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    30 años de Internet y su relación con música

    Un matrimonio con sus crisis, pero bien avenido, entre la música y la red

    30 años de Internet y su relación con música

    J Balvin y Rosalia, juntos en un evento de YouTube Music en Las Vegas. / Photo by FilmMagic/FilmMagic

    Internet (bueno, más bien el concepto de página web, que el protocolo de Internet moderno data de 1981, pero van indisolublemente unidos) ha soplado  velas en las últimas fechas. Ha cumplido 30, ya no es una pipiola y tiene muchas historias que contar. Parece que fue ayer cuando se colaba en nuestras casas, vía modem de 56k que vociferaba chirriante antes de abrirnos la puerta a una navegación tan lenta como misteriosa que interconectaría el mundo y llenaría nuestros ordenadores de cookies de páginas porno, memes de gatitos, enlaces emponzoñados de clicbait y algo de información residual. ¿Recordáis esta armoniosa melodía?

    ¿Alguien recuerda para qué servían los ordenadores sin Internet? Para picar un código horrendo en MS-DOS, almacenar documentos sin alma y echarse un buscaminas de vez en cuando. Y su llegada, silenciosa al principio y revolucionaria después, sirvió para que la música evolucionara hasta convertirse en lo que es hoy día. Como muestra del crecimiento exponencial, recordar que en 1995 solo 15 millones de personas en todo el mundo disponían de acceso a Internet. Hoy se dice y se comenta que hay algunos más. Para ser exactos: 4.388 millones de personas conectadas en 2019.

    Resulta divertido echar la vista atrás y comprobar cómo la relación de Internet con la música estaba plagada de incertidumbre. Y lo era gracias a que la posibilidad que emanaba de esta nueva herramienta a la hora de compartir y disfrutar de la música era toda una amenaza para una industria musical tan caduca como reaccionaria, que vivía de los réditos y no se planteaba grandes cambios para subsistir. Y los hubo, vaya si los hubo.

    Revolución en .mp3

    Y la culpa de (casi) todo no la tenía Yoko Ono, sino un formato que ahora ha pasado a mejor vida pero en su momento consiguió eclipsar al mismísimo CD. El .mp3 se asentó en 1997 como una alternativa que conseguía una mayor compresión de los archivos de audio con una ligera pérdida de calidad sonora en comparación con otros formatos. Y con él, llegó la revolución. Los CDs que se vendían ya no eran de grupos musicales, con sus letras y sus portadas más o menos estrambóticas. Ahora eran en blanco, regrabables y servían para hacer recopilatorios de una cantidad ingente de música que comenzábamos a digerir sin freno.

    Grandes multinacionales se vieron entonces forzadas a dar un paso y tomar las riendas de una situación que se desbocaba por momentos. El formato .mp3 había provocado también la expansión de las plataformas P2P, donde los usuarios podían intercambiar archivos. De forma más industrial como en eMule o más artesanal como la primigenia Napster o sus hermanas pequeñas, Audiogalaxy o Soulseek. Lugares que se convirtieron en auténticos templos de conocimiento. Hacías amigos, pedías que no se desconectaran hasta que pudieras hacerte con alguna de sus carpetas (recordemos que con las conexiones estándar de la época descargarse un disco podía ser cuestión de horas o días) y ejercías de orgulloso voyeur a la hora de curiosear sobre los archivos de esa persona que parecía tener un gusto exquisito . Las riadas de música descargada llenaban discos duros y la industria veía como el castillo de naipes forjado años atrás caía con estrépito acumulando pérdidas millonarias. La piratería fagocitaba a la música, aunque paradójicamente también sirviera para democratizarla y hacerla muy accesible al gran público.

    Apártense, que llegan iTunes y Myspace

    En 2003 aparecen dos nuevos jugadores que presionan fuerte el botón de start. iTunes era la carta en la manga de Apple para redefinir los términos del juego. Y gracias a su salida y la de dispositivos como el iPod, la jugada salió redonda y sirvió de parapeto ante la piratería. Además, la plataforma Myspace surgiría para cambiar para siempre el concepto de redes sociales.

    Los grupos, bandas y solistas de repente encuentran una plataforma donde colgar su música. Y lo más importante, recibir el feedback de fans, detractores y otros músicos. Por primera vez en la historia eran los propios artistas los que cogían las riendas de una comunicación cercana, sin intermediarios y directa. Aunque pronto se prostituyó la idea y acabó siendo una red social enfocada al ligoteo sin pudor, como se extrae de esta alegre tonadilla perpetrada por Don Omar, Wisin y Yandel. La vieja escuela reggaetonera.

    Usher, Rihanna, Nicki Minaj, Madonna, Deadmau5 y Kanye West, en un evento de la plataforama TIDAL. / Kevin Mazur/Getty Images For Roc Nation

    El resto de redes sociales que llegaron después indagarían más aún en esta relación artista-fan, e introdujeron el concepto de streaming masivo. El formato pierde peso en favor de la inmediatez. Ya no hacía falta piratear nada. Ya tenías todo a un clic. Facebook, Youtube, Soundcloud, Spotify; Tidal, Deezer, Flow...el resto de la historia ya te lo conoces sobradamente.

    En estos años no sólo ha habido cambios en el formato o la llegada del streaming. El comportamiento de los usuarios sirve para dar valiosas pistas a la industria musical. Los algoritmos y la Inteligencia Artificial se nutren de tus datos del día a día, tu geolocalización y por supuesto el tipo de música que escuchas para otorgar una interesantísima información que puede ser usada por discográficas en su segmentación de marketing, o incluso a la hora de programar conciertos en determinadas zonas en función de los fans reconocidos que allí habiten.

    No sabemos qué pasará dentro de otros treinta años en este matrimonio de conveniencia entre la música y la red de redes. Lo que tenemos claro es que, a día de hoy, es inimaginable. A ver quién podía prever hace 30 años lo que tenemos ahora entre manos. Pues eso.


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