‘En Delos no puedes morir’: El nuevo libro de Javier Ruescas que no se puede leer

Prueba con el formato audiolibro renunciando al papel

Portada de 'En Delos no puedes morir'

Javier Ruescas publica su primer audiolibro narrado por él. / Foto cedida por Audible

Javier Ruescas se ha convertido en uno de los referentes de la literatura juvenil en nuestro país. Un creativo con multitud de proyectos siempre en marcha y con la capacidad de innovar y adaptarse a las novedades. Y con ese espíritu se ha enfrentado a En Delos no puedes morir, su primer libro que no podrás leer, solo escuchar.

No hay formato físico de esta nueva novela, sólo podemos escucharla en Audible. Él mismo narra su historia, o más bien, la interpreta descubriéndonos una faceta en la que parece tener futuro. Esta historia, que escribió durante la cuarentena, nos lleva a Delos, un pueblo que, en realidad es un proyecto que se creó tras una pandemia con la idea de que sus habitantes vivieron aislados del mundo, en su propia burbuja donde no existe la muerte, ni el dolor, ni el sufrimiento.

La gente no muere, emprende un viaje y escribe cartas a los que se quedan para que no los olviden nunca. Pero cuando el amigo de Oliver se marcha sin avisarle, provoca que huya tras sus pasos para reencontrarse con él. Eso le lleva a descubrir la verdad y con ella, un mundo, nuestro mundo, que es un caos para él. ¿Era mejor vivir en su burbuja de felicidad o se dará cuenta de que la realidad con todo su dolor y sufrimiento merece la pena?

Por primera vez en tu trayectoria, una novela que no podemos leer, solamente escuchar en Audible, ¿el futuro?

El futuro no, más bien es el presente. Es una opción distinta. A mí me gusta mucho porque me ha permitido enfrentarme a un reto de una manera diferente. No voy a dejar de escribir libros en papel, pero es verdad que cuando Audible me hizo esta propuesta, las posibilidades cambiaron. Me hace ilusión que sea exclusivo en audio porque a lo mejor, lectores que me siguen pero que no se habían atrevido a probar los audiolibros, descubren una nueva forma de leer.

No sólo la has escrito, sino que la has narrado, ¿qué ha supuesto para ti?

Ha sido un trabajazo, sinceramente. Cuando lo estaba escribiendo pensé que si sólo iba a salir en audio quería que tuviera una impronta mía, para sentirme más conectado a él y que los lectores lo sintieran mío. Pensé en narrarlo yo. Por ese lado me tuve muy en cuenta en cómo iba a tener luego que trabajarlo, pero, aun así, por mucho que lo tuviera presente, cuando me enfrenté al micrófono fue una experiencia más complicada de lo que imaginaba. He hecho algún curso de doblaje, locución y teatro cuando era pequeño… hay una pequeña parte de interpretación porque al estar narrado en primera persona, me meto en la piel de Oliver que es el protagonista y tengo que ser él. Al principio me daba un poco de vergüenza y luego me fui soltando.

Después de escucharte, lo próximo es verte en alguna serie o película, ¿de dónde sale esa capacidad interpretativa?

Actuar, actuar, me da todavía mucho, mucho, mucho reparo y más delante de una cámara. Pero escribir para este formato me lo paso muy bien. Han sido las ganas y la ilusión y el creérmelo. Es una historia muy personal para mí y ha sido un libro que me ha ayudado mucho durante la cuarentena, que llevaba gestándose muchos años y era como una parte mía.

El podcast toma mucho protagonismo, un formato en el que estás desarrollando algún que otro proyecto, ¿qué destacas de este formato?

Para mí lo que aporta es escuchar hablar a personas sobre temas que te interesan o que no conoces y te descubren un mundo nuevo ya sea histórico, musical o de curiosidades, hay tantas posibilidades y tanta gente que tiene tanto que contar. A mí me da la sensación de que esta revolución del podcast que hemos tenido en los últimos años, potenciado por la cuarentena también, es como la revolución de youtube en su día. Me da la sensación de que todos tenemos un podcast y está bien porque estoy seguro de que todo el mundo puede encontrar uno. Yo soy muy aficionado a los podcasts de ficción.

En la novela se recupera una práctica casi desaparecida que yo disfrutaba mucho cuando era adolescente que es la epistolar, ¿un guiño nostálgico?

Realmente estaba pensando en lo mucho que me gustaba a mí eso de las cartas que nos mandábamos después de un campamento. Teníamos los móviles, pero costaban un montón los mensajes y no teníamos saldo. No estaba whatsapp, ni internet y te hacía ilusión cruzarte cartas con tus amigos. Para mí las cartas siempre han sido un elemento nostálgico, como lleno de secretos, en las que uno tiene la oportunidad de descargar todo, pero con mucha pausa. Ahora mismo la inmediatez de escribir y enviar nos hace cometer errores o ser impulsivos. Con la carta te da tiempo a la reflexión. En el caso de Delos, el elemento de las cartas es muy importante porque perpetúan la idea de que la muerte no existe.

