Sonsoles Ónega: “Por mucho que esté tan de moda el poliamor al ser humano no le gusta compartir una pareja”

Hablamos con la periodista de ‘Mil besos prohibido’, su última novela

Sonsoles Ónega

Sonsoles Ónega tiene nueva novela. / Carlos Alvarez/Getty Images

No llega a los niveles de Jorge Javier Vázquez, pero Sonsoles Ónega se ha convertido en un rostro recurrente en Mediaset. Ahora mismo compagina su programa de actualidad, Ya es mediodía, con los debates de La casa fuerte. Dos programas que no tienen mucho que ver pero que demuestran el carácter todoterreno de esta periodista que destaca por su rotunda naturalidad.

Y pese al pluriempleo, encuentra tiempo para escribir. Mil besos prohibidos es su sexta y última novela. Costanza, una mujer en la cuarentena, que ha sufrido la muerte de su hija y la consecuente ruptura de su matrimonio, se reencuentra con el amor de juventud que ha marcado toda su vida. Llevan 20 años separados y él se ha convertido en sacerdote, pero, ¿será eso un impedimento para retomar su historia de amor?

Una historia que pone de relieve el poder del amor, la corrupción de los poderosos, la manera que tenemos de enfrentarnos a la muerte o la necesidad, o no, de replantearse el celibato en la Iglesia.

Hablar con su autora es como hacerlo con una amiga de toda la vida porque esa cercanía que transmite en pantalla está presente fuera de cámaras.

En esto de la literatura ya tienes callo, ¿qué ha tenido de especial para ti Mil besos prohibidos?

Ha tenido dos cosas especiales, la primera, que fuera la novela que seguía a Después del amor, que probablemente fue la novela que marcó un antes y un después en mi vida literaria y, la segunda, la coincidencia con un momento personal complicado en el que esta historia se ha convertido casi en un refugio. Ha sido mi madriguera durante un montón de meses para compensar las tristezas de la vida, me imaginaba la vida mejor en la ficción.

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No sé si una vida mejor en ficción porque a Costanza le has regalado una vida con muchas complicaciones y sufrimientos, ¿no te ha dado un poco de pena darle esa vida?

Tengo una vena dramática un poco acentuada y a mis personajes siempre les pasan cosas terribles, pero, en cierto modo, la vida es así, quién no tiene un infortunio en algún momento, una tristeza, una mala racha. No toda la vida de Costanza fue tan triste. Al final sí es verdad que la vida le juega un montón de malas pasadas, desde la muerte de su hija, el regalo envenenado de su madre, la circunstancia de su matrimonio… una serie de infortunios que le hacen estar de esa manera. Sin embargo, es el amor el que le permite sobrevivir.

Es la historia del reencuentro de un primer amor, ¿crees en las segundas oportunidades?

En carne propia no te podría decir. Lo que creo es en el destino y cuando las cosas tienen que ser, son. Esta historia viene a desmontar eso de que segundas oportunidades nunca fueron buenas. Para ellos lo fue. A mí no me ha pasado, pero, por qué no.

Sin embargo, la has convertido en mujer de cuna, con comodidad económica, ¿una prueba más de que el dinero no da la felicidad?

Totalmente. Ella lo sabe bien. Ella es una mujer que ha vivido en abundancia, riqueza, viajes, una formación exquisita… y al final se da cuenta, cuando se rompe su matrimonio y se tiene que instalar en una casa nueva, que lo que quiere es una casa pequeña y vacía donde quepan sus libros y poco más. Efectivamente, el dinero no da la felicidad, aunque, no me acuerdo quién decía que el dinero era lo que única que compensaba no serlo, pero es de estas historias donde cada uno tiene que labrarse su felicidad. Costanza que podía tenerlo todo para serlo, en cambio, al final, tiene que recurrir a un amor de los años 90, a sus 18, 20 años, para encontrar la ilusión con la que levantarse cada mañana.

El miedo a perder un hijo te recorre el resto de la vida.

Tiene que hacer frente a la muerte de una hija, ¿es lo peor que le puede suceder a una madre?

