Crónica: La gira de OT2025 se enfrenta a un examen final en Madrid que demuestra quién está destinado al verdadero triunfo
Los triunfitos han cumplido con su cita con Madrid en pleno orgullo y un puñado de actuaciones... diversas
Los chicos de OT2025 en el concierto de Madrid de la gira. / Sandra Robles @takingpicturesofyou / Setlistmusic / © Sandra Robles @takingpicturesofyou
Y por fin llegó. No es que se hiciera larga la espera, es que lo ha sido: desde que se anunciara la gira de Operación Triunfo 2025 al comienzo de la misma, han pasado ciento setenta y tres días; doscientos cuarenta y nueve, si se tiene en cuenta su fecha en Madrid. Una fecha en la que ha estado LOS40.
Antes de empezar el show, lo primero que se pudo comprobar es que, a diferencia de memes, bromas y decenas de comentarios en redes, el Movistar Arena de Madrid estaba notablemente lleno. Y si las cabezas por metro cuadrado ayudaban a silenciar los rumores de fracaso, los gritos de emoción de los fans hacían lo propio con aquello de que los anfitriones no han despertado la misma pasión en la audiencia que ediciones anteriores. Por si las dudas, los decibelios hablaron por sí solos cuando las luces se apagaron.
El primer medley de la noche parecía un spoiler, que no una declaración de intenciones: Yo quiero bailar, Voy a pasármelo bien e It's a Sin. En esta última, el verdadero pecado fue el fallo de sonido que sufrieron algunos de los triunfitos que inauguraban la velada.
Tras esto, la noche arrancaba de manera errática y con aires de debut, pero con una emoción que solo Operación Triunfo sabe provocar, sea quien sea que protagonice la edición. Y todo dividido en unas no tan bien aprovechadas siete partes.
Primera parte, El Sueño
Para sueño, y febril, el primer trío de la noche formado por Max Navarro, Guillo Rist y Carlos Fustel. Bye bye bye, aquella decisión de tema que no podría haber salido ni del fanfic más fantasioso, no solo sobrevivió a la gala 2, sino que ha conseguido hacerse camino hasta la gira de esta edición. Y en directo volvió a vivirse como esa alucinación que, a día de hoy, nadie puede creerse que fuera a materializarse de alguna manera.
Y de NSYNC* a If you could read my mind, con Laura Muñoz, Salma de Diego y Olivia Bay. De este número llamó la atención la tercera, en cuya parte se escucha un grito generalizado. “Hay favoritismo, ¿eh?” se puede oír en algún punto de la grada. Sin contar el apoyo que recolectó en el concurso, bien podría parecer que el carisma de Olivia le ha hecho ganarse adeptos nada más salir al escenario: en el centro, y con una capucha al más puro estilo Kylie Minogue junto un hipnótico movimiento de brazos, su presencia es innegable.
Olivia Bay en el concierto de Madrid de la gira OT 2025. / Sandra Robles @takingpicturesofyou / Setlistmusic / © Sandra Robles @takingpicturesofyou
Esto casi actuó como adelanto del siguiente tema y primer solo de la noche, Superestrella. Aquí solo se escuchó al público por cantarla a voces, aunque quizá ahí el mérito se lo debamos conceder a Aitana y a cómo su canción ha conseguido llegar a los sitios más inesperados... como, por ejemplo, a una prueba de nominada de OT.
De aquel tema de dudable elección para salvarse ―aunque a Bay le funcionó en su momento―, le tomó el relevo un dueto, también el primero de la noche. Iván Rojo subió al escenario para interpretar la canción que le costó ser el primer expulsado del programa, I like the way you kiss me. La increíble falta de química sigue presente en la actuación, como si no hubiesen pasado los meses; aunque esta vez le añaden más acercamiento, hasta la simulación de un falso beso al final. Un toque camp necesario, pero que no superaría al surrealismo generalizado de la noche.
Rojo tomaría entonces el escenario y, sin caer en el ya cliché de su primer WiZink, se convertiría en un inesperado maestro de ceremonias dispuesto a decir unas palabras a favor de cumplir sueños. "[...] que viváis la vida a vuestra manera", comentó, ¿en un alegato a favor de triunfar? ¿Algo relacionado con el orgullo? Es posible, aunque lo certero era que se trataba de una introducción a su primer y único solo de la edición, It`s my life.
Y de Jon Bon Jovi se pasó a Dua Lipa, en un Training Season que dio paso al solo de Lucía Casani. Al tomar el cargo de maestra de ceremonias, recitó un discurso basado en “que por favor creáis en vosotros mismos, que estéis orgullosos de quien sois” que parecía sacado de la escuela Thalía Garrido, y empezó Creo en mi. A favor de la valenciana, se ha de decir que fue el primer momento emotivo de la noche con cientos de linternas encendidas al son de su canción.
