Las dos 'Shakiras' en la oleada de talento musical colombiano
El Gran Musical repasa la huella de los artistas americanos en el pasado, el presente y el futuro
El auge de la música colombiana
Si hoy Colombia es considerada una de las grandes potencias musicales del planeta, buena parte de la responsabilidad recae en Shakira. Sin embargo, la artista barranquillera ha tenido dos vidas artísticas muy diferentes. La primera ayudó a abrir puertas para la música colombiana en los mercados internacionales durante los años noventa. La segunda ha servido para consolidar una nueva era en la que los sonidos latinos dominan las listas de éxitos de medio mundo.
La historia comienza mucho antes del auge del reguetón y de las plataformas digitales. En la década de los noventa, Colombia empezó a exportar artistas capaces de competir con las grandes estrellas anglosajonas. Entre ellos sobresalían nombres como Carlos Vives, Juanes y una joven Shakira que mezclaba influencias del pop, el rock y la canción de autor. Aquella generación tuvo que conquistar mercados internacionales sin renunciar por completo a su identidad colombiana, aunque adaptando su sonido a los códigos del pop global de la época.
La primera Shakira fue la de discos como Pies Descalzos y ¿Dónde están los ladrones?. Su propuesta estaba marcada por guitarras, letras introspectivas y una clara influencia del rock latino. Era una artista que podía compartir espacio en las radios con Alanis Morissette, The Cranberries o Maná sin perder personalidad. Con canciones como Estoy aquí, Ciega, sordomuda o Inevitable, la colombiana se convirtió en una de las voces más reconocibles de la música en español y abrió un camino que pocos artistas latinoamericanos habían recorrido con semejante éxito.
Shakira, en una imagen en 2002 / Tim Roney
Algo parecido ocurrió con Carlos Vives, quien revitalizó el vallenato para acercarlo al gran público internacional, y con Juanes, que transformó el rock latino en un fenómeno masivo gracias a éxitos como A Dios le pido o La Camisa Negra. Entre los tres contribuyeron decisivamente a derribar prejuicios y demostraron que la música hecha en Colombia podía triunfar en Europa, Estados Unidos y gran parte de América Latina.
Sin embargo, el panorama musical cambió radicalmente durante las dos décadas siguientes. La irrupción del reguetón, la música urbana y las colaboraciones internacionales modificó las reglas del juego. Fue entonces cuando apareció la segunda Shakira. Sin abandonar su capacidad para escribir grandes canciones pop, la artista empezó a integrar de forma mucho más visible elementos procedentes de los ritmos latinos y caribeños.
Temas como La Bicicleta, junto a Carlos Vives, marcaron un regreso consciente a las raíces colombianas. Más tarde llegaron colaboraciones con figuras urbanas como Maluma, Karol G, Rauw Alejandro o Bizarrap, reflejando una industria musical mucho más conectada con los sonidos más modernos.
SHAKIRA || BZRP Music Sessions #53
Este cambio no afectó únicamente a Shakira. También simbolizó la evolución de toda una escena musical colombiana. El país pasó de exportar principalmente artistas de pop-rock con vocación internacional a liderar tendencias basadas en géneros latinos y afrocaribeños. Reguetón, urbano, merengue, bachata, vallenato y fusiones tropicales comenzaron a convivir con naturalidad en las producciones de las nuevas estrellas.
Por eso puede hablarse de dos Shakiras. La primera fue una pionera que ayudó a internacionalizar el talento colombiano a través del pop y el rock. La segunda se convirtió en el reflejo de una industria que ya no necesita mirar hacia fuera para triunfar, sino que encuentra precisamente en sus raíces latinoamericanas su mayor fortaleza. Entre ambas etapas se encuentra la historia del espectacular ascenso de Colombia como una de las grandes fábricas de éxitos musicales del siglo XXI.