En Delos no se puede morir… solo el título ya nos invita a sumergirnos en esta nueva novela. Tú, como buen fan de Crepúsculo supongo que en más de una ocasión has reflexionado sobre la inmortalidad, ¿un sueño o una pesadilla?

No fue con Crepúsculo con lo que me lo planteé, fue con Entrevista con el vampiro, en la novela, cuando aparece la niña vampira y se ve que no ha crecido, me quedé muy bloqueado pensando en ‘madre mía, es que ver a la gente morir’, tiene una parte de belleza, pero si estás solo es muy triste. En este caso se juega con esa idea, pero en Delos, no es que no sepan lo que es la muerte, sino que no existe y no la echan de menos. Saben que se van a volver a encontrar con ellos, pero es todo una mentira. Quería acercarme a esto de una manera más realista en el sentido de que no hay magia.

La muerte, un tema universal e ineludible… Tú reflexionas sobre ella en tu nueva novela, ¿tras la pandemia la has visto de diferente manera?

Sí, no por la gente que se va sino por la gente que se queda y no han tenido oportunidad de despedirse o de quedar en paz con la pérdida que han sentido. Es por eso que entendí mejor Delos, por qué se crearía un lugar así, un lugar en el que la gente no quiere hablar de la muerte porque tiene miedo, pero es que el miedo también te bloquea para otras cosas. El siguiente paso a ese miedo y no querer saber nada de la muerte es decir ‘vale, pero es que estamos aquí y vamos a sacar el potencial de este día y salir para adelante’.

Abres debate: Vivir engañado y sin libertad, pero feliz y sin conocer lo que es el sufrimiento, o conociendo la realidad, dueño de tus decisiones y el dolor y miedos que eso conlleva. Supongo que no es tan fácil elegir, ¿no?

A mí no me parece nada fácil elegir y este libro se convierte en una pregunta para el lector, para que él o ella reflexionen al respecto. Cada momento van a dar una respuesta como hago yo. Hay veces en las que quieras vivir en la ignorancia y otras en las que te pueda el saber. Es un debate que tiene Oliver todo el libro, ¿lo estoy haciendo por mí? ¿Para no sentirme solo? ¿Necesitan saber la verdad o es algo que necesito soltarlo y compartirlo porque mal de muchos, consuelo de tontos?

Hablando de pandemia… Un claro síntoma de que hemos normalizado el uso de mascarillas es cuando aparecen en la literatura, ¿no?

Empecé a escribir antes de la pandemia y estuve en la cuarentena. Ahí empezábamos a ponernos las mascarillas, pero pensaba que iba a ser algo como anecdótico, fíjate qué ingenuo. Por eso en el libro se menciona, pero no aparece tanto. La hemos normalizado y va a durar. Cuando lo estaba narrando decía, qué ingenuo era. Me gusta mantenerlo así porque yo non explico en qué punto se desarrolla esta historia. Pero sí es la sensación de que la mascarilla nos va a acompañar mucho tiempo.

Javier Ruescas narra su propia novela. / Foto cedida por Audible

De todas formas, tu novela no va tanto de la muerte como de la vida y el darse cuenta de que tenemos el tiempo limitado, ¿por qué se nos olvida tan a menudo?

Se nos olvida porque damos todo por hecho. Estamos todos tan cómodos que, incluso con la pandemia, nos hacemos a la idea y adelante. Está bien porque no podemos estar cargando constantemente con advertencias, miedos y estar repitiendo ‘disfruta, disfruta, disfruta’… te machaca. Pero sí es verdad que a veces merece la pena parar y pensar ‘qué bien que estoy viviendo esto, qué bien que estoy en este parque dando un paseo, o qué bonito está el día’. Es un instante, pero es verdad que vivimos tan deprisa que no tenemos tiempo. El libro va sobre la vida. No creo que hablar de la muerte es lo que se necesite, esto va de descubrir el mundo con 19 años. El viaje que hace nosotros lo tenemos interiorizado porque es lo que conocemos desde que nacemos, pero para él, no. El protagonista no puede dar nada por hecho porque no lo ha conocido.

De hecho, una de los momentos más fascinantes en cuando Oliver descubre lo que es internet y el resto nos damos cuenta de lo mucho que ha cambiado nuestras vidas, ¿cómo ha sido vivir ese descubrimiento?

Dije, ¿cómo explico yo internet? En primera persona por un chico que lo acaba de descubrir, fue una de las cosas más complicadas. Si lo descubrieras ahora de golpe tiene que ser un shock mental que te vuelve loco. Fue una de las partes más complicadas, pero más emocionantes porque me daba cuenta de las cosas que le ofrecía al protagonista.

Oliver es un chico que ha vivido en una burbuja, sale al mundo y lo va descubriendo poco a poco. Ahí nos llevas a plantearnos la cantidad de estímulos que nos rodean, ¿demasiado ruido a nuestro alrededor?