Para terminar este primer bloque, y por alguna razón que se escapa a la conceptualidad del mismo, llegó uno de los grandes números de la noche. El tema, como ya pasó en el programa, les quedó como un guante a Tinho y a Guillo. Ambos subieron la temperatura del ambiente ―toda una hazaña, teniendo en cuenta los treinta y siete grados del exterior― en un par de minutos lleno de sensualidad, tensión y muy, muy poca sutilidad.
Segunda parte, Esfuerzo
Téyou abrió el bloque cantando en francés, aunque antes reflexionó de manera breve sobre el esfuerzo. Ahí se contoneó la fina línea entre la improvisación para con su público y los discursos orientados al tema del bloque, pero da igual; porque el espectáculo posterior se comía cualquier atisbo de conversación en el escenario.
Ca7riel y Paco Amoroso resonaron en las voces de los presentes, aunque más aún en el dúo entre Javicrespo y Tinho. Mientras que el que fuese ganador de La Voz derrochó comodidad en su propio estilo, el gallego volvió a demostrar su versatilidad sobre el escenario.
Judith Garuz y Carlos Fustel en el concierto de Madrid de la gira OT 2025. / Sandra Robles @takingpicturesofyou / Setlistmusic / © Sandra Robles @takingpicturesofyou
Aunque si se habla de decisiones bizarras, hay que irse al lado de las valientes. Volar, en la voz de Carlos Fustel, siguió siendo tan confuso como lo fue cuando la eligió para la gala 0, pero el resultado fue el mismo: él lo disfruta tanto sobre el escenario que acaba convirtiéndose en un caballo de Troya perfecto para que, el mismo público que hacía unos minutos estaba bailando con un tema urbano, disfrute con algo totalmente distinto. Con una emoción más comedida, eso sí.
Pero la magia de OT no paró ahí. Justo después, Laura Muñoz consiguió eso que solo OT puede hacer: que una chavalería que nació bastante después de que se publicara Palabra de mujer vibrase con Desátame como si fuera de este mismo año. Así, la gritona ―apelativo cariñoso que le pusieron los fans que seguían las galas― pasó su actuación con una voz memorable, pero sin nada más a reseñar.
Tercera parte, #sinhate
Para la tercera fase del concierto no hubo grandes presentaciones, ni si quiera vídeos, como sí hubo en las anteriores. Téyou volvió a abrir el capítulo, y antes de cantar Agua, dio un discurso sobre el orgullo que recordó por qué no había nadie mejor que ella para llevar la nota reivindicativa ―entiéndase como reivindicativa a cualquier atisbo de sentido común a inculcar en sociedad― de la edición. Tinho, de nuevo haciendo adalid de su versatilidad, le dedicó una sonrisa que pareció consolidarle en su papel como aliado.
Siguiendo la norma acústica del bloque, Claudia se sentó al piano para interpretar su versión más querida del concurso, El sitio de mi recreo. Su voz al teclado quedó no solo como el tributo elevado al máximo respeto a Antonio Vega, sino la confirmación oficial de que es uno de los grandes talentos de su edición. Y como buena estrella, no pudo evitar emocionarse entre acordes.
Max Navarro en el concierto de Madrid de la gira OT 2025. / Sandra Robles @takingpicturesofyou / Setlistmusic / © Sandra Robles @takingpicturesofyou
Para el final, y tras el turno de Salma y Max, llegó otra grupal que empezó con un Guille Toledano proponiendo a sus compañeros cantar Saturno en un momento de improvisación —como si no estuviera incluida en el setlist oficial de la gira desde su inicio—. Y el Movistar volvió a ser un mar de gritos.
Cuarta parte, Trabajo en equipo
Podría ser la cuarta, pero un problema en las pantallas les obligó a regresar al dos por un momento. Show must go on, que dirían ciertos maestros. Y así empezó APT, que se llevó rápido la atención de los asistentes en una actuación que ha envejecido como leche desde aquella Gala 1. Pareció que, a veces, la magia de la televisión es solo eso, magia. Y un Movistar Arena puede diluir las piruetas y los trucos de voz como si fuera homeopatía.
Por eso a la ganadora le sentó mejor el cambio a End of the world, la eterna injusta nominada de la edición, que Arenas salvó de nuevo con un saber estar impecable. Sobre todo demostrando que, ya sea al piano o al pie de micro, sabe mantener la compostura de artista sobre las tablas.
