzó 1000 Forms of Fear, un álbum que incluía Chandelier, Elastic Heart y Big Girls Cry. Su decisión de ocultar su rostro en actuaciones (desde que cantó Titanium con David Guetta en Coachella) y apariciones públicas —como protesta contra la presión mediática y la deshumanización de los artistas— se convirtió en parte esencial de su identidad.
La estética de pelucas bicolor, coreografías intensas y la presencia de la bailarina Maddie Ziegler transformaron sus videoclips en fenómenos culturales. Sia ya no era solo una cantante: era un concepto artístico.
Su siguiente álbum, This Is Acting (2016), reunió canciones que había escrito para otras estrellas pero que finalmente decidió interpretar ella misma. El disco incluyó éxitos como Cheap Thrills y Alive, consolidando su estatus como una de las artistas más influyentes del pop contemporáneo.
Sia, una artista que sigue evolucionando
En los últimos años, Sia ha seguido explorando nuevos territorios incluyendo un álbum navideño sin olvidar su papel como compositora para otros. Su música ha acompañado a varias generaciones y su figura se ha convertido en un símbolo de autenticidad en una industria que a menudo exige lo contrario. Treinta años después de aquel debut en una banda de acid jazz, Sia sigue siendo una fuerza creativa inagotable como demuestra su más reciente álbum de estudio: Reasonable woman.
Su carrera no ha seguido un camino lineal, sino uno lleno de giros inesperados, riesgos artísticos y momentos icónicos. Y esas decisiones, son las que la han hecho grande. Sin miedo a probar formar parte de un supergrupo junto a Labrinth y Diplo que llevó por nombre LSD y con los que grabó un álbum de estudio.
O como su debut como directora y guionista de su propio proyecto cinematográfico. Sin embargo su debut en el séptimo arte no fue todo lo bien que esperaba porque Music traspasó algunas líneas rojas imperdonables para aquellos que sufrían de autismo.
Y quizá por eso, porque nunca ha hecho lo que se esperaba de ella, su legado es tan poderoso. La australiana no solo ha construido una carrera diferente: ha demostrado que la diferencia puede ser, precisamente, el mayor de los éxitos.