Taylor Swift, o cómo un corte de pelo radical cambió el rumbo de su carrera

La cantante ha estado toda la vida asociada a la ñoñez y a la perfección. Parece que eso, por fin, se ha terminado

Taylor Swift, o cómo un corte de pelo radical cambió el rumbo de su carrera

Lo cierto es que pocas veces en las últimos años un corte de pelo había generado tantas opiniones a favor y tan pocas en contra. Taylor Swift ocupaba, por sorpresa, la última portada de Vogue en su edición estadounidense y las redes sociales ardían con piropos a la que una vez fuera cantante country infantil. Peroxidada y con más toques de Courtney Love que de Dolly Parton la cantante daba una lección al mundo: ¡Sí, sé reinventarme!

Y es que, a pesar de lo que pueda parecer, que Taylor se haya quitado las telarañas, la sonrisa permanente y esa perfección que a algunos sacaba de quicio puede tener un impacto muy favorable en su carrera. Esto no es una competición por ver quién enseña más carne y quién se queda en casa protegiendo los valores cristianos, esto es competencia por ver quién es más divertida y Taylor frente a, por ejemplo, Miley Cyrus era un auténtico coñazo.

Se enrollaba con quien quería, se ponía lo que quería y cantaba lo que quería. Eso sí que es girl power y no los discursos feministas prefabricados

Tan aburrida como que resultaba imposible verla sudar al salir del gimnasio o tras cuatro horas subida a un escenario. Tan aburrida y poco arriesgada que sus opciones estilísticas siempre se las habíamos visto antes a otras megaestrellas con veinte años más que ella. Tan aburrida que su Instagram estaba lleno de fotos de su gata y tan aburrida que en todos sus discos parecían estar única y exclusivamente dedicados a regodearse en sus desgracias amorosas.

Y entonces llegó él. Llegó Calvin Harris, un escocés que dejó la imagen de chico indie lánguido del este de Londres y se convirtió en un semidios que anunciaba calzoncillos para Giorgio Armani. Y Calvin dejó a chicas malas como Rita Ora y se arrejuntó con Taylor. Y Calvin consiguió lo nunca visto y es tan sencillo como una sonrisa franca de la intérprete de Shake it Up. Parecía que por una vez las cosas le iban mejor a Taylor Swift y que su vida, controlada desde sus tiernos 14 años, empezaba a ir en el rumbo que ella quería. Se enrollaba con quien quería, se ponía lo que quería y cantaba lo que quería. Eso sí que es girl power y no los discursos feministas prefabricados

Fue entonces cuando las faldas se empezaron a acortar y los escotes hicieron acto de presencia. Por fin la Swift tenía una imagen sexual que se le había visto negada de siempre. Fue ese el momento exacto en el que se cortó una planísima melena, se plantó un vestidazo con una raja casi hasta la cintura y apareció con un corte a tazón en los Grammy. Nosotros no creemos en las casualidades y es evidente que Taylor había tomado las riendas de su carrera y había dejado bien atrás sus ñoñerías.

Ahora es cuando la hemos visto con un look súper grunge en Vogue y sin sujetador (¡dios mío, sin sujetador!) un alegato en toda regla por la libertad de la mujer y esto puede tener beneficiosas consecuencias para la artista. La primera de todas es que las grandes marcas y fotógrafos se empiecen a interesar por ella (y no solamente las rancias). Miley Cyrus tiene a Marc Jacobs, Beyoncé tiene a Alexander Wang o a Givenchy y apostamos a que Taylor bien podría casar con las propuestas de Balenciaga o Saint Laurent.

Taylor Swift, o como un corte de pelo radical cambió el rumbo de su carrera

Puede parecer una cuestión baladí pero en 2016 resulta muy necesario que el artista sea multitarea y multiformato por lo que la aparición en revistas de moda e incluso en campañas deja de ser un elemento de promoción y pasa a ser parte integrante de la condición de cantante. Pero más allá de la imagen queda la parte artística, vocal y musical, de la carrera de Taylor que seguramente también sufra un vuelco. 

Y de nuevo nos encontramos con el hecho de que Taylor Swift está viviendo su momento personal más libre en casi una década. Parece (ojo, parece) que hace lo que quiere y que está enteramente feliz. Sea o no cierto sólo podemos rezar para que su próximo disco sea una oda a esa alegría y al hedonismo bien desenfrenado porque con 1989 parecía que ya empezaba a marcar esa senda (y nos flipa).

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