El dúo de Judith Garuz y Guille Toledano, Don't leave me this way, dejó un número tan olvidable que bien podría haberse convertido en la interpretación de sus singles en solitario. ¿Un Vértigo o un Ven y báilame en el Movistar Arena? No se podría decir que no es una buena idea.
Guille Toledano en el concierto de Madrid de la gira OT 2025. / Sandra Robles @takingpicturesofyou / Setlistmusic / © Sandra Robles @takingpicturesofyou
Sin embargo, para fortuna de los fieles al programa, Guille Toledano siempre será una voz ideal para cualquier versión. Siempre es de noche, de Alejandro Sanz, volvió a demostrar por qué se alzó hacia el casi podio del programa por su voz y no solo por su viaje del héroe —impecable, en todo caso—. Y también deja clara la química que trabajó aquella semana de octubre con Lucía; que casi pide beso al final de la actuación, incluso sabiendo el nulo shippeo entre ambos. El mejor ejemplo de que o se trabaja o sale natural, pero solo si debe suceder. Un buen contraste con Akureiri, que vino justo después.
Quinta parte, Iconic
Antes de abrir la quinta, Yes Sir, I can boogie de Olivia y Claudia fue la ocasión perfecta para dejarse de perfeccionar y empezar la parte disfrutona. Y así pasó con NuevaYol, de Guillo y Guille, o con Como Camarón, del segundo de ellos en solitario.
Y si bien Guillo brilló con su Catarata, Tinho llegó a lo más alto de su catálogo de talentos. Lo hizo con Beatiful Things, la canción que terminó de consolidarle como finalista de su edición, y que demostró que era mucho más que el rockero con un grupo que muchos creían que se presentó a la Gala 0. Está claro que su camino en solitario está aún por ver, pero su voz es suficiente carta de presentación. Por la que fue su banda, Another Wasted Year, tampoco hay que preocuparse: viven una estupenda nueva etapa en la que además saldrá de gira con LOS40 Summer Live este verano.
Los chicos de OT2025 en el concierto de Madrid de la gira. / Sandra Robles @takingpicturesofyou / Setlistmusic / © Sandra Robles @takingpicturesofyou
El Can't Hold Us de Macklemore en la voz de Javicrespo enseñó el Movistar por dentro, y al salir, se juntó con Toledano. Ambos llevaban unos pantalones de camuflaje que poco tenían que ver con las Mariposas de su canción, tal vez en un homenaje sorpresa a la archiconocida Rosa, de vestuario.
Para terminar su bloque, dos temas tan distintos como efectivos: Latin Girl y Where is my husband!, de Arenas y Bay, respectivamente. No solo por una maravillosa ejecución, sino porque volvieron a ser los dos más celebrados del público hasta el momento.
Sexta parte, Triunfo
En el bloque de Cristina se le dio el protagonismo que la ganadora de la edición merecía. Desafortunadamente, ésta no ofreció todo lo que otros bloques entregaron al público.
Ni el Punto de Partida versionando a la más grande dejó ese poso de emoción que la canción merece, ni si quiera en la parte en la que la letra menta a su querida Andalucía. Eso sí, parecía un asunto de perspectiva, por lo que puede que Lora sea una de esas artistas que no dejen indiferentes a nadie. Algo bueno, al fin y al cabo.
Un cambio de outfit después, se lanzó con un Uh nana que, flecos mediante, parecía más un tributo a Daniela Blasco que una reinterpretación con la que demostrar por qué ganó un formato tan reñido como OT. Para terminar, otra tibia La Noia.
Séptima parte, Despedida
La Potra Salvaje como ingrediente secreto emotivo no acertó demasiado, mucho menos con una publicidad nada sutil en las pantallas del concierto. Por suerte para todos, el himno de la edición se cobraría su efecto justo después.
Puede no ser Historias por contar, ni mucho menos Camina, pero cumple con aquello de conectar las vivencias de dieciséis desconocidos que acaban con una relación parasocial con su público y consiguen que la audiencia conecte con la rutina de una Academia que nunca han visitado. Como alivio cómico, la voz de Guillo Rist por encima de las demás recordó al mejor momento de Marta Sango en Somos.
En un bis poco discreto, Será porque te amo, una lluvia de banderas LGTB ―se colaron la andaluza y la canaria― terminaron de conectar esta fecha en Madrid con la celebración del orgullo en la misma ciudad.
Se despidieron sin palabras, pero con sonrisas que bien podrían significar que estaban satisfechos por su trabajo. Habían llevado OT al público, y aunque haya fechas de la gira por cumplir, la despedida de la que es seguramente la mejor experiencia de su incipiente carrera ya es una realidad. En un futuro, tal vez no tan lejano, tocará verles en sus propios conciertos. Y ojalá sea a los dieciséis.
