Chrissy Teigen habla por primera vez de su aborto

La modelo ha querido explicar las polémicas fotos en sus redes sociales

Chrissy Teigen

Chrissy Teigen, en la alfombra de Vanity Fair 2020 / Getty Images / Toni Anne Barson/WireImage

Chrissy Teigen y John Legend perdían hace ahora un mes al bebé que estaban esperando. Nadie salvo los padres que lo han vivido saben el sufrimiento y el dolor que un aborto puede causar en una pareja e incluso en una familia.

Y por ello la modelo ha querido hablar por primera vez de aquel trágico día que nunca olvidará en su vida. La estadounidense ha contestado también a las críticas que ha recibido por publicar esas polémicas fotos en sus redes sociales.

"Sé que necesitaba compartir esta historia (...). Esto es lo que viví y elegí compartirlo. Estas fotos son solo para las personas que las necesitan. Los pensamientos de los demás no me importan" explica la protagonista de esta triste historia.

En una larguísima carta abierta a todo el mundo publicada en su perfil oficial de Instagram, Chrissy Teigen explica el duro embarazo que vivió hasta el fallecimiento del que iba a ser su tercer bebé con John Legend: "El no iba a sobrevivir a esto, y si continuaba, yo tampoco lo haría".

Reproducimos a continuación fragmentos de la carta que recogen el espíritu al completo de la carta para aquellas mujeres que hayan pasado o estén pasando por una situación similar y les pueda servir de ayuda.

Carta abierta de Chrissy Teigen sobre su aborto

No tenía ni idea de cuándo sería capaz de escribir esto. Parte de mi pensó que sería pronto, cuando aún sentía el dolor por lo que sucedió. Pensaba que lo contaría desde una esquina de mi habitación, con las luces bajas, dejando salir mis pensamientos y con una copa de vino tinto en la mano.

En lugar de eso, estoy escribiendo esto desde el sofá de la planta baja, todavía acurrucada en una manta, pero animada por una mañana de amigos y pollo frito. Estoy leyendo innumerables notas de mi teléfono, pensamientos que han aparecido al azar en las semanas posteriores. Sigo leyendo incontables notas en mi teléfono, pensamientos que había escrito al azar las semanas previas (...). Los mensajes en las redes sociales de extraños han consumido mis días, la mayoría empezando con "no leerás esto probablemente pero...". Puedo aseguraros que lo hice. Y os diré más, algunos de los mejores mensajes empezaban con "No tienes que responder a esto, pero (...).

Había aceptado lo que sucedería: me pondrían una epidural para dar a luz a nuestro hijo de 20 semanas, un niño que nunca habría sobrevivido en mi vientre. Antes estuve haciendo reposo en cama durante más de un mes, intentando que el pequeño llegara a las 28 semanas, una zona 'más segura' para el feto. Mis médicos me diagnosticaron un desprendimiento parcial de placenta. Siempre he tenido problemas de placenta. Ya di a luz a Miles un mes antes porque su estómago no estaba recibiendo suficiente comida de mi placenta. Pero este fue mi primer aborto. Lo monitoreamos muy de cerca, con la esperanza de que esto se curase y cesase. En la cama sangré y sangré ligeramente durante todo el día, teniendo que cambiarme el pañal cada par de horas cuando ya era incómodo estar tumbada sobre la sangre (...).

Podría haber pasado esos días en el hospital pero no habría habido mucha diferencia. Mis doctores me visitaban en casa y yo intentaba cambiar sus palabras negativas en positivas pensando que todo se solucionaría. Al final tuve una muy mala noche en la cama, después de una ecografía no muy buena, y donde sangré un poco más de lo que sangraba. Se iba haciendo más y más grave. El líquido alrededor de Jack se había vuelto muy bajo, apenas podía flotar. Hubo momentos en los que estaba tan bajo que tenía la sensación de poder sentir sus brazos y piernas en mi barriga.

Después de un par de noches en el hospital, mi médico me dijo lo que intuía: era hora de decir adiós. El no iba a sobrevivir a esto, y si continuaba, yo tampoco lo haría. Nunca pudimos detener el sangrado y darle a nuestro bebé los líquidos que necesitaba, a pesar de las bolsas y bolsas de transfusiones de sangre. Simplemente no fue suficiente (...). Lloré un poco al principio, pero después entré en convulsión, mocos y lágrimas, mi respiración no era capaz de controlar esa tristeza increíblemente profunda. Incluso mientras escribo esto ahora, puedo sentir el dolor de nuevo. Me pusieron el oxígeno sobre mi boca y mi nariz y esa fue la primera foto que visteis.

Pedí a mi madre y a John que tomaran fotografías sin importar lo incómodas que fueran. Les expliqué que aunque estuvieran molestos las necesitaba y que nunca quería tener que preguntar por ello. Que tenían que hacerlo. Odiaron hacerlo. No tenía sentido para ellos. Pero sé que necesitaba recordar este momento para siempre de la misma forma que recuerdo nuestro beso al final del aislamiento o las lágrimas de felicidad tras nacer Luna y Miles. Sé que necesitaba compartir esta historia (...). Esto es lo que viví y elegí compartirlo. Estas fotos son solo para las personas que las necesitan. Los pensamientos de los demás no me importan.

Cuando Jack nació, mi mamá, John y yo lo abrazamos y nos despedimos en privado. Les pedí a las enfermeras que me mostraran sus manos y pies y los besé una, otra y otra vez. No tengo idea de cuándo me detuve. Podrían haber sido 10 minutos o una hora (...). Jack siempre será amado, les explicaremos a nuestros hijos que existe en el viento, en los árboles y en las mariposas que ven.


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