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    ¿Cómo será la música en 2070? No lo sabemos, pero podemos intentarlo (e inventarlo)

    Formatos, instrumentos, conciertos... Partiendo del capítulo Bandersnatch de Black Mirror, fantaseamos acerca de cómo podría ser la música en los próximos 50 años

    ¿Cómo será la música en 2070? No lo sabemos, pero podemos intentarlo (e inventarlo)

    Bjork, en una imagen promocional de su álbum Utopia (2017). Fue producido por el venezolano Arca, una emninencia del a música electrónica más vanguardista. / Santiago Felipe

    Año 3023. La polución es una rémora del pasado. Desapareció curiosamente justo después de que lo hiciera el último ser humano que puebla la Tierra, quién lo hubiera predicho. Un planeta desgastado, varado en extremos térmicos y con tubos de conexión de hyperlapses oxidados por la falta de trasiego sobre estepas polvorientas sin rastro de oxígeno.

    Cualquiera de los previsibles futuros que nos aguardan tienen impepinablemente cierto halo de distopía y apocalipsis. La deshumanización constante lleva al ciudadano a un aislamiento que se hace mayor por la dureza de las condiciones climáticas que tocará soportar. Y los robots gobernarán el mundo y nos someterán por habernos saltado las tres leyes de la robótica de Asimov a la vez. Aunque con lo de no programarlos para que nos mataran habría sido suficiente.

    La imaginación resulta esencial a la hora de intentar predecir lo que nos sucederá como sociedad en un futuro más o menos cercano. De sueños de guionistas y escritores locos han nacido ideas plausibles que se han llevado a cabo, haciendo de la ficción el primer punto de apoyo para la ciencia y la tecnología.

    Pero…¿qué pasará con la música? ¿Existirá en 2070 el viejo formato de músicos en directo tocando jazz en un mugriento bar de carretera o lo único que cambiará será el lugar de conciertos, que pasará a ser una base interestelar igualmente cochambrosa?

    Al igual que en estas fiestas el capítulo Bandersnatch de Black Mirror ha supuesto un hito histórico, abrazando el formato ‘elige tu propia aventura’ como una nueva vía a la hora de crear ficción televisiva y abriendo todo un mundo de posibilidades en la ficción para la narrativa en la pequeña pantalla, la música también podría poner sobre la mesa ciertas aspiraciones de cambio. Cambios relacionados con el formato, pero también con los contenidos o el modo de consumirlos por parte de la audiencia. Es por eso que va tocando fantasear un poco acerca de cómo podría modificarse sustancialmente con el paso de los años el concepto que tenemos sobre la música y la industria.

    FORMATOS. Quizá donde hayamos notado una mayor evolución dentro de la música. Pasamos del fonógrafo al gramófono, el tocadiscos, el cassette, el CD, el MP3 y la música en streaming. Pero queremos volar más alto. Imagínense por un momento en un viejo tocata en el que al rozar la aguja el primero de los surcos surja flotando de la nada una recreación holográfica de la banda en cuestión interpretando cada una de las canciones. Puestos callejeros informatizados que dispensen música al viandante con solo tocar la pantalla. O más allá, un implante coclear personalizado que consiga que todos y cada uno de los mortales escuchen música directamente a nivel cerebral, sin la ayuda externa de ningún dispositivo. Con un botón en el lóbulo derecho de la oreja con el que poder hacer rewind y fast forward. Y a ser posible exento de anuncios contratando el servicio premium, que si no vaya turra.

    INSTRUMENTOS. Hasta hoy, en los albores de 2019, los instrumentos tienen una enorme pega. Hay que saber tocarlos. Y además de oído musical, por regla general se requiere habilidad dactilar y psicomotriz para hacerlo. Salvo el ukelele, que eso ni es un instrumento ni es nada, sólo una moda que agrada a los que no han nacido con el don del ritmo, y cuyo uso solo le perdonamos a Eddie Vedder. En un futuro no muy lejano, abogamos porque los instrumentos puedan accionarse mentalmente. Y que sólo con pensarlo podamos ejecutar de la nada una compleja tonadilla que llene de gozo los corazones. Y no, no nos sirve introducir un USB en una mesa de mezclas y hacer como que pinchamos, eso ya está inventado, y con pingües beneficios. Estamos pensando en algo mucho más futurista, y de momento lo que más se le acercaba es el Theremín, que tiene un modo muy particular de ser tocado pero el sonido es, cuando menos, también peculiar.

    Bien es cierto que parece que estamos dando pasos apropiados en estos de inventar nuevos cacharros muy espectaculares y provistos de un innegable magnetismo. Es el caso del arpa láser, el tenori on o el du touch. ¿Te suena todo a chino? Lo mismo le pasó a los coetáneos de la imprenta. No sufras. Se llama progreso.

    Y ahora, el plus de fantasía futurista que sustenta este artículo. Masajeen sus sienes en círculos concéntricos hasta imaginar que su antebrazo es el mástil de una vanguardista guitarra formada a base de tu propia piel y unas cuerdas láser y puede ser ejecutada con maestría mediante un sencillo movimiento de tendones. Mola, ¿que no?

    CONCIERTOS. Uno se planta a ver el espectáculo visual que suponen las coreografías de sticks luminosos que hace el público surcoreano y los japoneses en los conciertos de sus idols y la verdad, parece que el futuro ha llegado. Y ha hecho tope.

    El caso es que dándole a la mollera se nos ocurren bastantes cosas que podrían cambiar radicalmente los espectáculos en directo. De cosas más sencillas y plausibles hoy día como algún dispositivo de votación interactiva en las peleas de gallos, para que no sea solo el ruido de los asistentes el que determine el ganador, pasando por conciertos personalizados de las propias bandas en el salón de tu casa mediante videoconferencia. Compra el pack especial del disco y la banda toca para ti en streaming la canción que tú elijas de su repertorio. Y por un desembolso aún mayor, incluye charla amistosa en una suerte de meet & greet virtual.

    TIPOLOGÍA DE BANDAS. ¿Y qué decir de los grupos? Pues que el cuarteto pop estándar se nos hace ya un poco bola. Es hora de incluir entre los integrantes algún que otro humano con brazos de cyborg para ejecutar ese solo imposible de batería. O directamente grupos musicales donde el 100% de sus miembros sean robots. Eso no es futuro, ya es presente. Y tocan con una precisión que no se les escapa una sola nota.

    Tampoco nos es ajeno el concepto “gira de hologramas”. Algo que hace unos años parecía una broma de mal gusto y que está empezando a funcionar a nivel global tirando de grandes clásicos. Revivir a 2pac o a Michael Jackson fue solo el comienzo.

    Lo siguiente, poner de frontman a los personajes de tu manga favorito para un concierto de horas de duración, también es una realidad.

    Experiencias inmersivas, conciertos que se apoyen en la realidad virtual y aumentada, visuales que rompan la barrera de las tres dimensiones y amplis que escupan música en 8d. A la música, en un periodo inferior a 100 años, no la va a conocer ni la madre que la parió. Pisotea el escepticismo, carajo, que el cambio va a ser a mejor, así que sigamos soñando.

    Un holograma de Roy Orbison, en concierto. Durante la gira The Hologram UK Tour en el Eventim Apollo de Londres en abril de 2018. / Tabatha Fireman/Getty Images for BASE Holograms


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