El origen del flechazo entre John Lennon y Yoko Ono

Cinco chelines, un martillo y un clavo imaginarios

Yoko Ono y John Lennon

Yoko Ono y John Lennon, posando antes de los Grammy de 1975 / Ron Galella, Ltd./Ron Galella Collection via Getty Images

Esa fría noche de Noviembre de 1966, cuando John Lennon entró en la galería de arte Indica de Londres, jamás imaginó que conocería a la mujer que cambiaría su vida definitivamente. Entre otras cosas, porque lo que el artista esperaba encontrar esa noche era "una orgía". Su encuentro con Yoko Ono le ocasionó un impacto tan grande, que hasta los amigos dejaron de interesarle. Controversias aparte, lo de John y Yoko fue una historia de amor como hay pocas.

La química entre la pareja fue casi inmediata. John cuenta lo que sintió en el libro All We Are Saying de David Sheff: "Cuando conocí a Yoko fue como cuando conoces a tu primera mujer y ya no vas al bar con tus amigos y no juegas al fútbol nunca más, ni al billar... Una vez que descubrí a la mujer, los amigos dejaron de interesarme en modo alguno aparte de considerarlos viejos amigos. Ya sabes 'Hola, ¿cómo estás? ¿Cómo está tu mujer?', y ese tipo de cosas".

Y en referencia a sus compañeros de los Beatles, Lennon añadía: "esa vieja pandilla mía se acabó. No era consciente en ese momento, pero las cosas fueron así. En cuanto la conocí, fue el final de los amigos, pero también el de esos amigos que eran muy conocidos y no eran solo los chicos del bar".

John Lennon solía ir a galerías de arte en sus días libres, en el tiempo libre que le quedaba entre grabaciones. Visitaba alguna que otra exposición de artistas desconocidos o underground. Su amigo John Dunbar, en ese momento casado con Marianne Faithfull, era co-propietario de Indica Gallery, en Mayfair, Londres. Paul McCartney era un importante promotor de la sala que solo llevaba un año funcionando.

Dunbar invitó a su amigo Lennon a la exposición de Ono, llamada Unfinished Paintings And Objects, para que viera sus trabajos un día antes de la inauguración. John llegó al lugar en un Mini, conducido por su chófer. En la puerta le esperaba Dunbar. "Me habían hablado de esta mujer asombrosa que exponía... algo sobre gente metida en bolsas, en bolsas negras, y que iba a haber alguna fiesta... Así que fui a echar un vistazo", cuenta John en Lennon Remembers de Jann S Wenner.

John Lennon: "Pensé que era una estafa... yo esperaba una orgía"

El Beatle tenía la impresión equivocada de que la exposición era de naturaleza sexual, y que encontraría a una artista en una bolsa. Cuando entró, se encontró otra cosa. Una variedad de piezas conceptuales, incluidas una manzana, y una bolsa sí, pero de clavos, con precios ridículos.

"Pensé que era una estafa. ¿Qué demonios es esto?" contaría posteriormente en BBC. "No ocurría nada con las bolsas. Yo esperaba una orgía... ya sabes... y todo estaba tranquilo". Decepcionado, Lennon era escéptico sobre lo que veía en la exposición y sobre la propia artista, quien le saludó con una tarjeta en la que se podía leer "respira". John cumplió... pero con un jadeo. Sospechaba que a lo mejor le habían invitado para que invirtiera parte de su recién adquirida fortuna en esas piezas vanguardistas

Cinco chelines, un martillo y un clavo imaginarios

Pero su estado de ánimo cambió cuando vio un objeto que le llamó la atención. Ono había puesto una escalera que conducía a un cuadro colgado en el techo y se necesitaba una lupa para ver lo que ponía: "Y en letras diminutas se podía leer ‘sí’. Eso era positivo" contó Lennon a Rolling Stone en 1971. "Me sentí aliviado. Es un enorme alivio cuando subes por una escalera y miras a través de la lupa y no dice 'no' o 'que te jodan' o algo por el estilo, decía 'sí'".

El flechazo llegó un martillo y un clavo. Lo cuenta el propio Lennon en All We Are Saying: "Había una pieza que se llamaba Painting To Hammer A Nail In, con un martillo atado a un bloque de madera en el que se invitaba a la gente a clavar clavos. Le dije '¿Puedo clavar un clavo?' y ella dijo que no, porque la exposición se inauguraría al día siguiente. Entonces, el propietario Dunbar dijo 'Déjale que lo haga'... fue algo así como 'Es millonario, te lo podría comprar'. Finalmente dijo 'OK, puedes clavar un clavo por cinco chelines'. Así que de forma astuta dije 'De acuerdo, te daré cinco chelines imaginarios y clavaré un clavo imaginario'. Y ahí es cuando realmente surgió el flechazo. Ese fue el momento exacto en el que nuestros ojos quedaron clavados y ella lo entendió y yo lo entendí y fue así".

Inseparables hasta que Chapman les separó

Después de ese encuentro, la relación entre ambos no se inició inmediatamente. John tenía entonces 26 años, estaba casado con Cynthia y tenían un hijo. Yoko, de 33 años, estaba casada con el músico de jazz Anthony Cox y tenían una hija. Siguieron en contacto intercambiando cartas. Parece ser que Ono bombardeaba a Lennon con postales.

Lo cierto es que a partir de ese 7 de Noviembre de 1966, John y Yoko vivieron una intensa historia de amor. Fueron inseparables durante 14 años. Yoko llegó a decir que Lennon estaba obsesionado con pasar cada minuto de su vida junto a ella, incluso la seguía al cuarto de baño.

Y lo que empezó en una galería de arte londinense, terminó en el edifico Dakota de Nueva York aquel fatídico 8 de Diciembre de 1980.


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