Creo que sí. La muerte de un hijo es una circunstancia de la que no se levanta cabeza, sobrevivir a un hijo. Lo dice todo el mundo que lo ha pasado. Esta novela intenta reflexionar sobre cómo se acaba el miedo a perder a un hijo en el momento en el que lo pierdes. Cuando eres madre es una sensación horrible que te persigue las 24 horas. Ahora en verano, con los campamentos, los dejas allí y tienes una sensación de ‘uff, que no me llamen dentro de una hora para decirme que se han abierto la cabeza’. El miedo a perder un hijo te recorre el resto de la vida.

También pasa por un divorcio y en algún momento reflejas sus momentos de soledad, ¿son inevitables?

Sí, después de un divorcio tienes una sensación de soledad tremenda, aunque estés rodeada de gente, no tiene que ver con la compañía. Ese agujero que se queda ahí dentro, aunque a veces las parejas rompan y se liberen, pero es una sensación de soledad que tardas tiempo en tamizar. Sobre todo, si son matrimonios largos, pero el tiempo lo cura siempre, o casi siempre.

Después de un divorcio la enfrentas a un amor prohibido, ¿pretendías demostrar que en el amor no hay nada imposible?

Es que en el amor no hay nada imposible por muy complicado que parezca y el amor puede con todo. Es un sentimiento que te lleva al infierno y te rescata de él. Además de que nos resulta siempre más atractivo lo prohibido, en el amor, pero en todo en la vida. Basta que prohíbas a tus hijos que lean para que lean más. Una buena recta para que dejen el Fornite y cojan un puñetero libro. Lo prohibido me atrae. Literariamente y en lo personal no soy consciente de si habré dado un beso prohibido, pero probablemente en la vida real soy más disciplinada y cumplidita, pero en la literatura haces todo lo que no haces en la vida. En la ficción se vive infinitamente mejor.

Es complicado que el institnto no se acabe imponiendo.

De todas formas, tú que también acabas de pasar por un divorcio, ¿no te daría pereza que apareciera un amor del pasado?

Depende cuál. No tengo ningún amor de estos adolescentes que me hayan marcado, no tengo un Mauro, pero los reencuentros son bonitos, sobre todo por eso que tiene el ser humano de querer volver a esos lugares en los que fueron felices y de esos, todos tenemos.

Otra cosa es que ahora entén de moda esas relaciones abiertas, que son muy saludables, pero, al final, uno se acaba quedando con uno solo.

El amor de pareja en la Iglesia, ¿es algo que debería replantearse la institución o está bien como está?

El debate está ahí y creo que será un debate eterno hasta que alguien pueda coger el toro por los cuernos, si es que hay que cogerlo, yo tengo mis dudas. Esta novela no pontifica sobre lo que tiene la Iglesias, simplemente plasma el dilema de alguien que se ve envuelto en una historia de amor cuando el amor no está negado por la Iglesia, está negado compartir la vida o la entrega a una persona diferente a Dios. Durante el período de escritura he aprendido muchísimo de la Iglesia. Ignoraba cómo se forman los sacerdotes, cómo aprenden a domesticar su cuerpo y eso me merece todo el respeto. Ahora bien, es complicado que el instinto no se acabe imponiendo. Será la Iglesia la que tenga que decidir si hacerlo o no.

En tiempos en los que las relaciones se establecen a través de aplicaciones y redes sociales, una historia como la tuya ¿no puede parecer de tiempos pasados?

Totalmente, y a veces pienso ‘qué antiguo escribes, esto ya no pasa’. Pero pasa, y al final, por mucho que se ligue en las redes, por mucho que esté tan de moda el poliamor, al final, al ser humano no le gusta compartir una pareja. Aspiramos a muy poco, a que nos quieran y a querer, a uno solo. Otra cosa es que ahora estén de moda esas relaciones abiertas que son muy saludables, pero, al final, uno se acaba quedando con uno solo.

