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    Ya puedo decir cómo es Can Yaman en las distancias cortas

    Y cómo fue el momento en el que me pidió que le tocara

    Ya puedo decir cómo es Can Yaman en las distancias cortas

    El fenómeno de las novelas turcas lleva instalado en España desde el año pasado aunque he de reconocer que, como muchos otros, yo empecé a conocerlo cuando se estrenó Erkenci Kus en Divinity. Cada vez oía hablar más de Can Yaman y, como buena adicta a la televisión que soy, no pude escapar a la curiosidad de saber qué ofrecían estas series turcas que han enganchado a tanta gente en Europa.

    Pájaro soñador (que es así como se ha traducido el título en España) era una mezcla de novela romántica, historia juvenil y comedia un tanto surrealista, todo, en un tono bastante naïf.

    Entendí que hubiera gente que se hubiera vuelto adicta. Además, estaba el aliciente de poder ver a Can Yaman, un actor de esos que a veces piensas que no pueden ser reales. Cuerpo de infarto y aspecto bohemio, un espíritu libre de esos que hacen soñar e imaginar una nueva pasión turca.

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    Luego llegó Dolunay. Cronológicamente las hemos visto al revés, porque primero grabó esta segunda en la que aparece con menos músculos y con un aspecto más encorsetado. Su papel es el de un empresario millonario con dificultades para expresar emociones y que se rige por multitud de normas. Eso sí, seguía manteniendo ese halo de misterio que cautiva. Y sí, para qué engañarnos, el chico es guapo de todas las maneras.

    Si ya te pones a indagar un poco sobre su vida descubres que tiene estudios universitarios, todavía mantiene abierto su propio bufete aunque ahora no ejerce. Así que, además de guapo es inteligente, deportista, coqueto, cercano a sus fans y solidario… ¿se puede pedir más? La verdad es que sí… conocerle en persona.

    Can Yaman, por fin en España

    Después de varios rumores, por fin Can Yaman aterrizó en España armando un buen revuelo. Cuando hay tanto interés centrado en una sola persona es imposible no elevar las expectativas por verle en persona y comprobar si es todo real.

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    Así que, cuando llegó la convocatoria para su rueda de prensa en Madrid, no había duda, había que ir. El encuentro era en Mediaset, la cadena artífice de esta fugaz visita. Noté la envidia de mis amigas (siempre sana) cuando les comenté que iba a verle. También recibí alguna llamada de compañeros del edificio donde trabajo para preguntar por él. ¡Qué nervios!

    Como era de esperar, había muchos medios pendientes de cada paso y cada gesto del actor.

    Tan solo se retrasó quince minutos. Los flashes empezaron a dispararse nada más aparecer en escena, uno de los platós de Telecinco. Y sí, pudimos comprobar que es guapo también al natural. Tiene una presencia de esas que imponen. Estuvo un buen rato posando para los fotógrafos que no paraban de llamar su atención para conseguir la mejor imagen.

    Pasó de izquierda a derecha una y otra vez. Sonrió cuando se lo pidieron y demostró que, aunque son contadas, sus sonrisas consiguen aumentar su encanto.

    La sonrisa de Can Yaman. / Juan Naharro Gimenez/Getty Images

    De charla distendida

    Luego llegó la hora de hablar y pudimos comprobar que le gusta tomarse su tiempo para dar explicaciones extensas, para desesperación del traductor que llegó a la conclusión de que era mejor ir poco a poco porque sus discursos eran demasiado largos para recordar todo lo que decía.

    Y es que, pese a que habla bien en inglés, recordemos que ha vivido alguna etapa de su vida en Estados Unidos, decidió hablar en su idioma para sentirse más cómodo.

    Intentó restar tensión al encuentro bromeando con Manuel Villanueva, director de contenidos de Mediaset, sobre cómo se pronuncia realmente su nombre. No estoy segura de que a estas alturas ya lo tenga todo el mundo aprendido.

    Durante casi una hora de charla pude comprobar que se toma muy en serio su papel como uno de los líderes de este fenómeno turco, que tiene algunos discursos ya aprendidos que no sorprenden porque ya los hemos escuchado antes y que insiste mucho en destacar su humildad y cercanía con la gente.

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    No se explayó en su opinión sobre España aludiendo, una y otra vez, al escaso tiempo que había tenido para disfrutar de Madrid y, en cuanto tocaba hablar de algo personal, eludía la pregunta reconduciéndola a un terreno más profesional.

    ¿Realmente es tan humilde como parece?

    No dejó claro si tiene pareja o no, aunque en alguna ocasión bromeó sobre la posibilidad de que le presentaran a alguna chica, guapa, eso sí. Lo dejó claro en varias ocasiones.

    Y cuando llegaba el final me tocó cerrar la rueda de prensa con una última pregunta. En realidad fueron dos porque quería hablar de música (seguimos siendo LOS40) y quería conocerle un poco mejor.

    Las series en las que participa están llenas de música local y quería saber si por ahí iban sus gustos o si escuchaba cosas más internacionales. Le gusta el pop turco y últimamente, también el rap. Aunque parece que lo que más escucha es Deep house.

    Aclarado el tema sin demasiadas explicaciones, pasamos a la segunda pregunta. Ya llegados al final me había quedado con la idea de que estaba frente al hombre perfecto: guapo, con estilo, deportista, con talento y éxito, cercano a la gente, con la cabeza amueblada y una cierta sensación de inaccesibilidad que siempre resulta atrayente. Necesitaba que nos desvelara algún defecto para comprobar que era de este planeta. Y me daban la oportunidad de preguntarle.

    Can Yaman, de charla con la prensa. / Juan Naharro Gimenez/Getty Images

    Mi gozo en un pozo porque, después de lanzarme un beso al aire por los piropos, su única respuesta fue preguntarme si quería acercarme a tocarle para demostrar que era humano. Lo siento, pero no, no hacía falta tocarle para comprobar que esto de la humildad flojea. Fue incapaz de reconocer algún defecto y dejó claro que se considera el hombre perfecto (o eso comentó la periodista que estaba sentada a mi lado).

    Con ese sabor agridulce hablé con una de las personas que trabaja en Mediaset para preguntarle cómo era en realidad cuando no tenía tantos ojos puestos en él. Al parecer parece simpático pero bastante tímido. Y con eso me quedo, con que la timidez le hizo acabar de esa manera un tanto arrogante.

    Como él insistió en varias ocasiones, a ver si la próxima vez que venga a España tiene más tiempo. Tal vez así podamos descubrir cómo es realmente porque el primer contacto nos ha sabido a poco. Y, además, por mucho que digan, las primeras impresiones no son siempre las que valen.


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