Hay un montón de ruido, pero lo buscamos nosotros. Estamos tan acostumbrados a ese ruido que cuando nos falta, nos ponemos nerviosos. Tiene un reflejo en cómo en seguida buscamos el móvil, no podemos estar solo viendo una serie, tenemos que tener el ordenador, el móvil y ser un multipantalla. Está todo lleno de ruido. Y cuando te obligas a no encontrarlo es cuando más te das cuenta de lo que lo necesitas, y, en realidad, no lo necesitas, es una sensación de adicción a ese ruido. El buscar información, las redes sociales que te absorben… al final el problema es que te estás quedando sordo y no estás escuchando lo que de verdad importa y esto conecta con el valorar tu día a día y aprovechar cada minuto en el sentido de que nuestra energía es limitada y más vale que sepas aprovecharla, que sepas con quién y de qué manera.

Ha vivido en un mundo donde reina la felicidad y los valores de bondad y descubre que el mundo no es así, ¿tan caótico es nuestro mundo colonizador?

No sé si es caótico, pero, desde luego, que no queremos ser consciente de lo que está mal y lo que nos puede hacer daño, está claro. No hay más que mirar las redes sociales, cómo funciona todo, el consumismo total, el poner las fotos más bonitas y la alegría más grande y la sonrisa más enorme porque no vayan a pensar que no estamos triunfando, que no somos los mejores… esto también pasa en Delos, como su tiempo es ilimitado, no hay una carrera por ganar al otro, no hay esa obsesión porque si no llego ahora, ya llegaré mañana. Hay una parte colonizadora que nos absorbe y Oliver terminará absorbido por este mundo.

No entiende la homofobia y tú se la planteas de golpe. Aunque queda mucho por hacer, en ese terreno hemos avanzado mucho, ¿no?

Sí, hemos avanzado y en realidad es lo que parece en el libro, que, hay muy pocos que hacen ruido que generan esa violencia, que no comprenden y no quieren ver. No quería que el libro se convirtiera en un Delos en lo que todo está bien y todo es bonito y es aceptación, porque no es real. Hemos avanzado, pero nos queda mucho por avanzar. He querido hacer ese viaje que es distinto a como lo he planteado otras veces, porque Oliver y Delos son distintos.

Descubre que no todo es bondad en el mundo, pero también se cruza con personas que le ayudan sin pedir nada a cambio… hay esperanza en el mundo.

Hay mucha esperanza en el mundo. Eso y que hay que aprovechar el día a día es el mensaje con el que me gustaría que se quedasen los lectores. Hay tanta gente que está dispuesta a echarte una mano y que, a veces, está escondida en ese ruido, que se nos olvida, pero están ahí. Yo tengo la suerte de tener esas personas, amigos, pareja, familia que me cuidan, protegen, entienden y me dicen las cosas cuando consideran que no lo estoy haciendo bien. Y quería que Oliver se encontrara también con esa gente.

Un valor que comparten ambos mundos que planteas es el de la amistad, ¿un pilar imprescindible?

Sí, para mí sí. Y es lo que perpetúa Delos. Estás ahí y si quieres seguir ahí es porque tienes gente que te importa. El tema de las cartas y los diarios lo que hace es generar vínculos eternos. Esas cartas llegarán llegando eternamente incluso cuando se mueran esas personas y eso te da cierta paz porque te vas a volver a reencontrar con esa persona.

La muerte está muy ligada a la religión que es otra de las reflexiones que planteas. Hablas de la creencia en el más allá como placebo. Entiendo que tú eres de los que crees que con la muerte se acaba todo.

Pues no lo sé. Es lo que cree Oliver. Me gusta mucho porque este libro es como un espejo. Según cuando lo leas te ves reflejado de una manera u otra. En el tema de la muerte, varía, hay momentos en los que quiero pensar una cosa y hay momentos en los que quiero pensar otra. Al final, lo que hago es dejárselo a Oliver y al lector para que reflexionen. Yo no doy una respuesta concreta. El tema de la religión, si hablaba de la muerte, tenía que estar presente, y más si el chico viene a Madrid que pertenece a España donde la religión está presente hasta en el nombre de las calles.

Al final, uno se queda con la idea de que debemos valorar la vida que tenemos y que debemos intentar ser nosotros mismos… te vas a convertir en el Paulo Coelho de las nuevas generaciones.

No sé (risas) Con que haya terminado esta historia me doy con un canto en los dientes. Que lo disfruten los lectores. Hay ya algunas reseñas y estoy emocionado porque está gustando y estoy contento porque ha sido un libro tan difícil de escribir, a todos los niveles, que con que lo disfruten, está muy bien.

De todas formas, si alguien duda de si Delos podría ser un buen lugar, saber que allí Romeo y Julieta acaban juntos, sería motivo más que suficiente para descartarlo, ¿no?

Sí, yo creo que sí, total. Ese lugar no merece la pena.

No vas a poder firmar ejemplares.

De este no. Me decía alguna amiga que a ver cómo hacías, habrá que ingeniárselas de otra manera.


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