Volviendo a Costanza, su trabajo nos permite acercarnos a la corrupción y la soberbia de algunos corruptos, ¿pensabas en alguno en concreto cuando creaste a Gerardo Barrios?

(risas) Sinceramente, ninguno en particular y todos en general porque a muchos los he visto desfilar por los pasillos de la Audiencia Nacional en tiempos, o ir al Congreso de los diputados a comisiones y, en general, creo que existe un prototipo de poderoso soberbio que cree que nunca acabará sentado en el banquillo de los acusados. En este país tenemos muchos ejemplos en los que inspirarse, desde Bárcenas, que hizo una peineta al aire hasta otros que han terminado dándose un tiro. Tenemos muchos donde elegir, pero es ese personaje que cree que jamás rendirá cuentas y que está por encima del bien y del mal y en parte yo creo que tenía acumulada mucha rabia dentro de mí por todo eso que nos ha pasado, nos ha fastidiado a nuestra generación. Todo lo establecido nos han hecho cuestionarlo sin darnos alternativas válidas y eso está ahí. Esa rabia contenida la he volcado en ese personaje.

Por cierto, que Italia está muy presente tanto en los nombres de los protagonistas como en el lugar clave en su historia.

Ninguna. Fue casualidad, un viaje que hizo con mi hermana y su hijo mayor, y mi hijo pequeño. Nos fuimos los cuatro al lago Como, me encantó, hace bastantes años y, por algún motivo, sabía que iba a tener ese escenario en alguna novela porque me vine cargada de anotaciones muy precisas. Me gustó tanto que lo había guardado en la cabeza y sabía que lo sacaría.

El revuelo con lo de Pablo Alborán me pareció injustificado porque creo que no soy una homófoba encubierta.

Hay mucha muerte en la novela: Valeria, Rosalinda, Cecilia… en estos tiempos parece que nos vamos familiarizando con ella, ¿uno acaba acostumbrándose?

No debemos y con la pandemia mira que creo que hemos pasado página mucho más rápido de lo que deberíamos cuando hace un mes estábamos hablando de importantes cifras diarias de muertos. En esta novela la muerte marca puntos de inflexión en los personajes muy importantes. A todos les marca la vida. A Mauro, la muerte de Cecilia le hace ordenarse sacerdote, le guía por ese camino. Para Costanza es determinante la muerte de su hija Valeria para que su matrimonio se hunda. En el caso de Rosalinda nos traslada el debate de cómo nos despedimos de este mundo. Yo tengo una vena marcadita con la muerte importante. No debemos acostumbrarnos nunca.

Hablando de Ya es mediodía: ¿Pablo Alborán se puso en contacto contigo después del comentario que tanto revuelo levantó cuando hizo pública su identidad sexual?

Pues mira, no, pero la verdad que me pareció un revuelo un poco injustificado porque creo que no soy una homófoba encubierta. Es el típico comentario que puede ser muy de tía, ‘ay, con lo guapo que es…’, pero no implica que yo pretendiera ligármelo, ni en mil años. Si, además, hicimos una cosa juntos en Teléfonica hace muchos años y me pareció un tipo con un talento desbordante y es un chaval estupendo, lo que pasa es que, no sé por qué, hay comentarios que escuecen tanto. Todo mi equipo es de chicos gay, menos uno, el resto todos y hablé con ellos y ellos a veces dicen, ‘vaya, qué pena que sea hetero’ y qué pasa, no pasa nada. Antiguamente se decía que un comentario lo carga el diablo, ahora se dice que un comentario lo carga twitter y ya la has liado.

¿Cuál sería la noticia sobre un artista que hayas tenido que dar que te viene a la cabeza si te pregunto ahora?

Hemos tenido a Marta Sánchez con la movida del himno…es que damos muy poco… La movida de Plácido la dimos muy por encima, no nos metimos demasiado. A lo mejor la de Plácido por lo que supuso en parte de decepción por la figura y el personaje.

Verano y tú con doblete, ¿cómo se lleva eso?

Bien porque pretendo tener días para descansar. No ve van a robar el verano. Habrá tiempo para todo.


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