Ser el artista revelación en los Premios Grammy: ¿bendición o maldición?
Olivia Dean, KATSEYE, The Marias, Addison Rae, Leon Thomas, Alex Warren y Lola Young, uno de ellos también hará historia... o no

Meghan Trainor recogiendo su Grammy en el año 2016 / Kevin Mazur
Hay una categoría de los Premios Grammy que tiene su miga porque pone el foco en esos artistas que están llamados a convertirse en el nuevo elenco protagonista de la industria musical. ‘Best New Artist’, o lo que es lo mismo: Mejor Artista Revelación, es el premio que señala, en teoría, el nombre que va a marcar el futuro inmediato de la música. Sin embargo, la historia reciente demuestra que levantar el gramófono dorado puede ser una bendición, pero también un lastre, incluso una maldición. Basta con hacer una simple búsqueda en Google, repasar a los ganadores de los últimos diez años y entender que el verdadero reto empieza justo después de ganar un Grammy... más o menos.
Este año, la lista de nominados reúne a artistas que han ocupado titulares mientras sus oyentes mensuales se multiplicaban exponencialmente en Spotify: Olivia Dean, la gran esperanza del R&B inglés; KATSEYE, la girlband internacional que triunfó con Gabriela y salió de Netflix; la banda de alt-pop The Marías; Addison Rae, la tiktoker que se ha convertido en una auténtica popstar; sombr, el artista indie-pop que ahora sale por televisión; el multifacético Leon Thomas; Alex Warren, el artista que pasó de dormir en un coche a ser chico Netflix; y, por último, Lola Young, la fuerza británica que ha sabido sobreponerse a sus demonios personales. Todos tienen su su sello, algo que los hace diferentes, pero ¿qué pasará con ellos después de la gala de este 1 de febrero?
Si hablamos del “síndrome del artista revelación”, el caso de Meghan Trainor, ganadora en 2016, es un ejemplo que hay que tener muy en cuenta. Su debut con All About That Bass —canción que rechazaron Beyoncé y Adele— fue arrollador, muy diferente a lo que se estaba haciendo en aquella época, y se llevó el gato al agua en todo el mundo. Primero con esta canción y después con su primer álbum de estudio, de título Title. Sin embargo, para su siguiente trabajo, la cantante dio un giro hacia un pop más genérico, de discoteca. Un cambio importante que le funcionó muy bien con los singles elegidos, pero que, con el tiempo, diluyó parte de su identidad. Y de nada le valió el Grammy que decoraba la estantería de su carrera. Su carrera entró en una etapa de poca bonanza y eso le perjudicó en los discos posteriores. No obstante, los últimos movimientos en su carrera, con el inesperado éxito de Made You Look, más en la línea de su sonido original, le han devuelto cierto estatus y, de nuevo, la atención de los aficionados del pop más sofisticado. ¿Cosa de tener un Grammy? Por supuesto que no.
LOS40
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Alessia Cara recogiendo su premio Grammy en 2018 / Theo Wargo

Alessia Cara recogiendo su premio Grammy en 2018 / Theo Wargo
Pero vayamos a los siguientes años. Chance the Rapper (2017) supo navegar mejor esa presión inicial. Apostó por ser independiente y otro discurso artístico, aunque su impacto posterior ha sido más irregular de lo esperado, siendo Holy, su colaboración con Justin Bieber, uno de sus últimos temas más conocidos. Por su parte, Alessia Cara (2018) consiguió construir una carrera sólida, pero atrás se quedaron himnos como Scars To Your Beautiful, Here y Stay, canciones que alimentan hoy sus cifras en las plataformas de streaming, a pesar de que, desde entonces, ha publicado hasta tres álbumes de estudio. En ambos casos, el Grammy no fue un trampolín hacia el estrellato masivo, sino un reconocimiento a un trabajo bien hecho que de poco sirvió después... porque, tal vez, ellos tampoco quisieron.
En el otro lado de la balanza están Dua Lipa (2019), Billie Eilish (2020) y Olivia Rodrigo (2022), probablemente los casos más claros de que este premio puede ser una auténtica bendición… si también eres consciente con lo que te ha llevado a esa posición y actúas en consecuencia. Las tres han sabido ser fieles a su ADN musical, evolucionando sin traicionarse ni tampoco traicionar a sus públicos objetivos. Dua Lipa transformó su pop bailable en un sonido sofisticado y ambicioso (¿qué me decís de Future Nostalgia?). Billie Eilish cogió su rareza y la convirtió en mainstream sin perder un ápice de su credibilidad. ¿Su currículum? Birds of a Feather, Ocean Eyes, when the party’s over, Happier Than Ever y tropecientas canciones más. Y lo mismo ocurre con Olivia Rodrigo. Fue seleccionada para ser la protagonista de High School Musical: la serie, hizo una canción de desamor contra su pareja y todo ese desgarro adolescente la llevó a lo más alto de la cima, con una narrativa que ha ido cogiendo madurez con el paso del tiempo (y las canciones). Ahora, por méritos propios, no por el Grammy, ella es la heredera natural de Taylor Swift.

Billie Eilish, Sabrina Carpenter y Chappell Roan en la edición de los Premios Grammy de 2025 / CBS Photo Archive

Billie Eilish, Sabrina Carpenter y Chappell Roan en la edición de los Premios Grammy de 2025 / CBS Photo Archive
En los últimos años, el premio Mejor Artista Revelación de los Grammy parece haber ampliado su mirada, aunque sigue sin ser un valor seguro para el futuro de los cantantes. Megan Thee Stallion (2021) sí se consagró como una figura clave del rap mainstream. Samara Joy (2023) fue una apuesta por el jazz en una industria dominada por el pop y el urbano, pero, dos años después, apenas ha ampliado su red de fans (actualmente suma cerca de 600.000 oyentes mensuales en Spotify). Más de lo mismo con Victoria Monét. Chappell Roan, ganadora en 2025, en cambio, simboliza la nueva generación del pop que ha construido su éxito desde la identidad y una estética que la hace única. Convertida en fenómeno gracias a su universo visual y un discurso queer que no nos puede gustar más. Ha pasado de una promesa más alternativa a ser una artista con una proyección enorme en tiempo récord.
Dicho lo cual, ¿es el Grammy a Mejor Artista Revelación una bendición o una maldición? La respuesta corta es fácil: depende. Depende de las decisiones creativas que vengan a posteriori, de la capacidad para no perderse entre las expectativas, pero, sobre todo, de saber qué quiere cada artista hacer o ser más allá de recibir un premio de esta relevancia. El premio da visibilidad, credibilidad y foco, pero no garantiza una carrera a largo plazo con la misma repercusión. Ahora bien, ¿es eso lo que quieren todos los artistas?












